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Biblioteca Nacional, el sanalejo del saber.

Escrito por: Antonio Morales Riveira
Foto por: Rocío Mikulic || mosca_surrealista@hotmail.com

La Biblioteca se parece en su interior a un cuarto de sanalejo, a una especie de vientre de un buque sobrecargado que puede naufragar.

Si la nación es un todo, en la Biblioteca Nacional está todo lo que hemos vivido, pensado, sufrido, amado, soñado, creado. Toda la memoria de lo dicho, de lo escrito, de lo contado, de lo cantado, expuesta en anaqueles o apilada en cartones. A la mano y a la vista de quien quiera refundirse en los laberintos físicos de sus salas, corredores y pisos o en los espacios mentales y emocionales del conocimiento que espera latente en libros, periódicos, revistas y grabaciones.
La Biblioteca recibe día a día todo lo que se publica y edita en Colombia en materia de impresos y de grabaciones. Desde el libro más vendido hasta el último folleto publicado en un apartado municipio. Es el llamado Depósito Legal.
Corredores, cuarticos, escondrijos y hasta baños son hoy en día utilizados para almacenar los impresos y audiovisuales con el fin de incrementar la memoria cultural y garantizar su conservación. Todo se está llenando. Y, aunque debidamente preservados, los arrumes de textos invaden los espacios menos previstos. Al punto de que la Biblioteca se parece en su interior a un cuarto de sanalejo, a una especie de vientre de un buque sobrecargado que puede naufragar.
En materia de Depósito Legal de revistas y periódicos, la Biblioteca tiene aún “espacio” si se le puede llamar a eso hasta el último recoveco, para tan solo los próximos cinco meses. Después, literalmente, no cabrá un impreso más. Y en materia de libros, tan solo quedan disponibles seis anaqueles


El fallecido ex director Eddy Torres se asoma vestido de fantasma para darle más realce al tiempo transcurrido

El tiempo se agota y el edificio necesita ampliación o trabajos inminentes,además de bodegas con temperatura adecuada y medidas de seguridad contra eventos catastróficos, como terremotos o incendios.
En el mismo edificio está la reserva de copias de las ediciones, es decir el backup físico. De cada libro consultable por el público, hay una copia en reserva. ¡En el mismo lugar! Tanto como hacer un “backup” de computador de los “documentos” en los propios “documentos”. ¿Qué pasaría en caso de un terremoto en un edificio que no es sismo resistente? ¿La nación y su memoria despanzurradas entre las calles 26 y 24?
Al recorrer los pisos y las estancias de la Biblioteca, sobrevienen dos sentimientos. La admiración profunda por el legado de eso que llaman la patria, por los miles de días y noches de nuestros autores escribiendo realidades y ficciones, poetizando la existencia o contándonos de nosotros mismos, de nuestra flora, de nuestro imaginario colectivo.
Esa admiración que nace desde la vista de repisas y anaqueles, desde el olor a páginas, tintas y cartones. Y, de otro lado, el temor que produce saber que la Biblioteca está al filo de la navaja, no solo porque no le cabe ni un tinto, sino porque todo se puede perder en el mismo sitio… el mismo día.
Allí, en los 120.000 metros cuadrados de metáforas y parábolas donde inclusive el fallecido ex director Eddy Torres se asoma vestido de fantasma para darle más realce al tiempo transcurrido.
Y todo cada vez más apiñado y acumulado con cariño en cada piso. Como si el país ¿indolente? no quisiera ocuparse de un sí mismo que sabe a página. Hasta que el vaso se rebase y la memoria de una nación esté en peligro de extinción.

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