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¡Una curaduría urgente!

Escrito por Zaira Pulido || zaipru@gmail.com
Ilustrado por Julian Cedeño || julian_edeo@hotmail.com

El pabellón de diseño gráfico y caricatura no puede negar la importancia de su presencia en la Feria del libro. Reúne jóvenes con diferentes propuestas relacionadas con el diseño y la caricatura. Fanzines, libretas, separalibros, afiches y caricaturas realizadas en minutos son sólo algunas de las cosas que se venden. Sin olvidar que también se unen locales con productos importados producidos por la industria del ánime y el cine que atraen la mayoría de público.

Este pabellón no pasa desapercibido para quién le interesa la situación actual del diseño gráfico, aquí este oficio no es representado de la mejor manera. Se observa una mezcla entre trabajos meritorios y otros que no van más allá de un uso proliferado de software especializado e imágenes de Internet, algunos stands con ilustraciones animé que simplemente siguen cánones japoneses de manera desafortunada y que poco improvisan con el buen dibujo que seguramente tienen quienes las realizan. Se está creando en el público, especialmente en los bachilleres, una idea errónea de lo que significa diseñar. Al recorrer el pabellón es posible que encuentren en esto una respuesta fácil a su preocupación sobre qué estudiar: ven en el diseño un oficio sencillo, fácil y simple que puede aprenderse en cualquier instituto o curso corto, de poco esfuerzo y sobre todo de nulo estudio teórico e investigativo. Es lamentable que el pabellón venda esa idea, el público no ve calidad y buen diseño, como estudiante y como cliente se llega a pensar que dibujar y manejar un software es suficiente para llamarse diseñador.

La exposición de trabajos en el pabellón es muestra de la crisis que vive el diseño en el país: la gran oferta de programas académicos mediocres y de profesionales perdidos en el gremio, quienes además no exigen respetar su trabajo ni cobran lo debido en procesos como la bocetación, la investigación referencial o temática. Y no sólo eso, cada cita con el cliente y las miles de correcciones que ellos suelen realizar perjudican el presente y futuro de la profesión.

La exposición de trabajos en el pabellón es muestra de la crisis que vive el diseño en el país: la gran oferta de programas académicos mediocres y de profesionales perdidos en el gremio, quienes además no exigen respetar su trabajo ni cobran lo debido en procesos como la bocetación, la investigación referencial o temática.

Hay pocos programas de posgrado y especializaciones de calidad que enseñan debidamente el oficio y en las pocas publicaciones colombianas de diseño se hace evidente la falta de apoyo por parte del sector editorial y la poca credibilidad en el talento nacional, donde además la gente cree que no es necesario escribir y teorizar el diseño. Algunos como la ADG (Asociación de diseñadores gráficos de Colombia) y la RAD (Asociación colombiana Red Académica de Diseño) se organizan y son unos de las pocas que se interesan y trabajan por la excelencia en el campo. Su labor a pesar de ser tan importante es difícil de lograr, ya que el gremio está tan desvalorizado que aunque la RAD se esfuerce por certificar programas de diseño, el estudiante no busca un buen pregrado, por desinformación sobre la certificación y al final muchos creen que un pequeño curso les bastará.

Preguntar a un estudiante nuevo de diseño gráfico genera preocupación y certeza sobre lo mal valorada que está la carrera entre los bachilleres y primíparos, sus respuestas sobre qué es el diseño, su fin y su ámbito profesional, hablan de un estudiante que no se conoce, no conoce su profesión y su futuro; su elección sobre el pregrado se soportó en creencias, modas y en la llamada “prostitución” del diseño.

El oficio es mal interpretado hasta por los mismos amigos o familiares, donde a uno lo creen un simple realizador de afiches bonitos, para Andrés Católico, recién egresado del pregrado de diseño gráfico el problema está en la popularización que tiene el nombre “diseño gráfico” en la sociedad, encontrar que se realiza diseño en cualquier papelería hace pensar que este mismo es un oficio de tienda de barrio, es importante cobrar y no temerle a ello, además cortésmente explicar al cliente por qué se cobra lo justo.

El oficio es mal interpretado hasta por los mismos amigos o familiares, donde a uno lo creen un simple realizador de afiches bonitos


Es igual de importante realizar un filtro en las universidades por medio de exámenes específicos de admisión, como ya se hace en la Javeriana y la Nacional, es grave la carencia de estos en instituciones que ofrezcan pregrado en diseño, como también es preocupante que muchos egresados se hayan visto forzados a llamarse de otra manera profesionalmente: comunicador visual, comunicación gráfica, diseño visual, en pro de salvar su reputación como diseñadores y por miedo a caer en el malentendido de la popular palabra diseño.

