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Winter’s bone

Winter’s bone

Escrito por: Juan Carlos Lemus || elmohan@me.co
Ilustración por: Juliana bermudez || jbermudezv@unal.edu.co

Año: 2010.
Duración: 100 min.
País: USA.
Director: Debra Granik.
Reparto: Jennifer Lawrence, John Hawkes.
Género: Drama. Thriller. Negro.

Ree Dolly —mirá a Jennifer Lawrence acá— es una chica de 17 años que está a cargo de su madre mentalmente enferma y sus dos hermanitos menores. Su padre dejó como fianza la propiedad familiar y para no perderla deberá presentarse en una semana en un juicio. Pero él es un ausente dedicado al negocio/consumo del cristal. Hasta ahí nada nuevo, y sin embargo, te diré que no es un juego de palabras decir que este metraje es cine negro montado en el contexto de la white trash.

En las sociedades patriarcales el rol de las mujeres está dentro de las casas y el exterior es dominado por los hombres. Winter’s bone nos sitúa dentro de las montañas de Missouri y Debra Granik hace que el frío se sienta a través de la paleta de colores. El metraje lleva la muida su expresión «América profunda» a un nivel menos básico del que estamos ya acostumbrados.

En las sociedades patriarcales el rol de las mujeres está dentro de las casas y el exterior es dominado por los hombres. Winter’s bone nos sitúa dentro de las montañas de Missouri y Debra Granik hace que el frío se sienta a través de la paleta de colores.

Embebidos en el paisaje, frío, amenazador, masculino, la ley es una fémina estricta que se encarga de ajustar las cosas que no funcionan dentro de esa red inextricable de lazos familiares. Remitirse a instancias civiles es impensable en cuanto sería ventilar cosas que se deben quedar dentro de este código de clan.

Ella, dentro la responsabilidad autoasumida por la ética del cuidado, debe enfrentarse a un mundo patriarcal y la cultura heredada del mismo, enraizada en esas montañas frías para encontrar a su padre. Meterse en los asuntos de los demás no está bien visto. «Nunca pidas lo que debe ser ofrecido», dice Ree a sus hermanitos y la desaparición de su papá pasa por romper ese código. Salvo su prima y a última hora su tío Teardrop —John Hawkes— le ayudarán.

«Nunca pidas lo que debe ser ofrecido», dice Ree a sus hermanitos y la desaparición de su papá pasa por romper ese código.


Parafraseando a Luís Vega Reñon, las delicadas metáforas del lenguaje fílmico nos ayudarían a entender las conceptualizaciones de los accionares de una cultura. En una escena una anciana canta y el banjo, la guitarra y el violín, tocados por hombres, la acompañan. Porque son ellas las que saben poner la cara. Las que soportan todo ese andamiaje del patriarcado, llevar la casa, alimentar y educar a los niños, cuidar de los viejos. Ellas, las que defienden a sus hombres y a las que les toca hasta arreglar las cagadas de estos que deberían ser sus guardaespaldas. ¿Qué sería de esos instrumentos sin la voz de la cantante? La manera de escapar a tanta miseria a través de la música, ¿y quién canta acá?

Porque son ellas las que saben poner la cara. Las que soportan todo ese andamiaje del patriarcado, llevar la casa, alimentar y educar a los niños, cuidar de los viejos. Ellas, las que defienden a sus hombres y a las que les toca hasta arreglar las cagadas de estos que deberían ser sus guardaespaldas.

Ree es una revolucionaria, la tarea emprendida es disrutora en tanto que para llevarla a buen puerto no se deja aplastar por los pecados de su padre o por el nihilismo de su tío y poco le importa tocar hasta al abuelo, el anciano venerado. Allí está la misión más grande y menos obvia.

La película tiene un ritmo pausado. ¿otra metáfora? Las mujeres han sabido llevar su revolución por la igualdad de derechos de una manera simple, sin violencia física y sin tanta alharaca; así y todo, desde hace unos 300 años no han parado de conseguir logros. Algunas de ellas criticarán esa lentitud y reclamarán acciones más decididas en tanto que falta mucho camino por recorrer, sin embargo serás ciego si no lográs ver los resultados palpables de su incesante contender.


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