Año: 2012

Piel

_DSC0005-6 copiaEscrito por // Ana María Díaz Castillo // hanu_210@hotmail.com

Ilustración // Zamir Bermeo // http://www.zamirbermeo.com

~ Estás cambiando todo el tiempo,
pero nadie lo nota.
~ Yo tampoco veo el cambio constante
de tus células, pero sé que te ocurre.
~ Sé que si te acaricio con la yema de mis dedos,
cuando vuelva a pasar por allí, ya no serás igual que antes.
~ Eres delicada.
~ Lo repeles todo.
~ Lo expulsas todo por tu superficie.
~ Lo noto.
~ Lo siento allí donde termina la espalda
y se levantan dos mundos redondos.
~ Aquí es donde expulsas al mundo
con toda tu fuerza. Lo sacas a escondidas.
~ Lo siento.
~ Ahí en ese punto eres más áspera.
~ Estas herida. Son marcas.
~ A veces me duele hasta los pensamientos.
~ A veces lo olvido.
~ Pero siempre estás ahí y te acaricio con dedos de plumas.
~ Evito tocarte con sustancias fuertes.
~ Todo suave. Delicado. Todo como tú.
~ Maldita.
~ Al final yo soy quién te cuido, quien
existe y te lleva en todo el cuerpo.
~ En cada rincón. En cada esquina. En cada extremo.
~ Yo soy la que tiene que vivir soportando tus inconsistencias.
~ Si te muestro, estoy desnuda. Expuesta.
~ Si te arranco, quedo indefensa.
~ Me dejas vulnerable.
~ Al final eres lo que me cubre. Eres mi
superficie. Eres lo que completa mi imagen.
~ Sin ti mis facciones no estarían
completas. Definidas. Visibles.
~ Sin ti nadie podría verme.
~ Reconocerme.
~ Piel.

Río: o ír

Escrito por // Violeta Ospina // viotita@hotmail.com

Ilustrado por // Camila Sabogal

Pie en boca

Pienso cómo escribir un texto que surja de lo profundo de la garganta, sea entonces un texto con la voz. Sea un texto de voz leído. Haya así que empezar con la respiración. Entra el aire, sale la palabra, entra y sale siempre distinto sobre el cuerpo que la escucha. Órgano más íntimo que la voz: el oído. Entre los dos una cadencia exacta para la aparición de la conversación. La cadencia de este texto está escrito en los cuerpos y las gargantas de varias mañanas de reflexión en torno al sonido. Torno al sonido. Torno dónde la materia escucha sus resonancias internas, las expulsa en la noche y las entierra en la mañana para hacer temblar, en un bucle sin fin: el día. Oír de un texto fluido sentirse en el picor de la garganta, a percibir la ausencia de sonido, a compartir el pulso de un grupo, a restaurar la potencia del ruido. Una sensación vivida: el instante después de la producción de un sonido con la voz y la huella de ese tránsito por el diafragma, los pulmones, el estómago, la garganta, la boca, el clítoris y el oído ¿Es esa la huella de un río inaudito? Río de John Cage, río de sonido, de la experiencia de la diferencia. Un río no es siempre el mismo ruido blanco como la calle, no suena siempre igual. El río interno de la música es el río interno de nuestra respiración en sincronía o a sincronía con nuestro pulso original. Pulso materno, temblor de tierra, tambor del cuerpo, un único ir o devenir del cuerpo en un sólo sonido del sol. Devenir del cuerpo del actor en un sólo sonido dentro de la orquesta de elementos de la puesta en escena: ser sonido. Romeo Casteluci dice pensarse el actor como un sonido, y así, la luz como personaje y el texto como escenario, y en ese sentido me río de las palabras. Antes de la risa está el secreto de la vibración de los cuerpos y el temblor del tronco sintonizado con otros cuerpos. Vibraciones que salen del temblor de las piernas, casi palabras. Abortos de palabras, casi sensaciones. Mapa de huellas o heridas sonoras, casi devenires, emociones, casi intelectos no leídos jamás en sonidos. Me rio de mí: río inaudito de llantos y corazones trasplantados en tránsitos íntimos. Voces íntimas en transformación, sólo aire, potencia de ser cuerpo de voz alguna vez.

Aire que pasa por el cuerpo ya es voz. Respiración ya es voz, sólo la necesaria. Voz de rio en varias direcciones, voz que articula los vacíos y llenos de la arquitectura. Voz movimiento circular, hecho huella, hecho para el ojo y la oreja: ojorejaojorejaojoreja. Sin reja, desborde de la voz del silencio en tiempos imposibles de música. Escuchado el pulso del sol, de suelo y el cemento en vibración con el ronroneo de los carros llega la voz de la nada. Por fin Cage sentado en el silencio, por fin escuchado por todos. Por fin Cage acostado bajo cuerpos occidentales esperando ser escuchados, por fin, por la materia.

 

*!rio: o ir. Poema de Arnaldo Antunes. Como se chama o nome de isso. Iluminuras, 2007.

