Lo grotesco

Escrito por // Ana María Trujillo // http://i.letrada.co/n8/

Fotografía // Paula López, Daniel García, Ana Cruz, Steven Sánchez

En su origen etimológico, lo grotesco se refería a esa condición subterránea, a aquello que emergía desde la gruta. Extraños laberintos semánticos condujeron el término a las acepciones que tiene hoy. La palabra carga consigo una energía visceral, es una de las víctimas y de los símbolos de la apabullante y soporífera moral cristiana.

Aunque la definición de la realísima academia no lo refleje[1], lo grotesco tiene que ver sobre todo con la idea de deformación. En las definiciones de Wolfgang Kayser, importante crítico de literatura y estética alemán, encontramos que lo grotesco es el mundo extrañado (stranged world), un juego con el absurdo, una invocación a las fuerzas demoníacas del mundo; en alguna medida, provoca un cierto miedo a la vida, territorio que se vuelve incierto, deformable, incomprensible.

Es curioso, pero es lo primero que me salta a la mente cuando pienso o me invitan a pensar el cuerpo. Sobre el cuerpo. Desde. El cuerpo es límite y a la vez posibilidad, “campo de batalla”, propiedad privada, lienzo. Siento que el cuerpo resume cualquier causa -cultural, estética, política- porque es, en suma, la más concreta y más diciente de nuestras posibilidades de expresión (a veces a pesar de nosotros mismos). Es además la lupa, el cadalso, el lugar común donde sin mucho esfuerzo se suele encontrar lo grotesco. Cierto: es más fácil (facilista) señalar las deformidades del cuerpo que hacer lo propio con las de la mente, pero unas y otras están estrechamente intrincadas.

En efecto, la definición de lo grotesco es tan fluida como la de la belleza. Se ajusta a una época –incluso a una persona- a la vez. Se mide, sobre todo, en el efecto que causa en quien lo percibe. Porque la deformidad radical que sirve de base al calificativo es más bien sintomática de una deformidad intelectual y moral: “lo grotesco depende de nuestras convenciones, prejuicios, lugares comunes, banalidades, de nuestra mediocridad”, dijo Kayser.

Así, una célebre señora de medios considera grotesca la gordura (que no lo dijo, pero está implícito) revelando la fina correspondencia entre su estrechez de cintura y de apreciación estética; son más bien sus ideas y consideraciones las que me resultan –a tono con la definición oficial- ridículas, groseras y de mal gusto. Este y muchos otros señalamientos son consecuencia de los modelos reduccionistas que se empecinan en definir estándares y se van cristalizando en lo que en varios movimientos post-punk-queer-anti-contra-antrax-ultra-trans-fémino-divergentes se designa como ‘normalizado’. Cuerpos normalizados. Mentes normalizadas. Verdades, roles, tendencias. Todo acabado. Prêt à porter.

¿A quién le hace gracia venir a este mundo a vivir las verdades que ni siquiera se ajustan a sus deseos y a sus cuerpos?

Afortunadamente existen los artistas, pues es en su campo donde se ven importantes resignificaciones de esas acepciones tan vulgares y tan nocivas. Es más, me atrevería incluso a hacer de esta mi definición (condición) del artista, por lo menos del que me interesa y me conmueve. “Dispara desde el estómago”, decía Lisette Model, maestra de la gran fotógrafa Diane Arbus. Ella hizo caso y regaló al mundo fotografías asombrosas, bellísimas, un gran catálogo de ‘grotescos’ hiperbólicos. Algo así como las exploraciones anatómicas y estéticas de Matthew Barney o la oda a la cirugía estético-artística de Orlan. David Lynch rescató de los anales de desgracia de la historia a un hombre elefante para revertirnos el foco de lo grotesco, revelándonos la inhumanidad de la humanidad burlona, intolerante y cruel. Son apenas unos ejemplos de las muchas posibilidades de jugar con lo que creemos absurdo y descubrir lo que en realidad lo es; y es que cuando el absurdo ocurre o se provoca, debe subvertir antes que confirmar nuestras expectativas. En palabras de Santayana, “the good grotesque is novel beauty”. El cuerpo es libertad de reinvención.

 

 

 

Referencia:

 

Wolfgang Kayser (1966) The Grotesque in Art and Literature (New York,  McGraw Hill

 



[1] grotesco, ca.

(Del it. grottesco, der. de grotta, gruta).

1. adj. Ridículo y extravagante.

2. adj. Irregular, grosero y de mal gusto.

3. adj. Perteneciente o relativo a la gruta artificial.

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