Rebelión capilar

Cuento escrito // Andrés Gulla-Ván //http://cogito-ergo-existo.blogspot.com/

Adaptación e ilustración comic // Bimtav Illustration // http://bimtav.deviantart.com/

Su vida había empezado en la muerte. Despojos orgánicos amasados por millares durante años, y todos semejantes, tan iguales, hermanos sólidos nacidos de queratina. Y entre ese abultamiento, Él despertó. Él es un cabello, un pelo, un hilo en la cabeza cuyo destino es nacer, crecer, crecer y crecer más para luego ser cortado y recortado, arrancado con un cepillo o caer de manera natural. Él no tiene nombre ni identidad, porque con tanto pelo es descabellado nombrar a cada uno de los 150.000 residentes en la cabeza de Jairo, el único con nombre en la historia.

Él no hacía otra cosa que bambolearse, junto a sus hermanos y hermanas, al ritmo que viniera en la vida de Jairo. Porque todo lo que Él podía hacer y aspirar estaba atado a la magna voluntad del hombre al que se encontraba enterrado. Siempre lo mismo: agua; shampoo; un trapo húmedo; a veces gel, a veces un gorro, a veces nada; sol, mugre, viento; manos grasosas, manos sucias, manos limpias; más agua, pero no tanta; sudor; otro trapo; un gorro de lana para el frío, a veces uno de látex para el cloro; aire caliente en exceso, viento frío a las malas; y para terminar, aplastado contra una almohada esperando al amanecer. Nadie chistaba, ninguno dentro de los miles se negaba a la monotonía diaria.

Él estaba cansado de eso, de ser pero no ser.  De estar pero no contar. Quería zafarse de ese miserable destino y que la suerte tomara partido, que no le ignorara. Deseaba dejar la angustia de no ser una de los 30.000 almas capilares que cada mes abandonaban el cuerpo de Jairo. En el fondo lo deseaba, irse, dejar todo así y arrojarse al olvido profundo de la única persona que podría reconocer su existencia. Entonces supo lo que quería.

Para no ser olvidado debía vivir. Desprenderse de ese cúmulo de células muertas que tapan el cuero de Jairo, era la prioridad. ¿Pero cómo destacar entre miles que son exactamente iguales? El complejo de cebra lo invadió a ÉL. Decidió pegar el resto de un hermano que voló cerca de su larguirucho cuerpo y se unió a la pandilla de la horquilla. Y sí, valiente gracia pasar de un aglutinamiento a otro, pero al menos era un grupo con menor población.

Sin embargo, Él no soportó por mucho el problema de bipolaridad de sus compañeros y se abrió. Fue friz pero mientras más se paraba, más peligro tenía de ser arrancado. No fue posible estar reseco dadas las buenas condiciones y acicalamiento que tenía Jairo. Desesperanzado, Él hizo lo único que podía. La última idea en su último intento antes de echarse al olvido, se volvió cano.

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Anfibio: los ritmos del río en la ciudad

 

Escrito por // Ana María Oramas //anamoramas@facebook.com

Ilustración 1// Katherine Casallas

Ilustración 2 // Carolina Alarcón //http://www.flavors.me/caroal

 

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Anfibio es una nueva generación de músicos enraizados en el folklor del Magdalena y estudiantes de música clásica y jazz de Bogotá. Confluyen en un mismo lenguaje musical ritmos tradicionales de la Costa Atlántica, como la cumbia y la champeta, con géneros urbanos como el reggae, el rock y las tendencias electrónicas. Espíritu festivo, ritmo provocador, letras satíricas y riqueza instrumental, incitan el inevitable deseo de movimiento corporal.

[box type=»bio»] Ex-Libris lo invita a que escuche sus canciones en la fan page de Facebook: Anfibio Música» [/box]

 

 

 

Documental. A la Deriva

A la deriva

En 1999 vino la crisis del Hospital San Juan de Dios, dos años después sale el último paciente. Sin embargo, los trabajadores nunca fueron despedidos. A la deriva cuenta cinco estrategias de resistencia, llevadas a cabo en estos trece años por las y los trabajadores del Hospital San Juan de Dios y el Instituto materno infantil.

Es un documental realizado por Laura Díaz y Sara Trejos para Revista Ex-libris y la Universidad del Rosario.

