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El descenso a las ciudades imaginadas

Por: Karen Sánchez // karen.sanc@hotmail.com

Ilustración: Diego Jaramillo // diegojaramillo888@hotmail.com

 

Y si ahora mismo decidiéramos emprender un viaje, ¿a dónde ir?, ¿qué llevar?, ¿acompañarnos por quién?, ¿cuánto dinero nos costaría?, suelen ser las preguntas más comunes que nos hacemos. El viaje al que me refiero aquí no es otro más que el de la literatura.

¿Qué se lleva para un viaje al centro de la tierra?, ¿qué decirle a un compañero obsesionado con la idea de ser un caballero andante? Ysi el viaje es hacia el Hades, ¿estará Tiresias libre para encabezar la marcha?

 

El Descenso

 

Si se trata de destinos, los escritores latinoamericanos ofrecen los lugares más diversos. Ninguna agencia de viajes será capaz de asegurar nunca su bienestar o su cordura en Cómala, pero de estarlo, le diría que la casa de doña Eduviges Diada es, entre toda la región, el mejor lugar para pasar la noche. Ni qué decir… Y silo que prefiere son los lugares más cálidos, un ambiente mucho más festivo, personas más vitales, un viaje en tren hasta Macondo le haría olvidar todas sus penas, entre muchas otras cosas. Pero si prefiere una ciudad portuaria, el tren hace una necesaria parada en Santa María. ¡Anímese! A lo mejor le toca de compañeros el viejo Marco Polo y Kublai Kan.

Ahora, es verdad que en ninguna de esas paradas la vista se concentra en grandes rascacielos, en calles llenas de transeúntes, poetas sin aureola. Las ciudades imaginadas por los escritores latinoamericanas se parecen mucho más a pueblos, en contraste, por ejemplo, a la ciudad evocada por los escritores simbolistas del siglo XIX. Francia se convirtió entonces en el centro de todos los acontecimientos de la época. Arte y política, todos fenómenos que respondían a la idea de progreso y de modernidad.

En Latinoamérica las condiciones fueron bastante distintas. No es posible hablar de una modernidad ni remotamente parecida a la europea. Buena parte de esa literatura latinoamericana, de las ciudades imaginadas por Rulfo o García Márquez, volvían al mito como forma de origen. Había en esas obras un intento de recuperar parte de la historia perdida, la historia de la comarca, la intrahistoria, es decir, la historia contada por los vencidos, por los de abajo. Con esto no quiero decir que haya un sacrificio de la forma estética, por el contrario, hay toda una recuperación del mito, de los arquetipos literarios y de la oralidad para mostrar una propia visión del lenguaje.

De atreverse, el tren partirá ahora. Abundio lo estará esperando para iniciar el descenso, el viaje iniciático a las ciudades que siempre creímos imaginadas.

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