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Necear

Necear

Escrito por: Andrés Gulla-Ván || fabian.gulla@gmail.com
Fotografía: Roger López || www.flickr.com/photos/roger_lopez


La misma noche que conocí a uno de los amigos más cercanos de Lorena, mi novia, también descubrí un bar bastante amplio de interiores rojos sobre la calle 76; allí, como un crisantemo en medio de ortigas, escuché por primera vez en escenario a Aleha Necia. Que se lee como aleja; y necia no es su apellido real.

En principio no supe qué hacía allí. Mis intenciones no iban más allá de tomarme par cervezas un miércoles por la noche luego de salir del trabajo. Lorena me llevó sin develar muchos detalles, salvo que conocería a un amigo de ella que pronto se iría para Albuquerque. Genial—pensé—, si se va para allá al menos debe saber quién es Walter White. Llegamos a la entrada de un bar y esperamos 3 minutos hasta que llegó, su nombre: Jorge.

Ese bar tenía paredes y luces, rojas todas que se fundían con la música de Audioslave y The Doors como preparación para el show de la noche. Aquel lugar tenía una tarima con pinta de teatro-cabaret, con mesas dispuestas para sentarse y beber y ver lo que fuera que saliese del escenario. Una voz de locutor de radio comenzó a repetir que pronto aparecería en escenario Aleha Necia para promocionar su nuevo video. Fue entonces cuando Lorena me explicó qué estábamos ahí porque Jorge actuaba en el video y para despedirse de él, quiso compartir sus últimos logros. Entonces, el telón se abrió y esa misma voz anunció a un mago. Sí, un mago. Con sombrero y guantes y trucos con cartas.

Entonces, el telón se abrió y esa misma voz anunció a un mago. Sí, un mago. Con sombrero y guantes y trucos con cartas.

Recapitulemos: estaba en un bar rojo, por la calle 76, en donde hasta el momento solamente se escuchaba rock, ahora estaba viendo los trucos de un mago. Bueno, esas cosas pasan. Este mago, cuyo nombre ni recuerdo, jugó con papeles y periódicos rotos; con cartas y narices de payasos. Sin siquiera tener mangas ni conejos debajo del sombrero; su más grande acto fue hacer que tres hombres, escogidos de entre el público y siendo unos totales desconocidos entre sí, pudiesen tocar con maestría una batería, una guitarra y un bajo, con el valor agregado de coincidir en perfecta sincronía en la misma melodía y con el mismo ritmo. Entonces, kazam! Apareció la cantante, o sea, Aleha Necia.

Tenía unos shorts, camisa desgarrada, medias de malla, ella es más bien pequeña, es decir, no mide unos espectacularmente colombianos 170 cms, pero se movía por la tarima como si dominase desde hace años ese sub-arte dentro de la música llamado presentación en público. De ese cuerpo un poco apretado salió una voz y una personalidad que envolvió el escenario. Y aunque en principio pensé que estaba nerviosa, luego digerí un poco mejor las ideas y llegué a la conclusión de que estaba ansiosa. Sí. Porque esa noche era la presentación de su primer video clip: Necia. La irreverencia y ese espíritu rocambolesco donde no se pone mayor atención al “qué dirán” era el aceite que lubricaba la noche. De golpe me sentí de nuevo invadido y motivado por la música rock. Tal vez, por mi reciente formación, la idea de que el contenido y la forma no se deben separar en las artes es lo que me llevó a prestarle atención a Aleha. Es igual de importante lo que se muestra y la forma como se presenta. Y aunque es arriesgado afirmar que la primera obra de un artista es una genialidad, pienso que la mezcla de su actitud rockera, sus letras que reafirman este concepto y la calidad de los músicos que le acompañan bullirá en un buen resultado a mediano plazo.

Entonces la busqué al final del show e intercambiamos números. Quedamos de vernos una semana después en el parque de El Virrey. Nos citamos un viernes donde Bogotá se sentía bastante caprichosa con su clima. Nos encontramos también con Roger, el fotógrafo que hizo estas tomas, y con plena naturalidad, 3 extraños que prácticamente se habían conocido en una estación de Transmilenio, comenzamos a charlar. Curiosamente, los tres íbamos de negro. De cuero y zapatos y botas de color negro. Como si el uniforme del rock como género cuasi-sectario hubiese sido el salto y seña para sintonizarnos en la misma estación.

Curiosamente, los tres íbamos de negro. De cuero y zapatos y botas de color negro. Como si el uniforme del rock como género cuasi-sectario hubiese sido el salto y seña para sintonizarnos en la misma estación.

Buscamos un lugar, en medio del pasto, donde los aficionados a atletas y gente que paseaba a sus mascotas e hijos no nos arrollaran. El sol brilló, para ocultarse y luego asomarse otra vez.

Jugamos a la entrevista a lo Jay Leno; y aunque nuestro sofá no era más que un montículo de tierra con buen pasto en la mitad del Virrey, hablamos casi de todo y de nada a la vez. Como a mí, Gulla, no me gusta el formato dialogado y transcrito de una grabación de sonido con Pregunta/Respuesta, trataré de resumir y ensalzar algunos apartes de ese pedazo de tiempo que hablamos.

