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¿Un monasterio, un convento, una iglesia?

Escrito por: Paula Soto // vivisoto63@gmail.com

fotos: Angélica Conde // angelicacondeg@gmail.com

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Se preguntan los transeúntes que pasan y observan la edificación ubicada en la Cll 12 con 3a, en el centro histórico de la ciudad, La Candelaria.

Pero ni lo uno, ni lo otro. Esta construcción, hecha en piedra y ladrillo, alberga  actualmente 71 apartamentos dúplex que rodean una alfombra verde triangular, un salón comunal, lavandería, dos plantas de parqueaderos y tiene dos entradas, una sobre la calle y otra sobre la carrera. La actual edificación con matices neogóticos ha sobrevivido al igual que los capitalinos, a todas las peripecias del tiempo como el Bogotazo, los curas y las monjas, y los trabajadores del Servicio de Inteligencia Colombiano (SIC), que después se convirtió en el DAS.

En sus inicios, la construcción hecha por el arzobispo Herrera Restrepo junto con los misioneros Montfortianos (1917), se realizó con el fin de albergar un seminario de franceses; pero como nunca fue terminada, se utilizó como convento de religiosas Clarisas.

“Las almas en pena rodean los pasillos en las noches”, dice un residente del conjunto.No es para menos pues, finalizada la construcción del edificio, éste pasó de albergar monjas a presos;las oficinas y calabozos del SIC se instalaron allí. Por eso, se dice que en su interior se ejecutaron masivas torturas y muertes, y que las almas rondan entre los pasillos y parqueaderos del Conjunto Residencial Calle del Sol.

En el año 1980, el Instituto Colombiano de Cultura (Colcultura) compró el predio con la intención de transformar sus largos y oscuros pasillos en el Archivo General de la Nación, pero el proyecto fue abandonado un año después de comprado el terreno.

Años más tarde, tras su abandono, un grupo de inversionistas se ocupó de la construcción de las 71 viviendas conservando, eso sí, su fachada y su historia.

“Los sensores de las luces se prenden y se apagan constantemente, ya es cuestión de convivir con los fantasmas”, afirma un vigilante del conjunto. Pero los mitos en torno a esta edificación no paran ahí. En un local perteneciente al conjunto, sobre la Calle 12, está el Restaurante La Bruja, llamado así, pues hay una historia sobre una  madre que intentaba acceder al edificio (en la época del SIC) para visitar a su hijo que presuntamente estaba preso. Ella conquistaba a los guardianes de la cárcel con sus mágicas recetas de comida; cuando por fin se le permitió el acceso, la mujer nunca encontró a su hijo; se dice que el alma de aquella madre sigue rondando estos pasillos.

Después de disfrutar de una buena comida en la Bruja, desde la terraza del edificio se puede observar no solo el interior de éste, sino además las construcciones aledañas del centro, pues está ubicado en medio de bibliotecas, cafés y restaurantes que lo convierten en un cómodo lugar para vivir.

 

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