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“Seguí con el periodismo porque ahí no engaño a la gente”: Jorge Consuegra

 

El periodista cultural Jorge Consuegra, habla de literatura y sobre su experiencia en los medios de comunicación.

 

Entrevista por Jorge Marciales Acosta  ||  elgeorges-10@hotmail.com
Fotografía por Andrés Barriga  ||  www.cargocollective.com/abarriga 

 

Jorge Consuegra es uno de los periodistas culturales de mayor reconocimiento en el país, ha trabajado en medios como El Tiempo, Caracol y El Espectador. Actualmente es docente en la Universidad Externado de Colombia, dirige la Agencia de Noticias Culturales y codirige la revista “Libros & Letras”.

Nació en Bucaramanga, estudió publicidad y se especializó en mercadeo, sin embargo pocas veces ejerció esa profesión por considerarla engañosa. En febrero de este año publicó su más reciente obra “Bogotá Curiosa”, ha escrito tres libros y lleva más de cuarenta años dedicados al periodismo.

Aunque afirma que hacen falta más políticas que incentiven el desarrollo de la cultura en el país, defiende el esfuerzo realizado por instituciones como La Cámara Colombiana del Libro. Amante de la lectura, ve con optimismo el futuro de la literatura nacional, admira a Gabriel García Márquez y prefiere no leer a Paulo Coelho.

Siendo usted publicista, ¿por qué decidió ejercer el periodismo?

A lo largo de la carrera me di cuenta que buena parte de los productos son engañosos, la publicidad es mentirosa, como lo que está pasando hoy con Revertrex de la señora Amparo Grisales. Este país tiene engaños políticos, económicos y sociales, seguí con el periodismo porque ahí no engaño a la gente.

¿Cómo incursionó en el periodismo?

Yo empecé desde muy joven haciendo periódicos en el colegio y en el barrio, inicié profesionalmente en La República, después pasé al Espacio, trabajé como corresponsal en Vanguardia Liberal, también en El Tiempo y en El Espectador, siempre como reportero o cronista, muy pocas veces en televisión.

¿Qué características debe tener un buen periodista?

Un buen periodista tiene que estar leyendo todos los días cualquier tipo de panfleto, volante, comunicado, diario o semanario. También debe estar metido en el BlackBerry mirando lo que dicen revistas como Semana, porque o si no cómo se entera de lo que está pasando, pero fundamentalmente tiene que leer incansablemente.

¿Cuál es la función de un periodista cultural?

Es la más complicada de todas. Un periodista judicial, económico o político, está prácticamente recreando actitudes y hechos, por ejemplo si subió o no el dólar, mientras el periodista cultural tiene que estar moviendo todos los días la parte intelectual, creadora y creativa. Por eso es que los gobiernos no apoyan muchas veces el mundo cultural, porque cuando un pueblo se desarrolla intelectualmente es considerado peligroso.

¿El periodismo cultural está en decadencia?

No es que esté en decadencia, sino que se estanca un poco y al estancarse obviamente no está avanzando como debería.

Todos los días hay un nuevo obstáculo, es necesario crear nuevas opciones para que la gente tenga una revista, que pueda entender porqué García Márquez es el escritor vivo más importante de la tierra o porqué Rodín esculpió El Pensador. A mí de qué me sirve si el dólar subió o bajo, es muchísimo mejor tener el conocimiento a poseer un cerebro vacío.

¿Cree que existe una política excluyente para la cultura en los medios de comunicación?

Sí, absolutamente. En los noticieros 90% o 95% para ser ambiciosos, es política, economía, deporte y entretenimiento, mal llamado farándula o espectáculo, que es más “farsandúla” que otra cosa. ¿Cuántos centímetros le dan a la cultura periódicos como El Tiempo o El Espectador? Todo lo reducen a unas pocas páginas, es totalmente excluyente.

Culturalmente, ¿qué es lo que más ha afectado al país?

Lo que ha sucedido en los últimos ocho años con la política es que hubo primeras planas o titulares de los noticieros hablando de chuzadas, falsos positivos, desarmes inexistentes, sin quitar su importancia le quitaba espacio a hablar y discutir de cultura. Hay unas grandes cortinas de humo que preocupan muchísimo, porque detrás de ellas hay otra historia que no se ha sabido contar.

Es claro que las nuevas tecnologías han facilitado el acceso a la comunicación, pero, ¿han traído también aspectos negativos?

Claro, como la soledad, hay muchachos que se dedican 4 o 5 horas a chatear con sus amigos, estar en Facebook o mandar mensajes por Twitter. El cerebro se acostumbra únicamente a un pequeño aparato que cabe escasamente en las manos, se les olvida dar un abrazo y compartir con la gente.

