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El manifiesto antropófago: un movimiento brasileño

Escrito por Paula Viviana Soto || vivsoto63@hotmail.com
Ilustrado por Andrés Católico || www.andrescatolico.com

Sólo interesa lo que no es mío.
Ley del hombre. Ley del antropófago.
Oswald de Andrade

No todo es carnaval y fiesta. Oswald de Andrade elaboró el Manifiesto Antropófago en 1928, que conformó las bases de un nuevo movimiento cultural latinoamericano, consolidándose como uno de los más importantes en la historia brasilera de mediados de siglo. El objetivo del texto es ofrecer una nueva mirada al concepto de antropofagia, mal visto por los europeos en épocas previas a la conquista. Andrade propone que si bien el canibalismo era un estigma para ellos, en el concepto reestructurado de la antropofagia, la visión sería entendida desde la esfera cultural.

Se decía que, como antropófagos, se era capaz de transformar, al digerirse, todo aquello considerado como un modelo copiado de Europa, para así obtener la creación y el resultado de un modelo único y autónomo en el arte brasileño. El manifiesto contrasta dos situaciones hostiles entre la cultura primitiva y la heredada de Europa, ambas indispensables en la construcción cultural de Brasil.

Los exponentes brasileros (cineastas y poetas) declararon su inconformidad hacia todo lo ocurrido durante una época de violencia vivida posteriormente en Brasil. Glauber Rocha cineasta y escritor, hizo una fuerte crítica a lo que se vivió durante el golpe de Estado en 1964 contra el presidente izquierdista João Goulart. Presentó el filme Terra en Transe, donde no se mostró a Brasil como un país alegre; sino que se proyectó la violencia que vivían las personas en la guerra. El documental fue censurado en abril de 1967 en todas las ciudades del país al considerarse difamador.

Rocha, en su escrito: Una estética de la violencia, define el problema existente entre la “cultura latinoamericana” y la “cultura civilizada”. Según Glauber, el espectador extranjero ve el sufrimiento en América Latina como algo pasajero, sin valor, por simple curiosidad; mientras que el latinoamericano padece con llanto su propia miseria y no es capaz de hacer que ésta se interprete adecuadamente frente al observador ajeno.


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