Pages Navigation Menu

Cuando la literatura se cuenta: El hijo bastardo de Sade

Escrito por Raúl Durán Ayala || raulduran67@gmail.com
Ilustrado por Bimtav || bimtav@gmail.com

Quiero que se haga la luz cuando yo diga.
Henry Morales

Cuando la literatura encarna en ambicioso lector, logra violar los paradigmas comunicativos y elevarlos a términos artísticos. Uso el relato con imaginación, para llevarlos por el recorrido de un contador de historias. Con gusto presento al artista de la palabra: el cuentero.

Recuerdo que Bertolt Brecht me mostró el cielo, muy parecido a las eróticas delicias de los libertinajes sabáticos; cómo ese sadiano surgió de la frustración, transformando las noches en salvajes sueños lúbricos. Desde esos hallazgos noctámbulos, la literatura desnuda me forzó a ser testigo de luces y rituales paganos, maleficios y horrores; siendo presa del pánico, con las piernas flaqueando y el necrófago aliento que me asfixiaba, pegué el brinco osado de hacer del miedo, arma y de los hechizos, imágenes en movimiento.

Decidí echar maletas al hombro, hacer equipaje con los paisajes en la mano y meter en los bolsillos el más impuro sentimiento. Sabía que era un viaje de no volver, un boleto de ida que superaba las 120 jornadas de Sodoma.

Me sorteé la vida entre ciudades y cloacas, ofreciendo papeles a los habitantes de las sombras, a los soberbios, los lunáticos, los destructores y maniáticos, los niños viejos y los viejos bárbaros. Me confundí entre ellos y se confundieron conmigo.

Tomé al diablo por los cuernos y se los arranqué. Moví lo que había en los terrenos de los cuentos, ya el pueblo de García Márquez no era el mismo pero seguía ardiendo; esta sórdida Bogotá parecía un manicomio, mientras yo paseaba ebrio, aunque lúcido, por callejones de la mano con los Karamasov. Y ahí me encontré, le quité el alma a la literatura y vendí la mía a la palabra; es inevitable contarlo: cómo seduje a la divinidad de las letras y de tres bocados me la tragué. Llevándola dentro germinó todo un organismo que ahora vive y habla por sí solo, dándome el poder de alzar mi voz y narrar hechos alucinantes; ofrecí pasaportes que pueden elevarnos a un nirvana celestial, o sumergirnos en el infierno. Dominé la palabra, hice vivir sueños de otros mundos. El poder de ser creador.


Comments

Medios Ex-libris
A %d blogueros les gusta esto: