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Violines en el cielo (Okuribito)

Violines en el cielo (Okuribito)

Escrito por: Juan Carlos Lemus || elmohan@me.co
Ilustración por: Leslie Guzmán || lgguzmanc@unal.edu.co

Año || 2008.
Duración || 131 min.
País || Japón.
Director || Yojiro Takita.
Reparto || Masahiro Motoki, Ryoko Hirosue, Kazuko Yoshiyuki, Tsutomu Yamazaki.
Género || Drama. Música. Comedia.

Parece que el concepto muerte es, además de lo obvio, también universal al ser dejado por fuera cuando se habla de la vida. En la acepción común se le considera como su antítesis, y no como parte del mismo ciclo vital tan crucial como la misma concepción. Según se ve en la película, en el Japón, además de lo anterior, la partida final es vista como algo sucio e impuro. Sobre este asunto va este bello trabajo de Yojiro Takita.

Daigo Kobayashi (Masahiro Motoki) es un violonchelista que de repente se queda sin trabajo y decide dejar la ciudad y volver a su pueblo.

La metáfora del salmón, que tiene que nadar en contra de la corriente para volver a su origen y poder empezar el ciclo de nuevo.

La parte más empinada pasa por el trabajo que consigue —y lo que significa en su sociedad—. Él debe ocultarle su trabajo hasta a su propia esposa Mika (Ryoko Hirosue).

Takita, a través del protagonista, nos enseña que siempre es mejor superar el qué dirán y vivir la vida como viene. Algunas veces se deben hacer cosas que no son las planeadas o las deseadas, pero no por hacerlas estamos fallando en la manera en que nos enfrentamos a la vida y que las desiciones que se toman durante nuestro paso afectan a muchas más personas de lo que nos es evidente.

Al músico Kobayashi le toca hacer otro arte con las manos, en el cual su anterior oficio le ayudará:


ser el “empaquetador”, el embalsamador que prepara a los difuntos en su viaje. En Japón este trabajo es un arte antiguo llamado nokanshi que debe ser realizado con delicadeza, estética, manejo de los tiempos, finos movimientos y calma. Como en un concierto en donde el instrumento es más que especial para el escaso público que observa al intérprete con los nervios en primavera. Ganarse su aprecio es la satisfacción que le hace seguir adelante.

Como conflicto principal está en la relación —si se puede llamar así— que Kobayashi tiene con su padre.

El largometraje nos recalca que mucho de lo que somos, para bien o mal y a pesar de que queramos negarlo, está fuera de nuestro control siendo pues, las influencias culturales, familiares y hasta del paisaje que nos rodea externalidades que nos ayudan a definirnos.

Cambiarlas sí podemos, pero el trabajo es enorme y en muchos casos innecesario.

Por ahí algunos encontrarán que la película es demasiado sensiblera, con un trazo muy grueso en ese aspecto. Se puede criticar por el poco avance, o por sus «solo de cello y paisaje». Pero yo la disculpo porque la banda sonora que acompaña todo el tiempo no es menos bella que los paisajes y que hace de esta cinta algo a recomendar. Lo bueno que nos da supera con creces estos exceso del director. Además tiene un par de actores secundarios que le ponen buenos momentos como la dueña de los baños (Kazuko Yoshiyuki), el dueño de la funeraria (Tsutomu Yamazaki).

Si a vos te gusta el cine japonés y has visto ya varias cintas del mismo, esta película te gustará igual.

No es violenta, no es de suspenso y si más bien trata un tema casi intocable en cualquier cultura con un toque de humor. ¿Muy atrevido si la llamo tragicomedia? No creo. Ya queda en vos decir si te gusta esta forma de presentarlo.


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