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Alabaos, ritos de la muerte en el pacífico colombiano

Alabaos, ritos de la muerte en el pacífico colombiano

Por: Flor Méndez ||
Ilustración de: Lucia Diego

La muerte, ‘la parca’ o ‘la negra’ como algunos le dicen, se considera un tema fundamental en las prácticas culturales de cientos de comunidades alrededor del mundo. En México, Bolivia y otros países de Latinoamérica, el día de los muertos, por ejemplo, es una conmemoración multicolor llena de cantos, bailes y ritos religiosos. En el pacífico colombiano, a pesar de que esta conmemoración no hace parte de la tradición establecida, se realizan una serie de ritos mortuorios acompañados al son de los cantos (alabaos) entonados por mujeres.

Los alabaos son cantos fúnebres, entonados durante la velación y, en el último día del novenario, para despedir al difunto o ‘finado’. A su ritmo, hombres y mujeres se alegran por la partida del difunto hacía el reino de Dios, a pesar de la tristeza de su ausencia. Es el claroscuro de la vida y la muerte representado en la música. Se trata de una composición dialogada y cantada que se emplea para alabar a Dios y a los Santos, especialmente en comunidades afrocolombianas del pacífico. Los alabaos son el resultado de la adaptación y apropiación de las poblaciones afrodescendientes que habitan el Chocó; por ello, conservan elementos españoles y africanos. Así, los cantos gregorianos, la letra inspirada en romances y coplas de antigua poesía popular hispánica más los matices,
sentir e inflexiones vocales característica de los cantos negros, resultó en los alabaos. 

A su ritmo, hombres y mujeres se alegran por la partida del difunto hacía el reino de Dios, a pesar de la tristeza de su ausencia.

Llegaron a Colombia desde la época de la colonia pues cientos de africanos fueron extraídos de diferentes regiones y etnias. Los imperios franceses, españoles, ingleses, entre otros se encargaron de esclavizarlos y transportarlos a diferentes colonias. En nuestro caso, España necesitaba mano de obra para explotar las minas de oro existentes en el territorio de la Nueva Granada. Así, arribaron a Cartagena africanos jóvenes con diferentes lenguas, costumbres y algunas enfermedades contraídas en el camino.

Obligados, de esta manera, a dejar de lado sus manifestaciones culturales y cosmogónicas para adoptar la religión judeo-cristiana como prisma en la interpretación del mundo; los africanos provenientes de diversas etnias y regiones de áfrica subsahariana transfiguraron su relación con la religión.

Según Manuel Zapata Olivella, hubo varios elementos que permitieron la pervivencia de tradiciones, aspectos espirituales y culturales para las comunidades africanas. En primera medida, la importancia de la vida, pues el individuo nace con un compromiso con sus ancestros y con el mundo. Asimismo, la conexión espiritual con ellos y la preponderancia de los abuelos, ya que ellos son los depositarios de la experiencia milenaria. Por último, su ubicación frente a la naturaleza: “el sistema religioso africano considera al individuo en una posición igual a las distintas formas de vida: animales, seres humanos vegetales; a las cosas que le sirven: tierra, agua, aire, fuego, estrella. Y a los muertos.”

Sin embargo, los africanos tuvieron que lidiar con la ausencia de sabedores ancianos en el territorio. Ello no impidió que la música se cantara y bailara en el territorio. La música constituyó un espacio de libertad, afirmación étnica y cultural que se encuentra vigente hasta hoy en día.

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