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Bogotá 2013

Escrito por: Jefferson Mejía || nadie.mejia@hotmail.com
Ilustración por: María Paula Clavijo || mapolalola@gmail.com

Poema homenaje a María Mercedes Carranza.

Ciudad que amo porque no conozco otra; cuna
no de acordeones sino de nostalgias, esperanzas, anhelos mecidos
por la mano macabra de un tiempo que nunca fue ni será mejor.

Jardín de iglesias, multitud de voces, barrios desordenados de casas
apiladas una sobre otra cual piedra sobre piedra y sobre piedra, piedra,
todas, a punto de derrumbarse, entre otras, por tantas fiestas con aguardiente.

Terreno baldío de reminiscencias que me atacan
hasta conmoverme el azúcar que desaparece entre
las aguas de la taza de tinto caliente del Café Automático
que alguien que no era yo, bebió;
puertas de un Palacio por las que entraron hombres de corbata,
soldados y tanques, puertas por las que únicamente la muerte salió.

Laberinto empinado de mi dolor. Calles rotas de miradas turbias,
donde huelen a mierda las esquinas, las palabras, los zapatos y los gestos, el rencor.
Luperca, loba desubicada que recibe y amamanta
gentes que amo y odio con el alma
Criados con sangre y sudor y miedo,
cuchillos de la indiferente mirada de quien mira sin ver.
Lástima y silencio y recelo caritativo que viaja en autobús.

Grises las sonrisas, las palomas y las flores.
Mudas las estatuas, las costumbres y los sueños:
a veces, por las ventanas, los balcones y los ojos
si no se pueden ver los cerros se puede ver el sol.

Esta ciudad, mancha de aceite y humo, también es como mi vida,
nos movemos entre chiste y chanza dopados,
cansados de la violencia (la vida y las costumbres),
nos escribimos cartas, bailamos como locos,
cantamos desgracias, lloramos la vida y hacemos el amor.


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