 

Diatriba de un callo contra nike

Escrito por // Andrés Gulla-ván // http://cogito-ergo-existo.blogspot.com/

Ilustración // Camila Sabogal

Pie en boca

Si de mí dependiera mandaría a exterminar todos los zapatos de esta tierra. Lo haría yo mismo si pudiera, si tuviera las armas, manos y piernas. Pero soy sólo un cúmulo de células, todas muertas; tan inútiles como feas, o tal vez una más que la otra. Soy duro y estoy grande. Soy el rincón más despreciado de este sujeto. Soy ese pedazo precancerígeno al que raspan y cortan pero no se va.

¿Mi nombre? No tengo nombre porque no soy un él sino un eso, pero si gustan pueden llamarme Callo César.

¿Qué por qué quiero realizar un calzadicidio? ¿No le parece razón suficiente llevar una vida de presión y roce constante, ahogado con tanta media olorosa y aparte de todo maltratado con limas y cuanto objeto cortopunzante se le ha atravesado a este tipo? ¡Ah! ¿Que cómo voy a hacerlo? Simple, ya he contratado una legión de mercenarios que irán de pueblo en pueblo, de casa en casa y de pie derecho a izquierdo con un lanzallamas para exterminar semejante abominación. Pero no crean que soy un desalmado, no. Mi misión, la que Dios me encomendó, es simplemente acabar con el zapato cerrado. El pobre pueblo de sandalias, babuchas, pantuflas, alpargatas o como le quieran llamar está libre de pecado, porque soy un asesino consciente de los peligros que trae para mi gente un pedazo de vidrio mal puesto. Pero eso sí, con que a alguno le dé por hormar demasiado y lo echamos a los perros y que ellos hagan destrozos.

¿Cómo así que lo que hago es parricidio? ¿Que el zapato me dio la vida? ¿Que lo que hago es ilógico? Bueno, mejor que sea ilógico, ideológico, dialógico y escatológico, y así nos libramos de semejante abominación antinatural. Y luego vienen a decir que ayuda al desplazamiento, cómo si la gente fuera caballo. Los primeros que mandaré a los gases serán los Nikes, sí, esa puerca plaga deportiva que con ilusiones de comodidad y diseño aerodinámico; se les olvidó contar con mi raza, los callos, pero los que somos supremacía, o sea los supremos callosama.

Y que me raspen y echen todo el ácido que quieran, acá estoy. ¡Mamola! Mientras más me quieran cortar más voy a crecer. Y puede que sin mí este sujeto pueda caminar, y que sin mí tenga una mejor vida, pero sin mi pierde esa cojera que lo hace único. Entonces no, no me iré tan fácil. No hasta completar la cruzada que Santa Metatarsiana me encargó.

Amor Visceral

 Escrito por // María Paula Díaz // mary_kstillo92@hotmail.com

ilustración // Geison Castañeda // http://www.flickr.com/photos/promitica/

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No fueron sus labios. Mucho menos sus ojos ocultos tras la barrera de sus párpados. Debo decir con cierta honestidad, que quizás sí se trata de la lozanía que ofrecen sus mejillas, aunque no sea esta su característica primordial. Fueron sus entrañas, expuestas ante mí sin disfraz alguno. Mostraban con el vivo color de cada órgano, la vitalidad de un cuerpo. Fue esa perfecta composición interna la que trastornó mi pensamiento y me enjugó la mirada de deseo puro, de impresionante ardor carnal. Comencé a temblar, a susurrar con los labios muy apretados y la voz decidida que ese ser sería finalmente mío. Mío para escribirle como ahora, para cogerlo una y otra vez con mis manos sin guantes y sentir sus líquidos resbalar por mis brazos mientras aspiro el hedor de la putrefacción, mío para siempre. Sé que jamás encontraré otro  hígado como el de aquella criatura. Unos riñones que luzcan con tanta precisión esa forma de fríjol, no hay. No existe sobre la faz del planeta un páncreas más suave ni unos pulmones tan hechos a la medida de mi respiración. No tiene sentido mi vida si mi mano no llega a ser el lugar de reposo de ese corazón blando que ya no palpita. Dedicaría cada segundo que posea a traducir el sonar de su sangre viajera, a enredarme entre sus venas y desenredarme, con paciencia y cuidado de no ir a romperlas. Haría cualquier cosa, por tener ese conjunto organizado de órganos junto a mí…

Termino de leer el pedazo de papel ensangrentado, lo  miro por última vez y entiendo porque  arrastraron mientras jadeaba, gritaba y pateaba, al hombre vestido de blanco que se había colocado frente a la ventana de la galería de arte, desde la mañana hasta la noche, a contemplar el cadáver de un cerdo. El pobre Ovidio, mi vecino carnicero, fue juzgado, sentenciado y encerrado.

