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Réquiem de un Disco Eterno

Réquiem de un Disco Eterno

Escrito por: Camilo Moreno || camil69@hotmail.es
Fotografía de: Angélica Conde y Esteban Ramírez || dir.arte@revistaexlibris.com

‘Inspirar’ es una palabra difícil, me hace pensar en oraciones que quedan siempre a medio decir en nuestra cabeza, en frases que siguen sonando y que de algún modo estamos llamados a continuar. Me refiero precisamente a continuar un discurso, una historia o un poema, para efectos de esta nota, una canción:

Quiero hacer cosas imposibles...
¿Cómo cuáles? Dime Gustavo ¡Maldita sea!

Lo confieso sin temor ni pena: el trabajo musical de Gustavo Cerati me ha influido de una manera tan profunda que el mundo sería un paraje profundamente desconocido si en la vida no hubiese escuchado algunas de sus canciones. Quizá sea muy joven para decir esto y es muy probable que haya personas más autorizadas para decirlo. Sin embargo, “... ya es parte de mi ser”, cuando escribo es imposible encontrar alguna frase que no esté contagiada de al menos un matiz efímero de lo que hay en su música, cada palabra, gesto o metáfora es, en lo más profundo, un Deja vu. “Similitudes que soñás...” y sigo soñando, que encuentro cada vez que me releo y escucho una de sus canciones, incluso allí donde hago filosofía recuerdo siempre que “Todo es mentira, ya verás... la poesía es la única verdad”. Y todavía me pregunto ¿cómo es posible que el mundo quepa en una canción, un disco o una discografía?

'Similitudes que soñás...' y sigo soñando, que encuentro cada vez que me releo y escucho una de sus canciones, incluso allí donde hago filosofía recuerdo siempre que 'Todo es mentira, ya verás... la poesía es la única verdad'

Para responderme no encuentro otra herramienta que no sea la historia, y en este caso estoy hablando de su obra, de sus éxitos y sus fracasos totales. “Tal vez engaña...”. En todo caso, pienso en el tiempo en que hizo parte de la monumental Soda Estéreo y recuerdo sus grandes conciertos que no deje de reproducir en Youtube cuando apenas tenía 16 años y estaba en décimo grado. Ahora pienso en todas las historias que debe haber detrás de esos discos, de sus canciones imposibles que llegaron impredeciblemente al mundo como en algún momento lo creí. “Gracias totales” es el epílogo de Música ligera, una canción que perduraría en los reproductores Mp3 de nuestra generación y muy probablemente en las venideras. “Yo te prefiero... fuera de foco, inalcanzable” como el sueño que alguna vez tuve de hacer música como con la que comienza el álbum Sueño Estéreo. Debo decirlo, “pensé en escribirle...” es una de esas frases con las que generalmente comienzo las cartas que escribo de vez en cuando, pues en sí misma es la reminiscencia de un pasado que se confirma en las letras que lee el destinatario. La fuerza que se esconde en las melodías de esa época es de un color rojo intenso, por ello es inevitable escucharlas y cantarlas, y bailar con ellas y tirar con ellas. En fin, vivir con ellas.

Pero, como todo lo bueno, Soda Estéreo acabó y hoy puedo decir que Cerati, como todos los poetas, es un mentiroso. Al final no lo veremos volver.

Pero yo no llegué a su música por Soda, “Todo comenzó, en un cuarto que olvidé...”. Un día, en la misma época en que estaba tomando la decisión radical de estudiar filosofía, caminaba por la calle pensando en lo poco prometedor que se veía ahora mi futuro profesional. Ese día había tenido rencillas con todo el mundo... la vida de un aspirante a filósofo de clase media-baja es dura. El público caminaba normal, las dudas nublaban el mundo y francamente una canción no me salvaría. Pero “Todo me sirve, nada se pierde... yo lo transformo”. Sí, por cosas de la vida me topé con un amigo, Jeison Quica quizá, y me llevó a la terraza de su casa con media de Marlboro y una grabadora. La música de fondo era el último álbum en vida de Gustavo, su tal Fuerza Natural. En su momento fue grandioso, hoy, un poquito ya más grandecito, sé que no es gran cosa. Debo decir con pesar que está lleno de dos cosas: de lugares comunes y de experimentos fallidos. Pese a todo, cumplió su misión, guiarme al ritmo de este cantante.

Sí, por cosas de la vida me topé con un amigo, Jeison Quica quizá, y me llevó a la terraza de su casa con media de Marlboro y una grabadora. La música de fondo era el último álbum en vida de Gustavo, su tal Fuerza Natural.

“y... Gracias por venir... Gracias por venir”

Mi gusto musical no pudo despreciar canciones que aún hoy en día no puedo superar como Engaña. Recuerdo que es la primera canción que dediqué y espero que sea la última, porque de ella aprendí algo que no podré abandonar jamás: El amor es “...la verdad que más engaña saber”. La música de Gustavo Cerati, en su etapa de solista, suele ser recordada por ser cursi y aburrida, y no dudo que haya algo de eso, pero estoy seguro que hay mucho más. Quizá haya que pegarse un Paseo Inmoral y atreverse “...a girar como un reloj”, o dejarse tocar por algunos de sus temas más escondidos como Sulky: que “será la cura para todo... la cura para todo mal”

Pero todo esto sucedió tarde, cuando comencé este camino formativo Gustavo ya estaba en coma, y la versión que me creí de su accidente fue la que decía que había tenido un derrame cerebral por una mezcla de alucinógenos y medicamentos, en todo caso: una maldita mezcla de drogas. Realmente la muerte de Gustavo Cerati no me afecta mucho, ya era justo y necesario que abandonara esa muerte en vida que consiste en un respirador y mil sueros. Para mí el sentido del ser es el lenguaje, por eso ya no poder expresarse es estar muerto, por ende, siguiendo este razonamiento despiadado y filosófico, Cerati ya había muerto hace mucho. Pero hoy su corazón ha dejado de latir y esa es una razón suficiente para que yo escribiera estas líneas, es un motivo que considero válido para hacer este réquiem a un disco eterno que no dejará de girar en mi cabeza, cuyas repeticiones serán por siempre (Qué dulce condena) uno de los motores primarios que me conducen a la escritura.

Por último...
Soñé estar aquí, y no recuerdo despertar...


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