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Filbo: Mares de libros y derrames de basura.

Filbo: Mares de libros y derrames de basura.

Escrito por || Camilo Moreno

Pabellones, libros, stands, conferencias, modelos, libros, tintos, separadores, calor, libros, etc... etc. La Filbo no se resume en esta cadena contingente de palabras, sin embargo, si se hace una abstracción de las conversaciones y los encuentros interesantes, que son el resultado de la suerte y no de la planeación, quizá surja algo parecido o, por lo menos, similar. Los grandes acontecimientos son siempre el producto de la fortuna, no de la etiqueta y del soberbio deseo de orden. Es tan así que muchas veces esto último termina por malgastar aquello que pudo haber sido una inesperada coincidencia. Este es el caso de miles de cosas que se regalan en la feria y que en últimas terminan ocupando su lugar en la basura o en el librero de los recuerdos que nunca nadie mira. Así, este artículo se centrará en los desperdicios, en la basura.

Caminar un pequeño corredor y tener ya en las manos tres folletos, dos separadores, cuatro revistas y muchos papelitos, es el diario vivir de alguien que como yo, no puede dejar de recibir lo que le ofrecen. Con el tiempo, aumentan los paseos y con ellos el peso de la maleta, la amabilidad se vuelve discordia y ya no hay espacio para nuevos libros. La verdad pienso que esto es una estrategia perversa para dañar a la competencia; “te vendo un libro y te lleno de separadores y maricaditas para que no puedas comprar nada más Muajaja” debe ser un pensamiento constante en los coordinadores de cada stand y los  entiendo, aquí la competencia es simbólicamente agresiva. Sin embargo, pienso, todo esto que llevo en la mochila puede ser leído o utilizado en algo útil, como las tareas de mi hermanito, la caja del gato, un regalo o algún problema de último minuto... ¿A quién quiero engañar? Soy consciente de que es inútil ¡completamente inútil!

Decir esto es muy radical cuando en realidad tengo varias cosas que pueden llegar a ser interesantes: Un ejemplar de la revista Diners, un estudio sobre la administración distrital de Gaitán en su corto mandato, un libro al viento, un resumen del libro ¡Basta Ya!, la versión completa del mismo, una reimpresión (publicitaria) de un ejemplar de un periódico que se llama El Telegrama que es de 1896 y que lleva como encabezado: “José Asunción Silva no se mató sino que lo mataron”, y muchos separadores. Todos estos pequeños souvenires podrían salvar al montón si no fueran menos de la décima parte de todo lo que recibí. Además, hay que hacer hincapié en un hecho y es que estas cosas me sirven porque últimamente están muy cerca de mis intereses profesionales y académicos, pero ¿Qué tal yo fuera un visitante que va a la feria exclusivamente a compar un libro en especial y nada más? Estas cosas, como el resto (periódicos, material publicitario, programas, pequeños folletos, catálogos, grandes folletos, etc...etc.), pueden, sin ninguna clase de reparo moral, terminar en la basura o debajo de la cama. Así, queda demostrado que todo o que se puede recibir es, al menos potencialmente, basura.

 

Ahora me pregunto ¿Cuánto recogí? Después del primer día llegué a mi casa y pesé todo lo que indiscretamente coleccioné, el resultado: 3,41 kilogramos. El problema de los estudios cuantitativos es que para que dejen ver el fenómeno que hay detrás de las cifras, necesitan el apoyo de algún contexto, pues por sí mismas no revelan completamente la realidad que representan. ¿Qué significa ese 3,41kg? Para entenderlo es necesario conocer el peso de otras cosas más familiares: la Crítica de la Razón Pura de Kant, en editorial Porrúa, pesa 640g; Rayuela de Cortázar en Oveja Negra pesa 335g; una hoja de papel A4 de 80g/m2 (las más común) pesa 5g. 1kg es igual a 1000g, ergo, 3,41kg es igual a 3410g. En este sentido la ‘basura’ que recogí era equivalente a 5 1/3 críticas de la razón pura, 10 Rayuelas y a 682 hojas A4. Señor lector, sería como imprimir a una cara este pequeño escrito de dos páginas unas trescientas cuarenta y un veces ¿Qué haría usted con tantas copias? ¿A quién se las regalaría?

Volviendo a la realidad, recordemos las magnitudes del asunto original: fue sólo un (1) día y un (1) sólo pabellón... ¿Cuántas rayuelas podría conseguir si paseará por todos los quince (15) días de la feria del libro y por todos los veintitrés (23) pabellones? Por joder hagamos la cuenta. En primer lugar, hay un pabellón en el que no regalan basura (hay les dejo la intriga) y digamos que hay algunos donde no se recoge mucha, entonces dejémoslo en veinte (20) pabellones. La operación quedaría así: (3,41kg x 20 pabellones) x 15 días = 1125,3kg, es decir, 1125300g, o sea, 3359 Rayuelas, las suficientes para sacar un tiraje bastante grande de esta obra, para darle una a cada estudiante de ciencias humanas de la Universidad Nacional o para llenar unas seis (6) pequeñas librerías. Sin embargo, y será un poquito muy alarmante, las cuentas que acabo de hacer equivalen a una (1) sola persona que recoge basura... señor lector lo invito a que imagine las posibilidades, podría usted llevar a toda su familia. 

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