 

 

Agua al amanecer

Escrito por // Santiago Ernesto Lugo // santiagobles66@hotmail.com

ilustración // Geison Castañeda // http://www.flickr.com/photos/promitica/

 

soldados_final

 

Está sentado sobre un lavadero. Cuando llegó de la guerra, su dolor y su pena solo podían calmarse con agua helada. Sonreía menos que antes. Cojeaba. Se caía de repente de la cama olvidando que había refundido su pierna en medio de alguna explosión, antes de navidad.

En medio de la selva no queda tiempo para arreglarse la media que se le escurre dentro de las botas. Caminaban, corrían y disparaban. Su media siempre presente fue una molestia que empezó hacer cotidiana. Pisó algo que no debía pisar. Despertó tiempo después en algún hospital.

Se caía de repente de la cama olvidando que había refundido su pierna. De la rodilla derecha para abajo las cosas ya no eran iguales. Pero la media escurrida estaba presente. Sin estar la bota.

Pasaron meses. Ya no sólo era la media impertinente que seguía presente, sino que su muñón empezó a doler. Ardía. El fuego de la mina regresaba sin ser llamado. Desesperado, un día de madrugada metió la pierna, que no estaba pero sentía, en el agua helada de su lavadero.

Ya no tenía tanto dolor ni pena, empezó a sanar. La media escurrida dentro de la bota, algunos días se le olvidaba aparecer. El muñón ardiente, con la medicina de la madrugada no era ya un problema. El espejo y el cerebro se ponían de acuerdo.

Eran las 4:35 de la madrugada. Sentado en el lavadero con el muñón en el agua, dormitó un momento y ahora su pierna izquierda se le resbaló. Se despertó instantáneamente, y aunque quieta, su pierna se movía por las ondas del agua helada. No la sacó. Sólo la miraba.

Tiempo después, cada madrugaba repetía aquel ritual de muñón y pierna en agua. Pero para la pascua decidió que aquella pierna izquierda le sobraba. Esa pierna que le colgaba dentro del lavadero y que se movía sin moverse, no le pertenecía. Se sentía incompleto con ella. Habría que refundirla también.

Hizo hasta lo imposible: convenció a un cirujano para que le ayudara. De su rodilla izquierda para abajo todo fue expulsado. En una caja de terciopelo y tapa de cristal le llegaron las piernas falsas. Ya estaba completo, ya podría volver a caminar.

Un día, acostado, el dolor y la pena volvieron. La media escurrida dentro de la bota regresó. El muñón ya no ardía, el espectro de la pierna derecha se volvió a presentar. Con dos piernas falsas y una fantasma, siguió.

Tóquese

Se dará cuenta que su cuerpo tiene algo que decirle… 

Escrito por // Carolina Patiño // caro.p.cuellar@gmail.com

Ilustración // Zamir Bermeo // http://www.zamirbermeo.com/

 

 

Atrévase a poner en práctica éste consejo un día de estos: que si bien somos 23 gramos conciencia, o eso que viaja a otras dimensiones en nuestros sueños y memoria, también —lastimosa o sagradamente— somos cuerpo. La relación es tan evidente y obvia que se olvida en lo naturalizado.

Cuando está triste se le bajan las defensas e irremediable, lo agarra por las patas uno de esos virus tan nuestros, tan bogotanos; si no ha comido suficiente chocolate anda por ahí lloriqueando con cualquier cosa, con el espíritu existencial-sensible un poquito alterado, con la depre. En el proceso, descubre que somos multi–sensoriales, ultra conectados, cinéticos, no sintéticos.

Si se dispone a olerlo, escucharlo, sentirlo, lamerlo y despertarlo, de pronto se entiende un poquito más; no le lleve la contraria, haga lo que él le dice cuando se lo dice. Ese versus arcaico de la mente contra la carne ya está para recogerlo y tirarlo. Que la razón y su cuerpo se vuelvan mejores amigos y con la premisa popular «amigo el ratón del queso» pásela muy bueno. Quiérase, tóquese y déjese tocar.

 

 

Desilustrados

Escrito por // Zaira Pulido // http://www.behance.net/zairapulido

Ilustración // Fernando Sierra // fernandoluihell@gmail.com

El dilema de la gráfica de hoy encontrándose a si misma entre la ilustración y el arte.

 

¿Acaso el arte contemporáneo y el artista mismo se han alejado de referentes clásicos que reclamaban la atención al cuerpo y que pintaban al óleo, con veladura o al temple, y en proporciones exactas y poses cuidadas? Si eso realmente ha pasado, ¿qué pasó con el cuerpo?, ¿se desfiguró hasta desaparecer?, ¿quién lo dibuja nuevamente?, ¿quién lo recrea en tan graciosa belleza como el “arte” alguna vez lo hizo?

Creo que tal vez sea el ilustrador el nuevo responsable de cuidar y recuperar todo el conocimiento modificado (¿o perdido?). Quiero hacer un breve acercamiento al arte, al cuerpo, a las nuevas tendencias y proporciones, desde la perspectiva de cuatro ilustradores que trabajan la figura humana en su obra.

