Pages Navigation Menu

Mirar palomas (animales uruguayos)

Mirar palomas (animales uruguayos)

Escrito por: Rodrigo Bastidas || @RutiloBastidas
Ilustrado por: Geison Castañeda || ilu.sionar@yahoo.com

Autor: Levrero, Mario. 
TituloLa novela luminosa. 
Editorial: Random House Mondadori. 
Ciudad: Barcelona.  
Año: 2008.

Ganas un premio literario: una beca por un año para que dejes de trabajar y te dediques a escribir la novela que tienes aplazada. Con el dinero compras una silla para sentarte cómodo, aire acondicionado para el verano, comida y novelas policiacas en la librería de la esquina.

Pero, ¡sorpresa!, nada sale. Ni una palabra. Las sensaciones están presentes, pero el cursor del ordenador titila sin moverse. Así que decides mirar por la ventana y encuentras algo más interesante que tu día: la vida secreta de las palomas citadinas. Redactas lo que ves: el cadáver de una paloma que se pudre, la visita constante de la que debe ser su pareja, los pichones que lloran todo el día, el intento fallido de sexo necrofílico de otra paloma.

"Vives a través de esa ventana: toda tu vida  está representada ahí,
en ese teatro burlesco que son las palomas ignoradas desde siempre"

Las mujeres que has tenido, las culpas, las fallas, los sueños, son esas palomas sucias, groseras, deformes y luminosamente urbanas. Creas hipótesis deductivas y logras entender el comportamiento de todas las palomas del mundo a partir de las cinco o seis que pasan volando por tu ventana y se asientan en el techo del vecino. Tomas notas diarias hasta que la escritura toma la forma de un diario en el cual se mezclan las impresiones de la silla nueva, la adquisición del aire acondicionado, la imposibilidad en la escritura de la novela, las medicinas que tomas en tus ataques de hipocondría, la digestión de las comidas, las novelas policíacas y, por supuesto, las palomas… siempre las palomas. No puedes parar de escribir, llamas al diario “El diario de la beca” y piensas enviárselo a tu mentor para explicarle por qué al final de todo no tienes la novela. Le cuentas de las palomas y cómo piensas en ellas como la representación ontológica del universo. 

Y le dices que no, que eso no es una novela, que es un diario y que la novela (pensabas llamarla “La novela luminosa”), ya no podrá ser. Nunca. Que en el texto le explicas todo, y que no piensas escribir más. Que el diario no se ha acabado, es el diario el que ha acabado contigo.

Comments

Medios Ex-libris
A %d blogueros les gusta esto: