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“Decir que las letras de tu nombre no me dejan ver” Giovanna Pollarolo

“Decir que las letras de tu nombre no me dejan ver” Giovanna Pollarolo

 

Entre poema y poema de fragmentos cortos, bajo el azul de una luz lúgubre, Giovanna Pollarolo, la poeta peruana de ascendencia italiana, contó a los asistentes cómo fue que llegó a los versos por los que hoy es conocida. Contó, que por la época que precedió a Entre mujeres solas su segundo libro de poemas, se encontraba escribiendo guiones, encerrada en una labor que suele hacerse en conjunto: estaba asfixiada y pensaba que “en esa época del cine había que seguir un modelo y sentía que no me estaba expresando”.
 
Pero todo silencio tiene un final. En alguno de esos días de encierro creativo, la poetisa se encontró en una reunión de amigos, escuchando varias conversaciones de terceros, conversaciones sobre la vida y el amor que la hicieron volcarse de nuevo sobre las páginas vacías de un libro por escribir. Al principio se preguntó de qué se trataban esos versos nuevos que surgían a manera de desahogo: ¿Serán poesías? Pensó. Y el tiempo demostró que lo eran.
 
Así fue como Pollarolo, llegó a Entre mujeres solasun poemario cuyos versos, recitados por fragmento, enamoraron a más de un colombiano en la FILBO. Los de Entre mujeres solas son poemas con versos corales, en los que muchas mujeres hablan, respecto a temas como el amor real y el esperado. Mujeres independientes, sumisas, tiernas, tristes todas.
 
 

 Las letras de tu nombre


Decir "las letras de tu nombre no me dejan ver
no me dejan verme'
puede parecer una metáfora útil para empezar un poema
una frase que anuncie con dudosa belleza algo así como:
"por pensar en ti camino a tientas'. O "sin ti
    no puedo vivir, no sé quién soy, no sé qué hacer'.
No.
Decir que las letras de tu nombre no me dejan ver
no me dejan verme
es tan literal como decir
que escribo en un cuaderno cuadriculado
a las 11 de la mañana, con plumón rojo
el pelo mojado, recién salida de la ducha
esta mañana de agosto, 29.
Me explico:
desde que te fuiste, cada mañana escribo tu nombre
en el espejo. En la soledad del baño lleno del vapor 
que todo lo empaña, en lugar de limpiar el vaho con un trapo
o un pedazo de papel, me dedo recorre la superficie del espejo 
y escribo tu nombre.
Sí. Tu nombre,
seguido de alguna breve declaración.
Esas cosas que se escriben en las parees de los baños,
    en los cuadernos, en servilletas de papel
yo las escribo en el espejo empañado
obedeciendo a una cábala que inventé
cuando supe que no regresarías.
Y entonces
cuando debo peinarme, lavarme los dientes,
    pintarme los ojos
disimular mi palidez
las letras de tu nombre en el espejo no me dejan ver
no me dejan verme.
 
Giovanna Pollarolo

 

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