Cuando los entrevisté encontré que todos se ubicaban en el mismo punto de la historia del arte: la Escuela de Viena de Gustav Klimt y Egon Schiele, una escuela que rindió culto al cuerpo y que de manera majestuosa le pintó sexual y románticamente, lo disfrutó, se agasajó con él y se enamoró de la exacta proporción.

Hoy observo cómo las bases de esta Escuela se reflejan en trabajos contemporáneos de la gráfica considerados en ocasiones como opuestos al “arte” y que sin embargo, son quienes recurren a técnicas que -lo que parece- el arte ha olvidado.

Lady Orlando. Ilustradora mexicana. Encuentra en el simbolismo y el prerrafaelismo la influencia para su trabajo. Tan delicado, tan laborioso, la mayoría en blanco y negro, con algunos toques de color. Fanática del moleskine, tiene una vasta colección de rostros y cuerpos realizados en lo que yo llamaría a simple vista, puntillismo, una técnica que va dando forma y volumen. Sus imágenes son contemplativas y se acompañan por los elementos del simbolismo: formas, colores brillantes e imágenes literarias sirven para dar a entender como une estos dos periodos del arte. El trabajo de Lady Orlando, también tiene un poco de surrealismo, pues tales imágenes sólo pueden soñarse. Su trabajo remite al detalle, a la textura en ropa y cuerpos, al color, al rostro perdido en sí, a la espera de la mirada del espectador, perdido en los mundos que ella les crea.

[button link=»http://ladyorlandos.blogspot.com/» color=»silver»] Lady Orlando.com[/button]

 

 

Las poses románticas y crudas, sostenidas en una paleta de color limitada y tendiente a los colores tierra, el cuidado en las proporciones humanas y la línea gruesa que permite entrever el boceto, se observa en el trabajo de Adara Sánchez Anguiano, ilustradora sevillana residente en Barcelona, quien se define como amante de la figura humana, de las manos, el grafito y la línea. Su trabajo seguramente se nutrió aún más cuando vio la obra del alumno prodigio de Klimt: Egon Schiele. Cuando se observa el trabajo de Adara es imposible no recordarle en tal homenaje, las manos, las poses (de las que ella dice que la mayoría las realiza tomándose fotos a si misma), nos recuerdan al Schiele que tanto fue acosado por sus poses sexuales. En el trabajo de Adara no hay sexo, hay poses controladas y sus rostros reposados dan cuenta del interés que el simbolismo heredó al arte venidero, del culto la intimidad y a un cuerpo que tiene texturas rojizas que señalan tensiones. Y la poca ropa que llevan, con todo el cuidado del pliegue, de la línea que recrea. Su trabajo es exquisito, es ver la Escuela Vienes ahora, recordar la espiritualidad de la imagen, la arcada y las perfectas proporciones. Lo más placentero son las miles de manos que dibuja, uniendo dedos, doblándolas o estirándolas, son el punktum de cada dibujo.

 

 

[button link=»http://cargocollective.com/adara/Dots» color=»silver»] Adara Sánchez.com[/button]

 

Pedro López, ilustrador colombiano. Para mi se encuentra aún en un periodo de experimentación, igualmente valioso y digno de mencionar. Ha tenido varios estilos de expresión, lo que encuentro más fascinante en su trabajo es cómo ha mantenido una línea infinita que recrea a la imagen. Su línea es activa e insistente y se ha vuelto más agresiva con el tiempo, pero siempre esta rodeando rasgos, rodillas, rostros, ojos; los pinta y repinta marcando sus expresiones. Su trabajo también está inspirado en Schiele, le encanta la obra que dejó y lo hace notar. Ahora ha decidido explotar mucho más la mancha de manera afortunada, su paleta, limitada y primaria, sigue afirmando su estilo, su cuerpo ha cambiado.

 

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Pilar Berrio. Como en López encuentro un cuerpo que recuerda un estilo postrenacentista: cuerpo elongado, cóncavo o convexo, siempre curvo, plegado sobre sí, de cuello largo y rostro fino. Lo que más resalto del trabajo de Pilar es el equilibrio que logra entre color y textura, sus bases de trabajo altamente texturizadas no pierden ni roban protagonismo con sus dibujos. Su paleta es sutil y adecuada para cada trabajo (rojos, pasteles o verdes, creo que de todos es el trabajo mejor explorado en color. Su estilo tiene sello en los fondos donde se pierden formas y perspectivas entre partes de cuerpos que ella ha desmembrado en el dibujo como Tarantino lo ha logrado en el cine.

[button link=»http://www.pilarberrio.com/» color=»silver»] Pilar Berrio.com[/button]

 

 

 

Todos me confesaron la admiración que sienten por el cuerpo humano, anatómica o históricamente se sienten cómodos recreándolo en infinitas poses. El homenaje que le hacen estos ilustradores en su trabajo es para deleitarse de tanto en tanto. Pero aún así ellos no son considerados artistas ¿Por qué? Últimamente la discusión ha sido alargada y tratada muchas veces sin llegar a una respuesta satisfactoria. Critico la idea de que el trabajo de estos ilustradores, que rescata muchos de los saberes de un arte clásico y lo ponen a prueba en su trabajo de manera exitosa,  no cabe en la esfera de lo artístico aún cuando recurre a técnicas que lamentablemente vemos poco en el arte de hoy día.