VER DOCUMENTAL EN YOUTUBE:

 

Ex-Libris editando cultura 20 años

 

 



 

Escrito por Carolina Patiño  ||  caro.p.cuellar@gmail.com
Ilustrado por (arriba) Carolina Alarcón  ||  www.flavors.me/caroal
                           (abajo) Camilo José Rivera  ||  camilojosegrafico@gmail.com

 

Ex Libris editando cultura 20 años. Entre tantos libros, premeditados, re-editados e hiper promocionados y el tibiritabara de nuestra edición: aquí hay subversión, reinvención, y cambio de percepción en la Feria.

¿Qué cambia y que permanece? Como con el conocimiento: permanece el contenido y cambia la forma. Aunque las formas dan la impresión que el contenido cambia, hacen divertida la experiencia. Sabemos en el fondo que todo es lo mismo: ilustradores, escritores, feria. Jefes psicorígidos, dementes, cafeinómanos. Miembros antiguos, nuevos, híbridos. Textos sobre libros, gente, literatura. Ediciones con las ratas, sin las ratas, extrañando a las ratas. Papel amarillo, papel blanco, papel brillante. Secciones que van y vienen haciendo honor al afán que tenemos —léase: nosotros los seres humanos— de clasificarlo todo, como si se nos olvidara que siempre habrá una brecha que no se pueda organizar.

No sabemos el destino de cada pedacito de tinta y papel después del “¡es gratis!” y la sonrisa del lector. “Si lo miras con cuidado, es gracioso. Parece ayer cuando me decías que no lo lograrías y hoy puedo mirarte a los ojos para responderte simplemente con una sonrisa” le decía David Sánchez a Ana Carolina Ossa en la edición 129 el año 16. Ahora, y gracias a exlibrianos como ellos podemos vanagloriarnos de veinte años, aunque irreductibles en estas páginas, con la garantía de veinte mil o más ojos que han formado parte de este proyecto interuniversitario e interdisciplinario, ahora más real y vivo que nunca.

 

Yo también tuve 20 años
y un corazón vagabundo,
yo también tuve alegrías
y profundos desengaños.

Yo también tuve 20 años
que en mi vida florecieron
20 años que a mí llegaron
se fueron y no volvieron.

Por eso desde la cumbrede
mis ardorosos años,
miro pasar hoy la vida
sin que me haga bien ni daño,
porque tuve la fortuna
de vivirla sin engaños,
para contar sin nostalgia
que también tuve 20 años

Autor: Jose A. Morales

Ritmo: Bambuco

 




“Seguí con el periodismo porque ahí no engaño a la gente”: Jorge Consuegra

 

El periodista cultural Jorge Consuegra, habla de literatura y sobre su experiencia en los medios de comunicación.

 

Entrevista por Jorge Marciales Acosta  ||  elgeorges-10@hotmail.com
Fotografía por Andrés Barriga  ||  www.cargocollective.com/abarriga 

 

Jorge Consuegra es uno de los periodistas culturales de mayor reconocimiento en el país, ha trabajado en medios como El Tiempo, Caracol y El Espectador. Actualmente es docente en la Universidad Externado de Colombia, dirige la Agencia de Noticias Culturales y codirige la revista “Libros & Letras”.

Nació en Bucaramanga, estudió publicidad y se especializó en mercadeo, sin embargo pocas veces ejerció esa profesión por considerarla engañosa. En febrero de este año publicó su más reciente obra “Bogotá Curiosa”, ha escrito tres libros y lleva más de cuarenta años dedicados al periodismo.

Aunque afirma que hacen falta más políticas que incentiven el desarrollo de la cultura en el país, defiende el esfuerzo realizado por instituciones como La Cámara Colombiana del Libro. Amante de la lectura, ve con optimismo el futuro de la literatura nacional, admira a Gabriel García Márquez y prefiere no leer a Paulo Coelho.

Siendo usted publicista, ¿por qué decidió ejercer el periodismo?

A lo largo de la carrera me di cuenta que buena parte de los productos son engañosos, la publicidad es mentirosa, como lo que está pasando hoy con Revertrex de la señora Amparo Grisales. Este país tiene engaños políticos, económicos y sociales, seguí con el periodismo porque ahí no engaño a la gente.

¿Cómo incursionó en el periodismo?

