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El Violín Rojo

El Violín Rojo

Escrito por: Juan Lemus || elmohan@me.com
Fotografía por: Angélica Conde || www.behance.net/AngelicaConde

La música, mi mayor pasión, adelantándose por pocos metros al cine. Hoy una relación irrompible. Consideré apropiada El Violín Rojo para aproximarme a dicha relación, en tanto que la historia de este instrumento en la peli nos trasluce, muy sutil, la propia importancia de la música en nuestras vidas.

La película arranca en el taller de un artesano en alguna república italiana en 1681. Nos muestra el proceso de concepción, el trabajo duro, paciente y a veces ingrato para lograr un instrumento perfecto. Los dolores del parto. Las manos del gran maestro son las encargadas de darle el toque definitivo mediante el color con que pinta el violín. De allí, en un recurso usado por el director a lo largo del metraje, saltamos al presente y la intriga aumenta. El artefacto tiene hoy más pretendientes —viejos y emergentes— que nunca.

El director narra 300 años de historia del Violín Rojo, allí está la metáfora donde intuimos las diferentes formas de relación con la música. En el fondo, una relación de sumisión. Ya sea pobre o encopetado, sea escucha o intérprete; que ante la belleza de este instrumento casi divino y con un halo de magia no logra resistencia. En ese lapso de tiempo en el que cambiamos el mundo tantas veces, la música usa nuevas ropas para seguir impertérrita a nuestro lado en toda actividad. Como la diosa que está para acompañarnos y asistirnos.

Desde la adoración a Dios en un monasterio austriaco en donde el Violín Rojo es instrumentalizado por la música para materializarse, la diosa secular profana sin violencia el templo del Dios cristiano, haciendo inclinar a quienes tienen la osadía de tocarlo; hasta las nuevas ideas del hombre, el apogeo de la Modernidad, y el violín que llega al subsuelo acabando su voz.

El silencio nos recuerda que él comparte lecho con ella y nos dice que la música nos posee, no al contrario, es ella la que escoge la vía que hace posible relacionarnos.

En lo sinuoso de la vida, la música se despierta y Violín Rojo vuelve a levantarse. Llegamos con el violín y sus nuevos encargados a la Inglaterra liberal. Qué mejor compañera en el paso a la mundanidad. La música, sin importar el fin nuestro, siempre eleva el espíritu, y en ese tiempo es ya menos sacra, más terrenal, más fiestera. Se convierte en lujuria, libertad: vida. Allí, entre fiestas ella conoce a quien la domine, o al menos a alguien de suficiente capacidad para verla a los ojos y sostenerle la mirada. ¿Por cuántas manos no pasa este violín en su periplo hasta llegar a las correctas, a las que lo hicieron famoso? Así nacen las leyendas, cuando la música se encarna y le da a su poseso el regalo de la inmortalidad del que ella es una de las garantes para los no dioses.

La rueda de la vida sigue y el Violín Rojo conoce desde la China comunista, en donde se le desprecia por ser él una de las externalidades del anterior invasor occidental —condenado al aislamiento para salvarse de la muerte—; hasta la otra cara de la misma moneda, en la cual las bellezas de este mundo son habilitadas de acuerdo con el dinero de cada quien: Canadá y él en una subasta. Con delicadeza, la cinta habla de la relación de amor y odio que esta diosa tiene con el dinero. El mismo que por exceso genera solo copias de lo verdadero, de lo bueno o que por defecto puede hacerla marchitar. Pero hay trucos, seguro, y con la música pasa como con la vida. Hay que saber tener fortuna, que no siempre es sinónimo de dinero pero que caminan bien juntos.

La música encuentra la forma —de la mano del destino del Violín Rojo y a pesar de registrar dos nuevos giros que su creador nunca imaginó— de cumplir el deseo original para el que fue hecho: ser el regalo para un hijo amado haciendo que siga la música.

Dirección: François Girard
Título: El Violín Rojo
Género: drama; intriga; música
Reparto: Samuel L. Jackson, Greta Scacchi, Jason Flemyng, Colm Feore, Carlo Cecchi, Irene Grazioli
Guión: François Girard, Don McKellar
País: Canadá
Año: 1998

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