Al verlos no podemos dudar de la destreza técnica, sea la que sea, sobrecoge y asombra. Conceptualmente observo como todos tratan subjetividades, imágenes soñadas, oníricas. Y creo que esto nos daría pie para llamarlo arte, pero ¿es esto en realidad arte del que se puede jactar Miler Lagos o Rothko? El arte hace rato dejo de ser sólo lindo y agraciado, el arte nació transgredido y violentado, pero entonces, aún me pregunto dónde puedo situar estos trabajos, y si realmente debo hacerlo.

 

 

El cuerpo que le tocó arreglar

Escrito por //Laura Díaz // lauradiaz1989@gmail.com

Ilustación // Geison Castañeda // http://www.flickr.com/photos/promitica/

 

 

Golpeó con el brazo que le servía la mesa del restaurante, no pudo abrir la carta. Es la primera vez que la impotencia se manifiesta: el dolor ya no lo deja sentar. Hace 6 meses, Julián se levantó con la mano adormecida y no ha podido volver a usarla. De manera aparente esto no lo sorprendió, cosas peores ha visto pasar por su cuerpo. La férula en su brazo inerte desvía las miradas de las personas en la calle y asusta a algunos niños que creen que se trata de una mano de plástico. Sin embargo, Julián no le da importancia a llamar la atención en la calle a causa de su brazo, ni cuando por año y medio tuvo que usar tapabocas y durante el año en que los estragos de las quimioterapias eran visibles en la escasez de pelo, pestañas y cejas.

Nada, Julián no siente nada cuando pellizca su mano o se quema. De hecho, si de sentir se trata también se ha encargado de no exteriorizar la frustración y el dolor que lo acompañan desde los 15 años. Cuando le preguntan cómo va todo, siempre responde con frases positivas: “bien, todo está bien… vamos a ver como seguimos”.

Todos los días debe lidiar con un cuerpo que le reclama algo diferente, y sumarle la “carga social del enfermo”: no puede entristecerse, no puede decir que todo esto es una mierda, que la muerte es sinónimo de descanso cuando se retuerce de dolor cada noche. “En este momento no tenemos derecho a entristecernos”, decía la mamá, ante una de esas noticias que los hizo empezar de nuevo. No puede decir, nunca, que le duele.

Hace 7 años la sangre se asomaba por su nariz, se desmayaba en clase, sentía escalofríos y con caminar dos cuadras se cansaba. Ante ese panorama, los médicos de Ibagué, donde vivía con su familia, pensaron que se trataba de anemia o dengue hemorrágico, común en esa región. Un mes después, ya en Bogotá descubrieron que Julián tenía leucemia: cáncer en la sangre.

A los pocos días de haberlo diagnosticado comenzaron las quimioterapias. Julián tuvo que dejar el colegio para concentrarse únicamente en que su cuerpo volviera a funcionar, así estuvo casi ocho meses. No sé si uno pueda acostumbrarse a los escalofríos y al vomito después de las sesiones de quimio. Perdió el pelo, las cejas, las pestañas y pasó de 89 a 61 kilos. “Es el lado positivo de la enfermedad ¿no? Toda la vida siendo obeso… y bajar en el transcurso de un mes”, dijo alguna de sus compañeras del colegio. La leucemia no sólo lo dejó más flaco sino lleno de estrías en su cuerpo, como un recuerdo permanente. Luego vino el trasplante de médula ósea, responsable del funcionamiento del sistema inmunológico; el donante fue su hermano Felipe.

A sus veintidós años tiene los pulmones de un viejo de sesenta años que haya fumado toda la vida y el hígado de un alcohólico: en los seis años que lo conozco nunca lo he visto fumar y su primera cerveza fue hace unos dos meses, a lo mucho habrá tomado cinco en total. A los tres años del trasplante, otros órganos se hicieron notar, dejó de ver el tablero en las clases, pero trató de pasarlo por alto. Poco a poco le costaba ver, al punto de no reconocer a las personas ni a un metro de distancia: tenía ojo seco. A raíz de eso Julián tuvo que suspender sus estudios de historia y dejar de leer. No tiene gafas porque la fórmula no es estable y puede modificarse en el momento en que use gotas. De ahí que, Julián ha aprendido a guiarse en la ciudad por el color de los buses a la hora de tomarlos, a saludar a los “bultos” de personas que parecen saludarlo desde lejos, haciendo el ridículo casi a diario.

Hace más de un año, un tumor llegó a su cuello y comenzó a quitarle el sueño. Cuando se lo removieron los nervios que le dan la movilidad a su mano izquierda fueron afectados. Su mano izquierda permanece blanca y fría y quieta. Es zurdo.

Nunca he tocado a un muerto, pero imagino que ha de ser algo similar a lo que siento cuando toco su mano.