Un ejemplo de esto fue la reforma que realizó la Universidad Jorge Tadeo Lozano a su programa de Diseño gráfico el año pasado, donde la angosta visión sobre una actualización pronta estaba generando portafolios en los que el mal llamado diseñador dejaba ver sus proezas técnicas pero no conceptuales, estéticas y comunicativas.

La visión de esa decanatura pudo haber generado controversia entre los estudiantes de diseño gráfico. Se temía que el programa de pregrado de esta institución no pudiera mantener su reputación como uno de los pilares educativos en el campo, que ha dado grandes profesionales, entre ellos el ilustrador Leo Espinoza. Después de cuestionar esta reforma la Universidad enseña aún más teorización y como consecuencia de ello exige trabajos de grado que se puedan convertir en proyectos meritorios de premio o de materialización en la sociedad, además de contar con maestros de conocida trayectoria y profundizar en la tipografía, herramienta imprescindible del diseñador.

Por el lado del buen diseño, que es reconocido nacionalmente, estudios como mottif o p576 dan muestra del talento que existe en el país y del nivel internacional que se maneja, pero poco o nada de esto se muestra en el pabellón. Es preciso no desaprovechar la cantidad de gente que convoca la Feria, tener un espacio con tal magnitud para el oficio y poder honrar el nombre de la mejor manera. Por ello la necesidad de una curaduría que introduzca específicamente proyectos dignos de representar el gremio y darle el valor y respeto al diseñador que tanto se merece, es casi obligatoria. Tal vez de esta manera se logre mejorar la percepción del estudiante, cliente y espectador ante el diseño.

también es preocupante que muchos egresados se hayan visto forzados a llamarse de otra manera profesionalmente: comunicador visual, comunicación gráfica, diseño visual, en pro de salvar su reputación como diseñadores y por miedo a caer en el malentendido de la popular palabra diseño

El gremio tiene variedad y calidad para exponer en todos los campos del diseño, suficiente para armar un pabellón en el que se pueda lograr una articulación entre los proyectos de jóvenes y otros más profesionales que den una mirada más profesional ante el público.

Entre estos últimos, se pueden resaltar el Salón de Historieta Universitaria, apoyado por la Universidad Nacional. Aquí jóvenes, adultos, profesionales y amateurs con trayectoria en la construcción de narración gráfica, se unen para mostrar sus más recientes proyectos. Otro ejemplo es el Festival Internacional de Cómic titulado “Entre viñetas” que se encargó de reunir el talento, principalmente latinoamericano, en el mismo campo y donde nos representó Powerpaola, toda una leyenda del cómic en Colombia.

En el campo de la ilustración existen varias convocatorias y salones con años de trabajo, como el Salón de ilustración El Nogal donde hay una convocatoria para nuevos talentos que deseen dar a conocer su trabajo en una exposición abierta al público. También está el Salón de ilustración IMAGENPALABRA, donde se unen ilustradores profesionales y amateurs para participar en foros, conferencias sobre el diseño y en una publicación con el trabajo impreso de cada ilustrador. Cada vez participa más gente en estos salones consolidándolos como un evento anual.

Los diseñadores han aprendido a agremiarse y existen colectivos que ayudan a construir una buena imagen del diseño gráfico. Uno de ellos es Colectivo Bicicleta que se preocupa por varios campos de la gráfica en el país y su principal objetivo es hacer conocer el talento. Realiza entrevistas, charlas, investiga, promociona convocatorias internacionales y nacionales, y fue invitado al Encuentro latinoamericano de Diseño en Argentina para exponer su charla Freelance vs. Freelance.

Estos salones, colectivos y demás proyectos profesionales o amateurs no son suficientes para acabar con el problema. El apoyo al gremio y el respeto necesario por el trabajo del otro y de sí mismo no puede quedarse entre diseñadores, debe trascender a otros campos. Solamente cuando el cliente y el diseñador aprendan a valorar la importancia de la profesión, entonces habremos logrado algo. Por ahora es necesario comenzar por presentar el oficio como realmente es: ante un público listo para aprender, con proyectos que estén al nivel de una publicación y una exposición. Son necesarios, como dice Boris Greiff, docente universitario y participante en el pabellón: proyectos que cumplan un rol social, que interactúen con la sociedad, que muestren el diseño como una necesidad y una forma de vida y no, precisamente, como algo simplemente estético o una banalidad creada.

Son necesarios, como dice Boris Greiff, docente universitario y participante en el pabellón: proyectos que cumplan un rol social, que interactúen con la sociedad, que muestren el diseño como una necesidad y una forma de vida y no, precisamente, como algo simplemente estético o una banalidad creada.

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