Yo empecé desde muy joven haciendo periódicos en el colegio y en el barrio, inicié profesionalmente en La República, después pasé al Espacio, trabajé como corresponsal en Vanguardia Liberal, también en El Tiempo y en El Espectador, siempre como reportero o cronista, muy pocas veces en televisión.

¿Qué características debe tener un buen periodista?

Un buen periodista tiene que estar leyendo todos los días cualquier tipo de panfleto, volante, comunicado, diario o semanario. También debe estar metido en el BlackBerry mirando lo que dicen revistas como Semana, porque o si no cómo se entera de lo que está pasando, pero fundamentalmente tiene que leer incansablemente.

¿Cuál es la función de un periodista cultural?

Es la más complicada de todas. Un periodista judicial, económico o político, está prácticamente recreando actitudes y hechos, por ejemplo si subió o no el dólar, mientras el periodista cultural tiene que estar moviendo todos los días la parte intelectual, creadora y creativa. Por eso es que los gobiernos no apoyan muchas veces el mundo cultural, porque cuando un pueblo se desarrolla intelectualmente es considerado peligroso.

¿El periodismo cultural está en decadencia?

No es que esté en decadencia, sino que se estanca un poco y al estancarse obviamente no está avanzando como debería.

Todos los días hay un nuevo obstáculo, es necesario crear nuevas opciones para que la gente tenga una revista, que pueda entender porqué García Márquez es el escritor vivo más importante de la tierra o porqué Rodín esculpió El Pensador. A mí de qué me sirve si el dólar subió o bajo, es muchísimo mejor tener el conocimiento a poseer un cerebro vacío.

¿Cree que existe una política excluyente para la cultura en los medios de comunicación?

Sí, absolutamente. En los noticieros 90% o 95% para ser ambiciosos, es política, economía, deporte y entretenimiento, mal llamado farándula o espectáculo, que es más “farsandúla” que otra cosa. ¿Cuántos centímetros le dan a la cultura periódicos como El Tiempo o El Espectador? Todo lo reducen a unas pocas páginas, es totalmente excluyente.

Culturalmente, ¿qué es lo que más ha afectado al país?

Lo que ha sucedido en los últimos ocho años con la política es que hubo primeras planas o titulares de los noticieros hablando de chuzadas, falsos positivos, desarmes inexistentes, sin quitar su importancia le quitaba espacio a hablar y discutir de cultura. Hay unas grandes cortinas de humo que preocupan muchísimo, porque detrás de ellas hay otra historia que no se ha sabido contar.

Es claro que las nuevas tecnologías han facilitado el acceso a la comunicación, pero, ¿han traído también aspectos negativos?

Claro, como la soledad, hay muchachos que se dedican 4 o 5 horas a chatear con sus amigos, estar en Facebook o mandar mensajes por Twitter. El cerebro se acostumbra únicamente a un pequeño aparato que cabe escasamente en las manos, se les olvida dar un abrazo y compartir con la gente.

Por supuesto que yo me puedo conectar en este instante con Camberra en Australia, pero es un oficio de la absoluta soledad y es gravísimo que suceda eso.

¿Por qué cree que la mayoría de los colombianos son indiferentes hacia la lectura?

Porque no hay políticas de gobierno que creen hábitos de lectura, José Vasconcelos que fue el ministro de cultura en México durante los años 30 del siglo pasado, insistía en la producción de libros y de cultura. En Cuba la obra completa de Alejo Carpentier, los doce tomos, pueden estar costando 70 mil pesos, mientras que en Colombia está alrededor de los 300 mil pesos.

En Cuba, Argentina y especialmente en México, los libros son más baratos porque hay más planes de gobierno.

¿Qué importancia tienen para usted las revistas o publicaciones independientes como Ex-Libris?

Qué bueno que Ex-Libris ya no es únicamente en la Feria del Libro, deberían sacarla durante todo el año, ojalá pudiera ser publicada cada mes. Libros & Letras es mensual, se imprimen cinco mil ejemplares y se le regala a la gente, porque ya es complicado comprar El Malpensante o la revista Número que superan los 7 mil pesos.

Túnel de Montería o Puesto de Combate, que son excelentes publicaciones, tienen dificultades económicas. Ojalá el gobierno destinara mensualmente un millón de pesos a las revistas culturales para que pudieran salir, pero a ellos no les interesa la posibilidad de que haya cultura gratis.