Por supuesto que yo me puedo conectar en este instante con Camberra en Australia, pero es un oficio de la absoluta soledad y es gravísimo que suceda eso.

¿Por qué cree que la mayoría de los colombianos son indiferentes hacia la lectura?

Porque no hay políticas de gobierno que creen hábitos de lectura, José Vasconcelos que fue el ministro de cultura en México durante los años 30 del siglo pasado, insistía en la producción de libros y de cultura. En Cuba la obra completa de Alejo Carpentier, los doce tomos, pueden estar costando 70 mil pesos, mientras que en Colombia está alrededor de los 300 mil pesos.

En Cuba, Argentina y especialmente en México, los libros son más baratos porque hay más planes de gobierno.

¿Qué importancia tienen para usted las revistas o publicaciones independientes como Ex-Libris?

Qué bueno que Ex-Libris ya no es únicamente en la Feria del Libro, deberían sacarla durante todo el año, ojalá pudiera ser publicada cada mes. Libros & Letras es mensual, se imprimen cinco mil ejemplares y se le regala a la gente, porque ya es complicado comprar El Malpensante o la revista Número que superan los 7 mil pesos.

Túnel de Montería o Puesto de Combate, que son excelentes publicaciones, tienen dificultades económicas. Ojalá el gobierno destinara mensualmente un millón de pesos a las revistas culturales para que pudieran salir, pero a ellos no les interesa la posibilidad de que haya cultura gratis.

¿Ve un buen futuro para la literatura colombiana?  

Por supuesto, hay gente que es muy disciplinada como Juan Gabriel Vásquez o Alfonso Carvajal que ha escrito “Pequeños crímenes de amor”, una colección de historias muy buena.

Hay un tipo que desafortunadamente murió y para mí es el mejor escritor después de García Márquez, se llama Mario Escobar Velásquez, escribió “Muy caribe está”, una novela fascinante. Hay una buena producción, ésta generación hace buenas novelas.

¿Cuándo descubrió su amor por la lectura?

Gracias a dos profesores, el primero fue Medófilo Medina que dictaba literatura en el colegio y nos puso a leer “La mala hora” de Gabriel García Márquez e interpretaba la lectura en voz alta, fue maravilloso. El otro se llamaba Nazario Silva, profesor de filosofía que nos enseñó la etimología de las palabras, cómo nacen del árabe, del hebreo, del sánscrito y del chibcha, todos los días yo descubría cómo apareció la palabra.

¿Cuál es su escritor favorito?

Clarice Lispector o Machado de Assis, para mí uno de los mejores escritores de toda la vida. Llevo cuatro años dedicados a leer novela negra, como Connolly y Agatha Christie, creo que esto es la literatura estructuralmente perfecta, no por el morbo del asesinato sino la forma como se estructura la novela, los personajes y la minuciosidad en el detalle, es simplemente fascinante.

¿Lee a Paulo Coelho?

Eso es subjetivo, lo que yo siempre he dicho es que uno debe ser profesional en la escritura, yo veo que no es un escritor profesional en cuanto que sepa estructurar bien una novela, él repite escenarios, personajes, teorías casi idénticas y a mí no me causa satisfacción. Me gusta leer a Kafka, a Juan Carlos Onetti, Jorge Amado, Clarice Lispector, pero Paulo Coelho no me produce nada, entonces para qué voy a leer algo que no me satisface intelectualmente.

¿La Feria del Libro, realmente es accesible a todo el público?

Yo soy el enamorado número uno de los libros, defiendo a la Feria del Libro porque me parece extraordinaria, apoyo el esfuerzo que hace Enrique Gonzáles Villa con la Cámara Colombiana del Libro y el de las editoriales para alquilar espacios y poder vender. Lamentablemente entran 420 mil personas en una ciudad que tiene siete millones de habitantes.

El ingreso a la Feria tiene que ser más fácil, que la gente entre gratis todos los días o por lo menos la entrada debería costar 3 o 4 mil pesos. Si yo pago 12 mil pesos y tengo dos hijos me toca con mi esposa pagar 48 mil pesos tan sólo para ingresar, con eso me compro dos libros en la Librería Lerner.

¿Qué lo incentivó a escribir “Bogotá Curiosa”?

Querer a Bogotá. Yo soy de Bucaramanga y debí haber escrito “Bucaramanga Curiosa”, pero llevo viviendo más de 30 años en la capital y le debo mi familia, mi profesión, la cátedra y mucho más.

Yo soy un peatón todo terreno y me encanta recorrer la ciudad, preguntar todo, sacar fotografías, ver los edificios, observar la figura de los cerros tutelares desde la Universidad Externado de Colombia. En ocasiones uno alcanza a ver los nevados al fondo de la Sabana, esta ciudad es bellísima tiene curiosidades y contradicciones.

 

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