Aleha nació en Bogotá, pero a los 3 años se fue a vivir a Medellín, porque su padre es paisa; sus abuelos maternos son pastusos. Tiene 25 años y dos hermanas menores. La vena artística y la música siempre estuvieron rondando por la casa; sus padres son actores, sus hermanas actúan, bailan y cantan. Su primer proyecto con un disco ya grabado era más bien pop; un EP con 4 canciones ajenas y una propia. Pero no se ha quedado quieta y con el lanzamiento de Necia (su himno), marca un segundo round en la categoría de los EP.

En su inventario cuenta algo más de 60 canciones, pero ella se preocupa por no componer exclusivamente en su género, sino en tener una flora y fauna más bien diversa. Porque por encima de todo, ella está integralmente dedicada a la música.

4 canciones propias de este EP llamado Necia, que nació como respuesta a una serie de críticas, con tintes autobiográficos; un par de esas canciones cuestionan a una persona en específico. Malpelo Films, una productora colombo-argentina, fue la encargada de realizar el video de Necia. Este video fue dirigido por Santiago Díaz Vence, y en él metieron la mano amigos y familiares de Aleha, con una producción de bajo presupuesto pero mucha disposición y esfuerzo del cual el goce es evidente.

Sus actuales necios, entendiéndolos como sus músicos son: bajista, David Santa; guitarrista, Daniel Pérez; baterista, Alejo Pacheco. Todos músicos con experiencia y fuerza, a los cuales se los ha topado con motivaciones cósmicas y con bueno frutos.

Ella dice “siempre me han gustado los tatuajes, y si tuviera muchas mudas de piel me la pasaría tatuándome”, al hablar de la rosa color azul que tiene en el antebrazo izquierdo y un gato atigrado que tiene sobre el pectoral izquierdo. La rosa azul viene de un bolero llamado motivos (“una rosa pintada de azul es un motivo”). Nos mostró el tatuaje de su gato, y Roger, ni corto ni perezoso, le pidió que se quitase su chaqueta de cuero y sacó algunas tomas.

siempre me han gustado los tatuajes, y si tuviera muchas mudas de piel me la pasaría tatuándome

Piensa que los artistas tienen la obligación de hacer que las personas se trastoquen con la música. Ya sea desde sensaciones positivas o no tanto, el artista genera algo en el espectador. El arte es el motor para que el mundo siga adelante y se perciba un poco más bonito.

A Aleha la vuelve salvaje una mente brillante (y no precisamente la película de Ron Howard). Una persona que logre excitar, despertar, el cerebro. La comida también la “salvajisa”, sobre todo la comida de mar por sus sabores y texturas. Un buen libro, cómo no.

Ella sí se fija en las portadas de los libros, pero apenas le llama la atención, se va a la sinopsis. Pero sobre esto, ella es una lectora de títulos, por eso no tiene una total definición de su “tipo de libro”, sino que es una consumidora de todo lo que se le atraviese y le llame la atención; desde literatura de calidad y de no tan buena, hasta libros de cocina, de dibujo, medicina y fotografía. Cuando era chiquita leía los libros de la colección Escalofríos. Cuando me reveló esto, un ventarrón nos heló un poco.

Y aunque a ella le encante el rock, le estresa el cliché. No soporta que se categorice en sexo, drogas rock n roll, pero no comparte esa manera de vivir ese estilo de vida donde la destrucción total se precipita. Aunque disfrute del sexo, pero no tan descontrolado. Porque el rock, según ella, es una actitud frente a la vida: “vivir, ser, poder ser y vivir tranquilo”. Por eso el proceso que actualmente vive con Necia, le ha aportado herramientas para crecer y vivir su vida como la quiere vivir; sin embargo, el camino es largo y se hace camino al andar.

Porque el rock, según ella, es una actitud frente a la vida: 'vivir, ser, poder ser y vivir tranquilo'.

Las nubes se pusieron caprichosas y en un árbol cercano a nuestro pedazo de pasto, una mujer con pinta extranjera y con vestiduras deportivas se bajó de su bicicleta todoterreno. Sin quitarse el casco, se sentó sobre las raíces y de su maleta sacó una pipa de vidrio. Una brisa espanta bobos comenzó a caer y ganar fuerza; la extranjera parió espesas nubes con olor a creepy; Roger, el fotógrafo, tuvo que guardar su instrumento; yo guardé mis cosas y encendí un cigarro; Aleha se puso su chaqueta de cuero. Sin huir como gatos al agua pero tampoco a paso lento, nos alejamos de ese montículo, de ese sofá, de ese escenario.

Ella se fue en buseta al norte, Roger en Transmilenio al occidente, y yo fui dirección al centro a pie. Sin remordimientos ni demasiados afectos. Con cierto aire grunge que es casi lo único que me inspira esta ciudad.

Una frase: Sin música la vida sería un error || Nietzsche
Una canción: Imagine || John Lennon
Un libro: El perfume || Patrick Süskind
Una película: El orfanato || Juan Antonio Bayona

*De momento Aleha no tiene “muso” (o mozo) que la inspire.

  • Fotografía: Roger López
  • Fotografía: Roger López
  • Fotografía: Roger López
  • Fotografía: Roger López
  • Fotografía: Roger López
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