¿Ve un buen futuro para la literatura colombiana?  

Por supuesto, hay gente que es muy disciplinada como Juan Gabriel Vásquez o Alfonso Carvajal que ha escrito “Pequeños crímenes de amor”, una colección de historias muy buena.

Hay un tipo que desafortunadamente murió y para mí es el mejor escritor después de García Márquez, se llama Mario Escobar Velásquez, escribió “Muy caribe está”, una novela fascinante. Hay una buena producción, ésta generación hace buenas novelas.

¿Cuándo descubrió su amor por la lectura?

Gracias a dos profesores, el primero fue Medófilo Medina que dictaba literatura en el colegio y nos puso a leer “La mala hora” de Gabriel García Márquez e interpretaba la lectura en voz alta, fue maravilloso. El otro se llamaba Nazario Silva, profesor de filosofía que nos enseñó la etimología de las palabras, cómo nacen del árabe, del hebreo, del sánscrito y del chibcha, todos los días yo descubría cómo apareció la palabra.

¿Cuál es su escritor favorito?

Clarice Lispector o Machado de Assis, para mí uno de los mejores escritores de toda la vida. Llevo cuatro años dedicados a leer novela negra, como Connolly y Agatha Christie, creo que esto es la literatura estructuralmente perfecta, no por el morbo del asesinato sino la forma como se estructura la novela, los personajes y la minuciosidad en el detalle, es simplemente fascinante.

¿Lee a Paulo Coelho?

Eso es subjetivo, lo que yo siempre he dicho es que uno debe ser profesional en la escritura, yo veo que no es un escritor profesional en cuanto que sepa estructurar bien una novela, él repite escenarios, personajes, teorías casi idénticas y a mí no me causa satisfacción. Me gusta leer a Kafka, a Juan Carlos Onetti, Jorge Amado, Clarice Lispector, pero Paulo Coelho no me produce nada, entonces para qué voy a leer algo que no me satisface intelectualmente.

¿La Feria del Libro, realmente es accesible a todo el público?

Yo soy el enamorado número uno de los libros, defiendo a la Feria del Libro porque me parece extraordinaria, apoyo el esfuerzo que hace Enrique Gonzáles Villa con la Cámara Colombiana del Libro y el de las editoriales para alquilar espacios y poder vender. Lamentablemente entran 420 mil personas en una ciudad que tiene siete millones de habitantes.

El ingreso a la Feria tiene que ser más fácil, que la gente entre gratis todos los días o por lo menos la entrada debería costar 3 o 4 mil pesos. Si yo pago 12 mil pesos y tengo dos hijos me toca con mi esposa pagar 48 mil pesos tan sólo para ingresar, con eso me compro dos libros en la Librería Lerner.

¿Qué lo incentivó a escribir “Bogotá Curiosa”?

Querer a Bogotá. Yo soy de Bucaramanga y debí haber escrito “Bucaramanga Curiosa”, pero llevo viviendo más de 30 años en la capital y le debo mi familia, mi profesión, la cátedra y mucho más.

Yo soy un peatón todo terreno y me encanta recorrer la ciudad, preguntar todo, sacar fotografías, ver los edificios, observar la figura de los cerros tutelares desde la Universidad Externado de Colombia. En ocasiones uno alcanza a ver los nevados al fondo de la Sabana, esta ciudad es bellísima tiene curiosidades y contradicciones.

 

Geografías invadidas

 

 

Escrito por Carlos Fino  ||  carlos.fino@revistaexlibris.com
Ilustrado por Carolina Alarcón  ||  www.flavors.me/caroal 

 

La primera obra que vi de Camilo Bojacá fue Babel, una alucinante puesta en escena donde aparecen los elementos de una metrópolis imposible que se dibuja ante la mirada del espectador. Babel combina técnicas contemporáneas, como video instalación, con rudimentarias, como el dibujo en off e in situ. En esta línea el bogotano presentará, en mayo, en el Espacio cientouno, una serie de grabados titulados “Geografías invadidas”, donde la reflexión sobre la creación y puesta en cuestión de espacio vivido e intervenido será el tema que interpela al espectador. Es una invitación a la alucinación espacial: interviene espacios comunes en varias metrópolis con personajes de la ficción, desde los más dulces hasta los más sórdidos, recalcando la interrelación entre el espacio imaginado y el vivido.

