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Editoriales Independientes: el caso de la editorial Babilonia

Editoriales Independientes: el caso de la editorial Babilonia

Escrito por: Andrés Gulla-ván || fabian.gulla@gmail.com
Foto por: Angélica González || circe2310@gmail.com

Esa biblioteca que idolatré cuando era niño ahora me pertenece, está en mis manos; libre de tomar decisiones sobre ella. Cuando dejó de ser un decorado y se convirtió en un portal erótico tuve que tomar medidas. Algunos títulos los he desechado y otros se incorporaron: rústicos, con hojas manchadas o libros que padecen de alopecia. Esa literatura de sagas, de chismes políticos o espirituales, de autores mediocres y de temas banales fue la primera en desaparecer.
Pero la búsqueda de buenos libros es una lucha muy sufrida, hay que recorrer todos los espacios; desde el mundo donde se venden libros robados, hasta librerías tradicionales y las grandes cadenas donde se percibe que es «un mundo feliz», pero tras esa imagen se oculta una cara del capitalismo mordaz. Mi búsqueda fue un fracaso con tanta narcopolítica y revelaciones tántricas de calvos brasileros que no pudieron con el fútbol.
Es curioso que con la capacidad de adquirir autores y títulos para abarcar un mercado completo las editoriales grandes no logren satisfacer a todos los lectores, con ello surge una inquietud: ¿qué pasa cuando las grandes editoriales, las cuales parece que dominan el mercado, se quedan cortas en cuanto a la variedad y calidad de sus catálogos? La respuesta a esa pregunta llegó cuando encontré entre mi biblioteca un libro que parecía huérfano, un libro sin hermanos ni pares. Un libro de una editorial independiente. Estas establecen sus deferencias con respecto a los peces gordos industriales en que los independientes tienen ese nicho donde no hay libros para lectores cualesquiera.
Como una epifanía aparece en mi mente la silueta de un gato que reposa en el lomo de un libro: Opio en las nubes de Rafael Chaparro Madiedo, obra estandarte del espíritu underground, urbano, con lenguaje ágil y un tanto contestatario, sello en la colección narrativa. Este fue el libro que catapultó a la Editorial Babilonia, encabezada por Esteban Hincapié quien es fundador y editor de la misma.

Aunque el espíritu independiente sea grande, al igual que las editoriales industriales, estas se ven bajo las mismas reglas del capitalismo salvaje

Así que decidí buscar a Esteban con el objetivo de hallar una perspectiva sobre el negocio editorial en el país, visto desde el lado independiente y su experiencia adquirida.
Editorial Babilonia nace en 1999. La mayoría de sus títulos están en su colección de narrativa, entre los que se destacan: El siguiente por favor, de Íos Fernández; El rumor del astracán, de Azriel Bibliowicz; Un beso de Dick, de Fernando Molano Vargas; De música ligera, de Octavio Escobar y Opio en las nubes. En su mayoría, estos títulos tienen en común una fina hebra que les une: el amor. Sí, ese amor visceral, crudo y supurante que muchos hemos sentido y que incluso yo mismo sentiría unas horas después ese mismo día cuando encontré a mi Amarilla,mi A, en compañía de otro (pela)gato.
Al hablar de los títulos que le componen, se indagó en el negocio editorial que es calificado de azaroso por Esteban, debido a que el costo invertido en la producción no se ve retornado en la misma medida.
La diferencia fundamental entre una editorial pequeña y una industrial es el volumen: de títulos, de ventas, de tiraje, etc. Él dice que un catálogo no se puede sostener con la venta de uno o tres libros. Lo mínimo, para que una editorial pequeña se sostenga es que en su catálogo haya más o menos 15 títulos, dado que las ventas son bastante irregulares, ya sea por cosas mediáticas, por momentos coyunturales.
Sin embargo, Esteban también hace la salvedad de que no se puede medir el éxito de una editorial por la cantidad de ventas que se haga por mes. Puede que alguno de sus títulos solamente venda 2 o 3 ejemplares al mes pero, para él, el éxito recae en que esos títulos no se han dejado de vender en 10 años, lo que logra a fin de cuentas un reconocimiento de marca y devuelve el aliento al saber que sigue habiendo lectores para esos títulos.


Es necesario tener conocimientos de cálculo editorial, de microeconomía editorial,porque aunque el espíritu independiente sea grande, al igual que las editoriales industriales, estas se ven bajo las mismas reglas del capitalismo salvaje.
Mientras más costos fijos se puedan reducir, mejor. Es por eso que Esteban no tiene sueldo, y por lo que el diseño editorial y la corrección de estilo se terceriza en freelance. Sin embargo, hay un grupo de colaboradores que se ha mantenido desde el principio; ya sea como lectores o distribuidores.
Pero que sea pequeña no quita la valentía de imprimir por lo menos 1000 ejemplares de cada título. Y es que a pesar de que en el mercado hay la impresión bajo demanda, en palabras de Esteban, existe una especie de ficción alrededor de esta, pues la calidad se disminuye y el precio unitario se dispara.
En cuanto a los libreros y la relación particular que Babilonia tiene con ellos, se aprecia el trabajo de un buen librero dado el importantísimo papel que juega en la cadena de producción, distribución y mercadeo de los libros; a pesar de lo anterior, estos se han visto arrojados a tiempos muy duros en donde las grandes cadenas tienen sus propias librerías, marginando de a poco el espacio de las librerías tradicionales.
Y si los editores rebeldes no adoptan una posición al respecto de respaldo, el decaimiento del negocio editorial es inevitable. Lo mismo ocurre en cuanto al tiraje de libros que estas editoriales producen, según Esteban, «si yo como editor solo me preocupo por poner 200 libros para 200 lectores, debería revisar muy bien cuál es mi papel como editor».

El taxidermista había hecho un buen trabajo, pero Limón se percató de la ausencia de su
mejor amigo cuando este no miró al sol salir de su escondite.

Respecto al crecimiento del gigante de la industria, Penguin Random House, Esteban ve con buenos ojos la adquisición de Alfaguara, dado que considera que Random ha sido una empresa que ha sabido manejar bien sus procesos, y «creo que puede darle el peso a lo que es políticamente Alfaguara, es decir, tiene una serie de escritores que conducen la opinión de Latinoamérica, y eso hay que saberlo manejar. Mejor Random siempre que Planeta».
Le pregunté a Esteban su opinión sobre el precio de los libros en Colombia. El precio de venta al público de libros hechos en Colombia no le parece alto, lo que pasa es que hay una situación triste; los importadores que traen libros de España ponen títulos a $120.00 dados los impuestos, el cambio de moneda, fletes, etc. Lo que hay que revisar es qué función están teniendo los editores en Colombia al no tener la capacidad de negociar los derechos de esos libros para producirlos acá y así reducir costos. «Yo creo que los editores colombianos, me incluyo, no nos hemos arriesgado a negociar en el exterior los derechos».
En las palabras de Esteban, embarcarse en este proyecto editorial no ha sido ni sencillo ni de génesis exclusivamente de él, desde el principio ha tenido el apoyo de Luz Mary Giraldo, de Héctor Abad Faciolince, Rafael Chivatá, entre otros.
Lo nuevo que viene para esta editorial es una antología de poemas de Jim Morrison en nuevas versiones, hechas por Pablo Estrada y Phil Stoneman; así como canciones de Carlos Gardel presentadas como poemas y una versión de Una temporada en el infierno de Rimbaud.

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