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Los escritores jóvenes buscan su Filbo

 
 
La escritura, más que una herramienta sin sujeto, es el producto de un sujeto que se mide frente a una herramienta que no significa nada si no se relaciona con un mundo interior y exterior. Por eso los integrantes del Teuc deben confrontarse dentro del aula y fuera de ella.
 
Escrito por Isaías Peña Gutiérrez  ||  isaias1317@gmail.com
Fotografía por Andrés Barriga  ||  www.cargocollective.com/abarriga 
 

En el proceso de investigación sobre la creación literaria, basado más en las prácticas inductivas durante los treinta años del Teuc, —Taller de escritores de la Universidad Central—, cuidé pensar en todo cuanto rodea a la persona que un día se asombra con las palabras que forma en su pantalla o cuaderno: aquellos mundos reales y diferentes que pronto tendrá que admitir como la más legítima ficción.

La escritura, más que una herramienta sin sujeto, es el producto de un sujeto que se mide frente a una herramienta que no significa nada si no se relaciona con un mundo interior y exterior. Por eso los integrantes del Teuc deben confrontarse dentro del aula y fuera de ella. Nunca las horas curriculares agotaron la extensión del proceso de creación literaria. La noción de hora/clase, la del programa que se cumple en una franja limitada, una relación que se extingue entre profesor y estudiante tan pronto termina el calendario, no fueron mis parámetros.

La creación literaria no se provoca, no se anima, no se alcanza por una simple convocatoria burocrática, para que los seleccionados reciban un paquete de conocimientos teóricos, o las advocaciones de algunos escritores “mayores”; debe alcanzar una dimensión suficiente para que los iniciados sientan la complacencia y la complejidad del proceso de la creación. Muchos de los recursos a los que se debe acudir van más allá de la rutina pedagógica de la clase y el examen.

El escritor novel necesita el acompañamiento del amigo, el taller, o  la academia. Y, en los dos últimos casos, no resulta suficiente la comparecencia en los salones donde se reciben conocimientos, que se aprueban o desaprueban. El joven debe experimentar acompañado los lugares y procesos que lo vinculan con el exterior, que no siempre le son favorables. Me refiero a los concursos, las editoriales, las revistas, los periódicos, las librerías, los correctores de pruebas y, por supuesto, las ferias del libro.

En 1981, la Feria del Libro de Bogotá no era internacional, ni se hacía en Corferias; tenía lugar en el Parque Santander, al aire libre —con o sin lluvia—, sin pagar entrada, sin conferencias, con toldos organizados en filas, editoriales y librerías a precios de feria. No era lo mejor; ni lo peor. Hasta que el poeta Jorge Valencia Jaramillo creyó que la feria debía ser internacional. Es la Feria que hoy conocemos como Filbo, con un logo que representa a un lector leyendo sus manos y que llega a su versión 25. Esa Feria Internacional del Libro de Bogotá, dedicada hoy al gran Brasil, siempre fue una dama convincente y cómplice de los gustos e ilusiones de los escritores como de todos los jóvenes, en general. Pero, a 31 años de creado el Teuc y a 25 de nacida laFilbo, la relación entre los nuevos escritores, hayan o no pasado por un taller, por una aula de creación literaria o “escrituras creativas”, y las ferias del país debiera ser de más intensa, ser activa e interactiva, porque hasta el momento se ha pensado en esos jóvenes de manera pasiva: son invitados de piedra, obligados a escuchar a los autores mayores, que en muchas ocasiones, son los mismos. ¿Cómo romper esa distancia? ¿Con una franja especial dentro de la Feria para que los escritores noveles presenten sus creaciones literarias o expongan sus concepciones literarias? ¿Con un mercado del libro para los jóvenes escritores?

El fenómeno de los talleres formales y de los estudiantes y egresados de las aulas universitarias de creación literaria o “escrituras creativas”, obligará a la Feria a pensar en ellos. ¿Se les deberá otorgar una credencial para que asistan y participen de la Feria del Libro de manera gratuita y no sean sometidos a la discutida política de Corferias de pago universal sin tener en cuenta diferencias?

La presencia de los nuevos escritores, promovida y aceptada por la Filbo, se reflejaría, así, más tarde, en la producción que ellos mismos le devolverían para renovar la mismísima cinta de Moebius. Producción sin la cual, dentro de algunos años, no tendríamos Feria, sencillamente.

 

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