 

¿Usted baila cumbia?

 


Escrito por Juliana Peña  ||  juli_p19@hotmail.com
Ilustrado por Zamir Bermeo  ||  www.zamirbermeo.com

 

Él va hacia la Séptima, ella tiene entradas para el Teatro Jorge Eliécer Gaitán, ellos están en el parque Simón Bolívar, yo llego a la Media Torta y todos vamos a Colombia al parque en su VIII versión, un evento que se llevará a cabo del 21 al 31 de mayo. Éste festival nace en el 2003 por una fusión del Festival de Música Colombiana y el Festival de Músicas y Danzas en el mundo, con el fin de reunir los sonidos y ritmos de nuestro país como cumbias, currulaos, guabinas, torbellinos y porros.

 

Otra de Anderson

 

 

Escrito por Nina González  ||  catagon@hotmail.it
Ilustrado por Carolina Alarcón  ||  www.flavors.me/caroal 

 

Pasión, miedo, aventura, amor son sólo algunos sentimientos que suscita la historia de dos jóvenes que en contra de sus familias deciden escapar de su lugar de infancia por el amor que los envuelve; sus padres y amigos deciden emprender la búsqueda para traerlos a casa de nuevo. Se trata de Moonrise Kingdom, la última película del director texano Wes Anderson,  ambientada en los sesentas con imágenes cálidas y un reparto de numerosos actores reconocidos que estará próximamente en cines.

Los escritores jóvenes buscan su Filbo

 
 
La escritura, más que una herramienta sin sujeto, es el producto de un sujeto que se mide frente a una herramienta que no significa nada si no se relaciona con un mundo interior y exterior. Por eso los integrantes del Teuc deben confrontarse dentro del aula y fuera de ella.
 
Escrito por Isaías Peña Gutiérrez  ||  isaias1317@gmail.com
Fotografía por Andrés Barriga  ||  www.cargocollective.com/abarriga 
 

En el proceso de investigación sobre la creación literaria, basado más en las prácticas inductivas durante los treinta años del Teuc, —Taller de escritores de la Universidad Central—, cuidé pensar en todo cuanto rodea a la persona que un día se asombra con las palabras que forma en su pantalla o cuaderno: aquellos mundos reales y diferentes que pronto tendrá que admitir como la más legítima ficción.

La escritura, más que una herramienta sin sujeto, es el producto de un sujeto que se mide frente a una herramienta que no significa nada si no se relaciona con un mundo interior y exterior. Por eso los integrantes del Teuc deben confrontarse dentro del aula y fuera de ella. Nunca las horas curriculares agotaron la extensión del proceso de creación literaria. La noción de hora/clase, la del programa que se cumple en una franja limitada, una relación que se extingue entre profesor y estudiante tan pronto termina el calendario, no fueron mis parámetros.

La creación literaria no se provoca, no se anima, no se alcanza por una simple convocatoria burocrática, para que los seleccionados reciban un paquete de conocimientos teóricos, o las advocaciones de algunos escritores “mayores”; debe alcanzar una dimensión suficiente para que los iniciados sientan la complacencia y la complejidad del proceso de la creación. Muchos de los recursos a los que se debe acudir van más allá de la rutina pedagógica de la clase y el examen.

El escritor novel necesita el acompañamiento del amigo, el taller, o  la academia. Y, en los dos últimos casos, no resulta suficiente la comparecencia en los salones donde se reciben conocimientos, que se aprueban o desaprueban. El joven debe experimentar acompañado los lugares y procesos que lo vinculan con el exterior, que no siempre le son favorables. Me refiero a los concursos, las editoriales, las revistas, los periódicos, las librerías, los correctores de pruebas y, por supuesto, las ferias del libro.

