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Cinalternativa: Ixcanul

Cinalternativa: Ixcanul

Escrito por: Juan Carlos Lemus || elmohan@me.co

Fotografía por: Alejandro Vásquez || alejandro.65@outlook.com

—Es tu hija. Tú no la enseñaste. ¡Resuélvelo!—
—Como siempre. Yo lo resuelvo —Juana

Ixcanul (Volcán) es la cinta guatemalteca que en la pasada edición de la Berlinale se llevó el Oso de plata Alfred Bauer como el film que abre nuevas perspectivas. En Colombia se acaba de presentar en el FICCI. La película comienza con un primerísimo primer plano en el que vemos a María —María Mercedes Coroy— y las manos de su madre Juana —María Telón— que la peinan y adornan. Manos que con delicadeza la cuidan y preparan: es su fiesta de matrimonio.

Jayro Bustamante explica: «Ixcanul es una palabra cakchiquel que significa la fuerza dentro de la montaña que hierve y busca cómo salir». El director usa pues al volcán como doble metáfora. Por un lado es la barrera, el confín allende del cual está la civilización, el lugar a donde se quiere llegar; y lo que hay en su interior representa la fuerza de estas mujeres indígenas.

La cinta muestra que nuestra cultura tiene este maltrato institucionalizado, en donde revelarse es una blasfemia. Un statu quo que clasifica a las personas con base en el tono de piel y el sexo. Entre más oscura menos valor, sumándole la tomasina idea de que si eres mujer, solo cobras alguna relevancia al casarte y cuidar de la familia. Sin que se note mucho este film nos recuerda que no hemos sabido soltar el fardo del pasado colonial que no nos deja caminar ligeros, al contrario, son las mujeres las que soportan con agrado el mayor peso de la carga.

Con la misma tranquilidad y pasividad con la que el abuso, la dominación y la normatividad masculina hoy se sostienen sin esfuerzo, vemos en el largometraje situaciones cotidianas donde estos comportamientos se hacen tangibles. María en el centro de una reunión familiar en la que ella apenas es convidada de piedra. Habla solo para responder y nunca se le pregunta qué es lo que quiere. María, igual, sí lo sabe. Su querer esta a muchos kilómetros de su casa. Las mínimas herramientas con las que ella cree contar sumadas a su ignorancia hacen que llegue a apostarlo todo.


Ahí cambia el peso del relato. En otro primer plano, vemos a las dos mujeres desnudas mientras Juana baña a María. Juana camufla sus penas con dureza y dulzura. La madre encaja el golpe y se sobrepone más rápido que ninguno. Ahora es a ella la que le toca jugar y empieza a mover sus cartas pidiéndole a la suerte que convierta errores en bendiciones que puedan espantar a las serpientes que los acechan. La suerte que no escucha ruegos: pierden todos. La casa gana.

Dolorosa metáfora que usa el director para significarnos lo dura que es la lucha por quitarse el fardo de encima en tanto que todo complota y pocos son los recursos con los que se cuentan para descargarlo y dejarlo a lado del camino. Sin ninguna educación, a punta de creencias y religión, seguro no será. Estás son las vacas muertas atravesadas en el camino.

Volvemos a la misma escena del principio, ¡qué viva la gatopardada! Que cambie todo para que todo siga igual. Después de verla te quedará a vos la pregunta, ¿cómo aprender a ser iguales salvaguardando las diferencias?, ¿cómo sabernos conservar sin aislarnos?

El director logra zafarse del cliché lastimero que ronda algunas producciones latinoamericanas. Sí, toca fibras sensibles, pero no sentís que te mete mano, no manipula. Logra pues, con delicadeza hacer de una historia local un dentro de la universalidad.

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Año: 2015
Duración: 100 min.
País: Guatemala
Director: Jayro Bustamante
Reparto: María Mercedes Coroy, María Telón, Manuel Antún, Justo Lorenzo
Género: Drama

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