Ahora Julián tiene claro que cuando pensaba que todo había terminado, en realidad apenas estaba comenzando. Se ha convencido a sí mismo de que él es el único que no puede estar triste, sentir dolor, e incluso llorar… “Tengo miedo de que mi brazo se vaya a quedar así”, reconoce después de que le insisto mucho en que no me diga lo que él cree que quiero escuchar, conmigo no necesita inventar “versiones cortas” para explicar el estado de su mano, ni decirme que todo está y estará bien.

La frustración viene con frecuencia: cuando no puede jugar baloncesto como lo hacía con su mejor amigo, o cuando le cuesta subir una calle empinada, incluso cuando tiene que pedir ayuda para abrir una bolsa de leche. “Cuando no la pude abrir con el cuchillo por tener una sola mano, la bolsa se cayó al piso y se reventó, dejando salir la leche, ahí me di cuenta que mi mano no servía”.

Tras años de luchar contra su mismo cuerpo, Julián se aleja de discursos que dictan que cuando falta un brazo hay que agradecer por tener el otro, o sentirse aliviado por tener una silla de ruedas, cuando se está paralizado. De manera paradójica, defiende el derecho a cansarse, a renunciar. El tumor sigue en su cuello, amenaza con llegar a la médula ósea, pero no vienen más quimios para él. Julián decidió no causar más dolor a su cuerpo. A cambio nos propone que lo acompañamos y que nos quedemos con la mejor versión que de nosotros sacó la leucemia.

 

 

“Uno tiene el piercing que se merece”: PABLO PERELMUTER

escrito por // Paula Soto // vivisoto63@gmail.com

fotografía // Daniel Lara // http://mrdann.deviantart.com/

 

Pablo Perelmuter

 

Pablo Perlemuter hace 13 años se dedica especialmente al arte del Body Piercing. Está de gira mundial y una de las ciudades visitadas fue Bogotá. Perlemuter tiene tatuado la mayoría de su cuerpo, a excepción de la “panza” y de la cara para “no espantar a sus clientes”.

Tiene implantes en las manos con forma de estrella de mar, orejas en punta y lengua bífida.

El argentino de 27 años me advirtió que no quería que le sucediera lo mismo que hace unos años: “La revista Rolling Stone Argentina me hizo una nota, publicaron dos páginas y por detrás colocaron a un médico diciendo que todo lo que yo había dicho estaba mal”.

 

 Por eso en Ex-libris nos dejamos perforar por la sabiduría pragmática de este argentino, esterilizando cualquier prejuicio moral o técnico con el que fue infectado anteriormente en otras publicaciones.

 

 ¿Cuándo comenzó a tatuarse?

De chico siempre me interesó. En un principio ni me perforaba ni me tatuaba mucho. A los 13 me hice mi primer piercing en la ceja y me lo hizo quien fue mi último jefe, lo conocí a él y fue una muy buena influencia. A los 17 años ya parecía un robocop, lleno de piercings. Me empecé a tatuar más grande, fui teniendo amigos y trabajando con algunos de ellos.

¿Cuándo decidió que el Body Piercing iba a ser su trabajo?

A los 18 años me empecé a tatuar más y cuando ya mi trabajo estaba seguro y yo estaba seguro que iba a tener comida en mi mesa todos los días, me empecé a tatuar mucho más. Me tatué el cuello y las manos. A esa edad decidí tatuarme más porque ya estaba seguro, me parece tonto tatuarse el cuello si se trabaja en un banco, yo despediría a la persona.

¿Qué piensa de los jóvenes que se tatúan sin tener un trabajo estable?

Hay que ser un poco más conscientes, a mi me encantaría que todos tuvieran la libertad de hacer lo que les parezca y que a todos los contraten por sus capacidades de trabajo, pero eso no pasa lamentablemente. Hay que pensarlo mejor antes de hacerse algo tan grotesco.

¿Cuáles son los diferentes tipos de procedimientos que usted hace? 
Hago escarificaciones, bifurcaciones de la lengua, genero orejas en puntas y algo que se llama dermal punch, que consiste en sacar un pedazo del tejido del cartílago donde al final se deja una pieza de piercing.

¿Qué es la escarificación?
Es un proceso por el cual con base a líneas de corte con un bisturí se hace una figura, distintos diseños o diferentes tipos de cosas. Las escarificaciones sirven mucho para tatuajes que resultan muy mal hechos y no tienen arreglo.

Aunque es una técnica súper buena no siempre es exacta, va a depender mucho de la piel y de los tiempos de cicatrización de la persona porque no todos cicatrizamos igual. Es bastante inestable a menos que se haga sobre negativo, sobre una base negra.

¿Cuáles son los riesgos de la escarificación?

Un mal procedimiento, si es un buen profesional no se va a tener riesgo. Si la persona que lo va a hacer no tiene el conocimiento indicado sobre la anatomía del cuerpo, microbiología y bioseguridad, en ese caso puede ser riesgoso. El riesgo es buscar el precio y no la persona.