En 1981, la Feria del Libro de Bogotá no era internacional, ni se hacía en Corferias; tenía lugar en el Parque Santander, al aire libre —con o sin lluvia—, sin pagar entrada, sin conferencias, con toldos organizados en filas, editoriales y librerías a precios de feria. No era lo mejor; ni lo peor. Hasta que el poeta Jorge Valencia Jaramillo creyó que la feria debía ser internacional. Es la Feria que hoy conocemos como Filbo, con un logo que representa a un lector leyendo sus manos y que llega a su versión 25. Esa Feria Internacional del Libro de Bogotá, dedicada hoy al gran Brasil, siempre fue una dama convincente y cómplice de los gustos e ilusiones de los escritores como de todos los jóvenes, en general. Pero, a 31 años de creado el Teuc y a 25 de nacida laFilbo, la relación entre los nuevos escritores, hayan o no pasado por un taller, por una aula de creación literaria o “escrituras creativas”, y las ferias del país debiera ser de más intensa, ser activa e interactiva, porque hasta el momento se ha pensado en esos jóvenes de manera pasiva: son invitados de piedra, obligados a escuchar a los autores mayores, que en muchas ocasiones, son los mismos. ¿Cómo romper esa distancia? ¿Con una franja especial dentro de la Feria para que los escritores noveles presenten sus creaciones literarias o expongan sus concepciones literarias? ¿Con un mercado del libro para los jóvenes escritores?

El fenómeno de los talleres formales y de los estudiantes y egresados de las aulas universitarias de creación literaria o “escrituras creativas”, obligará a la Feria a pensar en ellos. ¿Se les deberá otorgar una credencial para que asistan y participen de la Feria del Libro de manera gratuita y no sean sometidos a la discutida política de Corferias de pago universal sin tener en cuenta diferencias?

La presencia de los nuevos escritores, promovida y aceptada por la Filbo, se reflejaría, así, más tarde, en la producción que ellos mismos le devolverían para renovar la mismísima cinta de Moebius. Producción sin la cual, dentro de algunos años, no tendríamos Feria, sencillamente.

 

Leer no te hace grande

Escrito por Sara Trejos  ||  sara.trejos@revistaexlibris.com
Ilustrado por Santiago Guevara  ||  flickr.com/santiagosantiago

 

La primera vez que se sintió adulto fue cuando leyó un libro completo sin “dibujitos”. Luego leyó el periódico, novelas y autores que le gustaron, otros los ojeó sólo para alardear, también cayeron algunos Best Seller y poemas de cualquier señor latinoamericano. Leyó también muchas cosas académicas sin inicio, nudo y desenlace. Pero un día, poco después de recibir su cartón profesional, cuando se sentía muy grande, descubrió por casualidad un libro que le parecía prohibido. Se asomó, leyó una frase, pasó la hoja, leyó otra y ya no pudo zafarse. Leyó a escondidas. Lo leyó a pedacitos, iba y volvía, noche tras noche, ocultándolo de la mirada de los entrometidos de la casa.

Le gustaba que esta historia no estuviera contada sólo con palabras. Los personajes se veían nítidos en cada hoja. A veces sólo se veía una pierna o la trompa de un elefante. Las páginas estaban teñidas de colores y al parecer podían resumir todo ese sentimiento que había reprimido cuando no era un adulto. No le gustó crecer.

Siguió comprando libros ilustrados para niños. Un día lo vi saliendo de una librería con Oliver Jeffers bajo el brazo. ¿El pingüino está arriba o abajo? ¿Perdido o encontrado? No lo recuerdo. Después saliendo de la oficina consiguió una historieta algo sórdida y negra, creo que logró que un tipo se la vendiera por menos de $5.000 después de mucho redondear, de poner cara de poco interés aunque por dentro se moría de miedo de pensar que pasara otro y viera la belleza desgastada que tenía al frente y diera una mejor propuesta.

Más tarde en el mismo mes, lo vi ojeando a Rebecca Dautremer, la que pinta ojos gigantes y cabellos hermosos de princesas perversas ¿Era un libro para niñas? Para él, ni siquiera era un libro para niños. Era un tipo duro que con el tiempo aprendió a reconocer los trazos irónicos de una Dosis Diaria de Montt y el humor, tan sarcástico como tierno, de Liniers.

Su biblioteca se llenó a poco a poco de libros de diseño de personajes, de otros que eran Pop ups donde un puercoespín cuenta hasta 5 y mueve su brazo cuando alguien jala la flecha que está abajo. Le gustaba creer que a veces estos libros los hacía gente que también se sentía grande pensando en lo que les hubiera gustado leer cuando eran niños. Con el paso del tiempo se le quitaron las ganas de esconderse. Cuando le pregunté que hacía con todo eso, me dijo que no estaba coleccionando libros para niños, sino que por el contrario tenía toda una galería de arte, coleccionaba ilustradores.