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Vecino Bestial

Vecino Bestial

Escrito por: María Paula Díaz Castillo || mary_kstillo92@hotmail.com
Fotografía por: Ángelica Conde || angelicacondeg@gmail.com

No durmieron muchas noches, escuchando horrorizados cómo en el piso de arriba los animales se lamentaban


Salían en la mañana hacia la portería de su conjunto residencial, dirigiéndose al colegio como siempre. Pero este día sería diferente porque verían el cadáver de un gato colgado en la ventana de la cocina de un apartamento del Interior 2.

No durmieron muchas noches escuchando horrorizados, cómo en el piso de arriba los animales se lamentaban, alaridos llegaban desde el techo a sus oídos para turbar la noche. Rasguños para espantar al sueño. Hasta un pequeño sufriría de temor nocturno y necesitaría ir al psicólogo a causa del ruido interminable que, seguramente se convertía poco a poco en las imágenes que lo producían. Pesadillas escalofriantes con rasgos auditivos de realidad, eran consecuencia de la inminente violencia y maltrato animal que practicaba constantemente su vecino.

En un conjunto residencial cercano a la Fundación Cardioinfantil vivía desde el año 2007 un personaje que atormentó la vida de sus vecinos y la de unos cuantos animales. Uriel Eduardo Campos compartía un pequeño apartamento de dos alcobas con un número considerable de animales de distintas razas. Sus vecinos se quejaban constantemente, no sólo por los ruidos en la noche, sino por el mal olor que se filtraba por las ventanas, producto del desaseo y el hacinamiento.


La tenencia inadecuada de animales fue la excusa para una visita de funcionarios del Programa Integral de Esterilizaciones Caninas y Felinas (PIECF) del Hospital de Usaquén, en diciembre del 2008. Al llegar el personal a la portería, el hombre sencillamente negó la entrada. Ante las actas del consejo de convivencia que le presentó el administrador del conjunto, en las cuales exigía que cumpliera con la ley que prohíbe tener más de una mascota, el sujeto siempre alegó tener mala vista para leer el papel que se le solicitaba firmar, y jamás firma. En el año 2009 se entabló una querella. Es citado por la Alcaldía local y el 17 de julio no se presenta; en octubre de ese mismo año el caso fue archivado.

Tras ser anunciada la existencia de la imagen con la cual comienza este artículo, un felino en la ventana, un joven policía llegó a hacerse cargo: descolgó el cadáver y lo botó a la basura. ¿Qué otra cosa podía hacer? Frente a la actitud de desidia, un residente se quejó ante la Policía Nacional, recibió una carta con una actitud no muy distinta de la indolencia del primer oficial.

Nuestro personaje es visto por una mujer del mismo conjunto, primero ahorcando a un perro con una correa y luego arrojándolo a un caño.

Algunas veces el hombre llevaba habitantes de la calle a su apartamento, quienes en ocasiones llegaron a agredir físicamente a los habitantes de la urbanización. Uriel decía ser veterinario, llevaba consigo a un perro o gato por una noche, y luego lo devolvía a su dueño.

Una pareja con una niña de 11 años se mudó al apartamento ubicado debajo en el año 2013, al poco tiempo el nuevo residente escribió una carta a la administración donde describía la situación insoportable de las noches plagadas de gemidos; la nueva encargada intentó emprender otra querella, pero en la Alcaldía le sugieren reactivar la que se había archivado. Hasta ese momento, el proceso de cinco años no ha dado ningún resultado, la tensión ha aumentado, la espera se ha agotado y la impotencia comienza a generar sus efectos.

Ya fuera por la sorpresa, el asco o el escozor que generaba este caso de crueldad humana, por la indignación de los espectadores, por la brutalidad de los acontecimientos o sencillamente por nuestra alta capacidad comunicativa; los hechos se convirtieron en rumor, y el rumor corrió de boca en boca. Aquello que había ocurrido al interior de un conjunto, llegó a oídos de un grupo anónimo de jóvenes animalistas.

El 3 de agosto de este año, llegaron al lugar con pancartas y gritos, llenos de coraje y decisión. En la primera oportunidad, entraron al apartamento y rescataron a los animales, sacaron a 12 perros y 2 gatos: uno de los gatos estaba amarrado debajo de la nevera, cuatro perros encerrados en el baño. Todos en muy mal estado de salud, desnutridos, sucios de sangre y heces, heridos. Una perra Bulldog temblaba, no podía caminar. Se comprobó que había sido violada bestialmente; tenía quemaduras en el lomo, quizás producidas por un cigarrillo. La policía estuvo presente. Uriel también, amenazó y escupió argumentando que los animalistas habían sido quienes llevaron la suciedad a su apartamento. Su última estocada fue denunciar a la administración por permitir el abuso de su apartamento. No ha vuelto a aparecer por el conjunto.

 

 

En Colombia el bestialismo no es un delito.

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