¿Qué es el branding?
Es una técnica que se utilizaba hace unos ocho o diez años que consiste en quemar el tejido con distintos tipos de sistemas. Algunos como las chapas de zinc que se calientan y se ponen sobre la piel. Es bastante inexacto porque se ensancha mucho lo que se quiere quemar, en una línea de dos milímetros, se va aproximadamente un centímetro.

¿Cuál ha sido la modificación corporal más difícil que ha hecho en su vida?
Hace pocos días acá en Bogotá vino una chica con unas orejas que le habían modificado horrible. Le habían intentado hacer orejas en punta y el procedimiento estuvo errado desde el principio, lo hizo alguien que no tenía mucho conocimiento, le cortó un pedazo de oreja y se la coció. La envié a un médico y él no supo que hacer, finalmente se las arreglé y quedaron muy bonitas.

¿Cómo es su forma de trabajar?

Comencé mi trabajo de forma autodidacta, viajo hace diez años, soy itinerante por todas las partes del mundo. Llego al país donde me invitaron, me instalo en el local y comienzo a trabajar.

Trabajo con un sistema llamado Freehand, donde no utilizo pinzas, todo lo que utilizo lo boto, nada lo reutilizo. Es fundamental que todos los implementos que se utilicen estén totalmente esterilizados, limpios y nuevos.

Para mi es fundamental seguir estudiando la anatomía del cuerpo y las medidas de seguridad para realizar estos procedimientos. Tengo un conocimiento muy avanzado de microbiología y anatomía de la piel.

¿Cuál es su filosofía de vida?

Pertenezco a los Striders hace mucho tiempo somos un grupo de chicos que escuchamos hardcore. No tomamos, no fumamos, no nos drogamos.

Tengo una vida bastante sana porque quiero darle ejemplo a la gente más pequeña. Soy vegetariano hace mucho, trato de tener una vida así porque tengo hermanos, sobrinos; el ejemplo así está mucho mejor que el del tatuador borracho que viene a tatuar con el olor a ron.

¿Por qué vino a Bogotá?

Una cosa que para mí era importante de venir a Bogotá, a pesar que tenia la posibilidad de irme a Europa directo, hacer mucho dinero y traer mis bolsillos llenos, es que con un grupo de amigos que trabajan súper bien y que para mí son lo “mejorcito” de Latinoamérica, queremos ir a lugares donde los “buenos” no suelen venir.

Venimos a educar y a cambiar algunas cosas que no son buenas para que así el nivel de la región mejore. Entre esas cosas vine a dar un seminario.

¿Cuáles países va a visitar en su gira?

Estuve en Chile y en Brasil. Después de Bogotá viajaré a Londres, Suiza, Israel, México, Venezuela y me devuelvo para acá. Mis viajes dependen de que me inviten ya que no tengo nada que hacer. Esa es la verdad.

¿Ha tenido algún tipo de complicación en un procedimiento?

No. Mi concepto de profesional es que cuando llega algo raro que no se sepa manejar, lo mando para el médico. Yo no soy médico, así que cuando me llega una infección, la mando al médico, porque yo no curo.

¿Cuál es el conflicto entre los médicos y los modificadores corporales?

Somos un problema para la salud, la gente no sabe, los profesionales del piercing no educan a la gente. Yo tomo 40 minutos para hacer un piercing, para explicarle a las persona todo desde el principio hasta el fin, educo para que la persona salga con un conocimiento de lo que posiblemente se va a hacer.

¿Por qué dice que son un problema para la salud?

Somos un riesgo para la salud porque así como hay locales muy buenos y aptos para esto, hay muchos locales que se ven súper lindos pero el profesional es un desastre.

Lo más riesgoso no sería perforar algo errado, lo más riesgoso es lo que no vemos, meter alguna bacteria en un lugar que no debe estar; aunque hay muchos sistemas que existen para prever que eso no pase, pero no sé si todas las personas lo conocen, por eso me parece importante la charla previa.

¿Tiene alguna razón para no tatuarse la cara?

Considero que no tengo que veme tan agresivo, ya que así como perforo gente adulta también perforo gente pequeña y no quiero que se asusten, no quiero que mi cara les dé más miedo que la aguja. Si bien tengo muchas cosas, trato de verme estético y verme un poco más sociable.

¿Usted se ha tatuado?

No, la mayoría de mis tatuajes son hechos por personas para las que he trabajado, ya que para mí es importante más que el diseño, tener un recuerdo de la persona con la que trabajo.

¿Por qué no tatúa?

No tiene nada que ver, el hecho que este en el mismo lugar, no quiere decir que es lo mismo. Son dos trabajos muy diferentes. El piercing es un trabajo más invasivo, más técnico y de mayor estudio; el tatto tiene un trabajo más artístico, de mayor practica y dibujo.

