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Editorial 148: Música

Escrito por: Carolina Patiño Cuéllar || caro.p.cuellar@gmail.com
Fotografía por: Esteban Ramirez

Vacilemos un bembé en el cumpleaños 23 de Exlibris, quien pregona y utiliza las palabras de María del Carmen Huerta y, en consecuencia, dice:

Música que se alimenta de la carne viva, música que no dejás sino llagas, música recién estrenada, me tiro sobre ti, a ti solo me dedico, acaba con mis fuerzas, si sos capaz, confunde mis valores, húndeme de frente, abandóname en la criminalidad porque yo no sé nada y de nada puedo estar segura, ya no distingo un instrumento sino una efusión de pesares y requiebros y llantos a grito herido, transformación de la materia en notas remolonas, cansancio mío, amanecer tardío, noche que cae para alborotar los juicios desvariados, petición de perdón y pugna de sosiego. [...] Y que lo bailen todos, los quiero ver zapatiar sin esperanzas: que el ideal de la vida se reduzca a dar un tanguito elegante para cerrar pieza, y esperar que coloquen responsable melodía. La rumba está que no puede más.

Y que la lean todos, los queremos ver pestañear sin certidumbre, hundirse en las referencias, no permitirse leer sin hacer la tarea de poner el soundtrack respectivo al artículo. Porque en medio de esta labor, la de escoger (aunque nunca quisimos) en medio del cosmos musical sus representaciones en imágenes y palabras, estamos desnudando cada partecita que hay dentro de ExLibris, cada una de las personas que están detrás de los nombres de ‘colaboradores’ que ven en la página siguiente, se están atreviendo a compartir cuál es su suin, porque sí, escribimos sobre lo que nos gusta y desde nuestra experiencia.

Cobijándose en las palabras de nuestra siempreviva, ExLibris es acá un instrumento más de la gran pieza, una transmisora, puerta entreabierta en cada hoja.

La música es la labor de un espíritu generoso que (con esfuerzo o no) reúne nuestras fuerzas primitivas y nos las ofrece, no para que las recobremos: para dejarnos constancia de que allí todavía andan, las pobrecitas, y yo les hago falta. [...] La música es cada uno de esos pedacitos que tuve en mí y los fui desprendiendo al azar. [...] La música es la solución a lo que yo no enfrento, mientras pierdo el tiempo mirando la cosa: un libro [...], el sesgo de una falda, de una reja. La música es también, recobrado, el tiempo que yo pierdo. Me lo señalan ellos, los músicos: cuánto tiempo y cómo y dónde. [...] Ellos llevan las riendas del Universo.

Lectores rockeros, salseros, clasiqueros, punkeros, tangueros y todos los demás, solo hay una orden: sigan pa’dentro, ¡a escuchar y bailar ahí na’má!

***Exlibris encontró las palabras de esta siempreviva en las hojas de ¡Qué viva la música! de Andrés Caicedo, libro de tapa azul con manchitas de los colores otoñales, editorial Norma 2001, 24 años después de su publicación original.

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