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Noteboom le escribe cartas a Poseidón

Escrito por // Raúl Durán Ayala // raulduran67@gmail.com

Fotografía // Daniel Lara // vanjerono@gmail.com

 

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Me hubiera gustado preguntarle al poeta: ¿Qué viene a hacer el mar en la feria del libro? Aunque de alguna manera sin preguntar me respondió. Noteboom le escribe cartas a Poseidón. ¿Para qué le escribe cartas a Poseidón si la correspondencia con los dioses va en una sola dirección? Noteboom viene de una ciudad que se hunde en el mar, eso explica porque prefiere escribirle a Poseidón y no a Gea. Ya pasaron al olvido los viejos dioses inmortales, pero no hay que olvidar que más que inmortales son eternos. Lo que es eterno es inmortal pero lo inmortal no significa necesariamente que sea eterno. Más bien lo eterno carece de un principio claro, no se sabe bien de donde viene, aparece de súbito y se prolonga hasta el infinito; como las olas del mar.

Del mar hay mucho que se ha escrito y mucho más se seguirá escribiendo. Poseidón debe sentirse contento de eso; al fin y al cabo, de alguna manera, hablar del mar es hablar de él mismo.

Me sigo preguntado: ¿Qué viene a hacer el mar en la feria del libro? Da minha língua vê-se o mar dijo Vergílio Ferreira. La FILBO también hoy dice lo mismo, pero no es lo mismo. Aquí lo más cercano al mar es el aguacero que empapa la feria, o los barcos azules en la cabeza de la gente; como navegando por ese mar de pensamientos; aunque creo, a veces, que el mar de pensamientos ya hace mucho se secó.

Esta FILBO es un diluvio ¿caen gotas como libros? No sé; los libros no se derriten aunque sí se secan. Sé que el sábado en medio del diluvio un pequeño barco de papel caminaba sobre la corriente hasta hundirse en la alcantarilla. Vaya suerte para un barco en una feria donde “desde mi lengua se ve el mar”, donde el invitado es Portugal y donde Noteboom me cuenta que le escribe cartas a Poseidón. Seguramente Poseidón con su infinita sabiduría habrá elegido la alcantarilla como el mejor destino para un barco de papel.

Buscando el mar en esta feria llegue al pabellón de Portugal. Allá hay unas cabinas para meter la cabeza y oír lo que susurran las aguas. ¿Acaso esa lengua desde la que se ve el mar no es otra cosa que el sonido del mar?  ¿Será la voz  del mismísimo Poseidón? Será que hoy reposan las palabras de los dioses en un “bus universal” como en las viejas bibliotecas. Claro que, aunque esto sea cierto, Poseidón perdió poderes y quedó atrapado en el papel, y lo que sea que pueda decirnos en su lengua de mar, por desgracia del olvido ya no significa nada. Nosotros con agua en los oídos saltamos en una pierna y nos golpeamos la cabeza, no sea que se nos pegue una infección.

Allá también está Pessoa, Saramago, camões,…Ilustrados con sus ojos secos y sus palabras húmedas. Se me ocurre mientras naufrago en uno que otro libro: ¿cómo llevar al mar a esta ciudad de libro al viento?

El mar aquí baja del cielo, el cielo es ese mar suspendido dispuesto a aplastar nuestras cabezas, a derretir nuestros cuerpos. No sé si todos los bogotanos vemos al mar tan lejos o si algunos estén conscientes de que esta ciudad es una isla; que las montañas son gigantescas olas estáticas a punto de derrumbarse y sepultar toda esta feria, dejando nombres de bancos y autopistas como epitafios en este mausoleo citadino.

Contra ese oleaje reflexivo vino a estrellarse este poeta: Noteboom se ve fresco, duro, no tan viejo como el Neerlandés que habla. Leyó con su acento extranjero  marcando las erres y las jotas roncas, y mientras hablaba se me ocurría: que no si el mar llegue a la feria, que eso en realidad no me interesa, que la lluvia seguirá escupiendo en todos los meses, que por que Poseidón no se digna, aunque sea con una minúscula frase, a responder esas cartas. Y claro, se me ocurre, que lo más cercano al mar es ese silencio de Poseidón; el silencio de las playas, de las palabras escritas.

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