  

Consejos para las personas antes de hacerse una modificación corporal:

  1. Hable muy bien con el profesional que va a hacer la modificación corporal.
  2. Si se va a poner una joya en el cuerpo, pida certificación, todos la deben tener.
  3. No busque lo más barato, hay una frase que dice: “Uno tiene el piercing que se merece”, si busca lo más barato, después no se vaya a quejar.
  4. Mire bien que el local este siempre limpio. Todo lo que se vaya a utilizar, que este sellado y estéril.
  5. Visite a varios locales, no se quede solo con uno.
  6. Pida un book de trabajo y exija que las fotos tengan el trabajo ya curado.
  7. La tienda que dice ser la mejor no siempre es la mejor. “Lo que es mejor no es la tienda, es el profesional que lo va a atender”.

 

Lo grotesco

Escrito por // Ana María Trujillo // http://i.letrada.co/n8/

Fotografía // Paula López, Daniel García, Ana Cruz, Steven Sánchez

En su origen etimológico, lo grotesco se refería a esa condición subterránea, a aquello que emergía desde la gruta. Extraños laberintos semánticos condujeron el término a las acepciones que tiene hoy. La palabra carga consigo una energía visceral, es una de las víctimas y de los símbolos de la apabullante y soporífera moral cristiana.

Aunque la definición de la realísima academia no lo refleje[1], lo grotesco tiene que ver sobre todo con la idea de deformación. En las definiciones de Wolfgang Kayser, importante crítico de literatura y estética alemán, encontramos que lo grotesco es el mundo extrañado (stranged world), un juego con el absurdo, una invocación a las fuerzas demoníacas del mundo; en alguna medida, provoca un cierto miedo a la vida, territorio que se vuelve incierto, deformable, incomprensible.

Es curioso, pero es lo primero que me salta a la mente cuando pienso o me invitan a pensar el cuerpo. Sobre el cuerpo. Desde. El cuerpo es límite y a la vez posibilidad, “campo de batalla”, propiedad privada, lienzo. Siento que el cuerpo resume cualquier causa -cultural, estética, política- porque es, en suma, la más concreta y más diciente de nuestras posibilidades de expresión (a veces a pesar de nosotros mismos). Es además la lupa, el cadalso, el lugar común donde sin mucho esfuerzo se suele encontrar lo grotesco. Cierto: es más fácil (facilista) señalar las deformidades del cuerpo que hacer lo propio con las de la mente, pero unas y otras están estrechamente intrincadas.

En efecto, la definición de lo grotesco es tan fluida como la de la belleza. Se ajusta a una época –incluso a una persona- a la vez. Se mide, sobre todo, en el efecto que causa en quien lo percibe. Porque la deformidad radical que sirve de base al calificativo es más bien sintomática de una deformidad intelectual y moral: “lo grotesco depende de nuestras convenciones, prejuicios, lugares comunes, banalidades, de nuestra mediocridad”, dijo Kayser.

Así, una célebre señora de medios considera grotesca la gordura (que no lo dijo, pero está implícito) revelando la fina correspondencia entre su estrechez de cintura y de apreciación estética; son más bien sus ideas y consideraciones las que me resultan –a tono con la definición oficial- ridículas, groseras y de mal gusto. Este y muchos otros señalamientos son consecuencia de los modelos reduccionistas que se empecinan en definir estándares y se van cristalizando en lo que en varios movimientos post-punk-queer-anti-contra-antrax-ultra-trans-fémino-divergentes se designa como ‘normalizado’. Cuerpos normalizados. Mentes normalizadas. Verdades, roles, tendencias. Todo acabado. Prêt à porter.

¿A quién le hace gracia venir a este mundo a vivir las verdades que ni siquiera se ajustan a sus deseos y a sus cuerpos?

Afortunadamente existen los artistas, pues es en su campo donde se ven importantes resignificaciones de esas acepciones tan vulgares y tan nocivas. Es más, me atrevería incluso a hacer de esta mi definición (condición) del artista, por lo menos del que me interesa y me conmueve. “Dispara desde el estómago”, decía Lisette Model, maestra de la gran fotógrafa Diane Arbus. Ella hizo caso y regaló al mundo fotografías asombrosas, bellísimas, un gran catálogo de ‘grotescos’ hiperbólicos. Algo así como las exploraciones anatómicas y estéticas de Matthew Barney o la oda a la cirugía estético-artística de Orlan. David Lynch rescató de los anales de desgracia de la historia a un hombre elefante para revertirnos el foco de lo grotesco, revelándonos la inhumanidad de la humanidad burlona, intolerante y cruel. Son apenas unos ejemplos de las muchas posibilidades de jugar con lo que creemos absurdo y descubrir lo que en realidad lo es; y es que cuando el absurdo ocurre o se provoca, debe subvertir antes que confirmar nuestras expectativas. En palabras de Santayana, “the good grotesque is novel beauty”. El cuerpo es libertad de reinvención.

 

 

 

Referencia:

 

Wolfgang Kayser (1966) The Grotesque in Art and Literature (New York,  McGraw Hill

 



[1] grotesco, ca.

(Del it. grottesco, der. de grotta, gruta).

1. adj. Ridículo y extravagante.

2. adj. Irregular, grosero y de mal gusto.

3. adj. Perteneciente o relativo a la gruta artificial.