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La Muerte recuerda colores y los libros alargan la vida

La Muerte recuerda colores y los libros alargan la vida

Escrito por: Sebastián Moreno || jsmoreno@hotmail.com
Ilustración: Retroxi Santana || retrooxisantana@hotmail.es

Pues, como todo empleado, La Muerte se ha visto obligada a buscar pasatiempos para sobrellevar la rutina

A la entrada de Auschwitz se erigía un monumento a la ironía. Una frase se forjó encima de las barras de hierro que aguantaban, por el momento, el espacio de la tragedia: Arbeit macht frei, El trabajo te libera. Ni siquiera la trabajadora más abnegada de este y otros campos —a quien rápidamente nombraron empleada del mes, del año, del siglo— podía decir que encontraba algún asomo de verdad en estos hierros torcidos.
Pues, como todo empleado, La Muerte se ha visto obligada a buscar pasatiempos para sobrellevar la rutina. Ella busca los colores que acompañan su diaria labor: identifica los grados de rosado, púrpura o amarillo que tiñen el cielo con cada trabajo bien hecho. También recuerda los blancos y los negros puros, que presagian eclipses. Sus jefes, unas criaturas monstruosas que en su fugaz paso por la tierra se han dedicado a refinar el arte de matarse unos a otros, en ocasiones la llenan de trabajo, y La Muerte debe encontrar un mejor pasatiempo.
Mientras la nombraban Empleada del Siglo, se encontró tres veces con una niña a quien vio crecer a través de momentos fugaces. En cada ocasión, ambas llevaban algo que no les pertenecía. En los brazos de La Muerte, un alma recogida antes de tiempo; en los de La Niña, un libro robado. Tres veces la vio, siempre con un color diferente: la primera en medio de un blanco infinito, con lágrimas de hielo en sus mejillas; en la segunda, en un rojo opaco, con un grito atorado en su garganta y un oso de felpa; la tercera, resurgiendo de una montaña de escombros, transformada por el polvo gris y por la pena.
Lo que La Muerte pudo saber mucho tiempo después fue cómo La Niña se convirtió en mujer. Cómo, sobre todo, aprendió a leer sus libros robados de la mano de uno de los encargos más escurridizos que recibió la diligente empleada. Un alma que se le hizo difícil encontrar, a pesar de estar marcada, como otras tantas, con una etiqueta que la hacía un trabajo de urgencia: die Juden

Autor || Zuzak, Markus
Título || The book thief
Año || 2007


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