Aquí, el personaje es usted:

Personaje: 2. m. Cada uno de los seres humanos, sobrenaturales, simbólicos, etc., que intervienen en una obra literaria, teatral o cinematográfica. RAE.

 

Escrito por Carolina Patiño Cuellar  ||  caro.p.cuellar@gmail.com
Ilustrado por Santiago Guevara  ||  flickr.com/santiagosantiago 
 

gente con escarapelas y sin escarapelas;

los niños van con su colegio; la feria se convierte en un paseo con bombombum incluido. Son arrastrados de un taller a otro con el afán del bus;

los adolescentes de colegio aprovechan la feria para revelaciones amorosas y caminar cogidos de la mano por los pasillos gigantes; los que no tienen rumbeo, se dividen: las niñas corren hacia las tarjetas mimosas; los muchachos hacia el manga y los muñequitos sangrientos; los que están en 11, llegan con euforia al pabellón de universidades, a imaginar su futuro;

los profesores de todos los anteriores, con cara de trauma-psico-social y pánico a una pre–demanda por pérdida de algún niño, muy lejos del pabellón del libro educativo… ¡Educación es que los niños no salgan corriendo y devolverlos completos a los padres!;

los papás deciden sacrificar su hermoso domingo de arrunche, de fútbol y cerveza en casa para llevar a sus niños que a las dos horas ya están cansados y con hambre, ¡y todo adentro es tan caro!;

los escritores y editores analizan la competencia. A ver quién puso más bonito el stand o quién tuvo más plata para comprar dos;

los artistas que ya no tienen su salón del artista;

los empleados contratados por las grandes editoriales dependen de su comisión para el pago; porque necesitan desvararse en la feria;

los empleados de las pequeñas editoriales esperan con calma a sus clientes, que ahorraron todo el año para poder estar ahí;

mis héroes, los vendedores de tinto móvil;

los chefs colombianos cocinan platos de cada país según el invitado de la feria;

los vendedores de maíz pira se las ingeniaron para venderlo bien caro ¡es de colores! Igual que los vendedores de gaseosas, solo que estos son inalcanzables porque los niños y adolescentes se aglomeran y no dejan transitar a nadie por la plaza principal;

los vigilantes y las señoras de casa limpia… ¿tendrán tiempito para mirar libros?;

losquevendenlecturápida;

el señor que habla por el micrófono, salva niños perdidos y pone música que nadie escucha;

los de RCN y Caracol que entrevistan a algún best seller o escritor de literatura culinaria;

y estamos nosotros: que no cobramos ni nos pagan; que también nos antojamos de maíz pira y vivimos el pre-stress de abril; que hicimos un stand para la gente y sobre todo, no discriminamos: ¡gratis para todos!

 

Ex-Libris editando cultura 20 años

 

 



 

Escrito por Carolina Patiño  ||  caro.p.cuellar@gmail.com
Ilustrado por (arriba) Carolina Alarcón  ||  www.flavors.me/caroal
                           (abajo) Camilo José Rivera  ||  camilojosegrafico@gmail.com

 

Ex Libris editando cultura 20 años. Entre tantos libros, premeditados, re-editados e hiper promocionados y el tibiritabara de nuestra edición: aquí hay subversión, reinvención, y cambio de percepción en la Feria.

¿Qué cambia y que permanece? Como con el conocimiento: permanece el contenido y cambia la forma. Aunque las formas dan la impresión que el contenido cambia, hacen divertida la experiencia. Sabemos en el fondo que todo es lo mismo: ilustradores, escritores, feria. Jefes psicorígidos, dementes, cafeinómanos. Miembros antiguos, nuevos, híbridos. Textos sobre libros, gente, literatura. Ediciones con las ratas, sin las ratas, extrañando a las ratas. Papel amarillo, papel blanco, papel brillante. Secciones que van y vienen haciendo honor al afán que tenemos —léase: nosotros los seres humanos— de clasificarlo todo, como si se nos olvidara que siempre habrá una brecha que no se pueda organizar.

No sabemos el destino de cada pedacito de tinta y papel después del “¡es gratis!” y la sonrisa del lector. “Si lo miras con cuidado, es gracioso. Parece ayer cuando me decías que no lo lograrías y hoy puedo mirarte a los ojos para responderte simplemente con una sonrisa” le decía David Sánchez a Ana Carolina Ossa en la edición 129 el año 16. Ahora, y gracias a exlibrianos como ellos podemos vanagloriarnos de veinte años, aunque irreductibles en estas páginas, con la garantía de veinte mil o más ojos que han formado parte de este proyecto interuniversitario e interdisciplinario, ahora más real y vivo que nunca.

 

Yo también tuve 20 años
y un corazón vagabundo,
yo también tuve alegrías
y profundos desengaños.

Yo también tuve 20 años
que en mi vida florecieron
20 años que a mí llegaron
se fueron y no volvieron.

Por eso desde la cumbrede
mis ardorosos años,
miro pasar hoy la vida
sin que me haga bien ni daño,
porque tuve la fortuna
de vivirla sin engaños,
para contar sin nostalgia
que también tuve 20 años

Autor: Jose A. Morales

Ritmo: Bambuco

 




Gay Talese


Escrito por Lizeth Palomino Orozco  ||  lizeth.palomino@hotmail.com
Fotografía por Andrés Sandoval  ||  sandoval.andres@ur.edu.co 

 

Un narrador de historias reales, tal vez la persona más importante de la crónica novelada. Escena tras escena reconstruye la vida de personajes en apariencia invisibles. Sus palabras seducen y crean mundos que cobran vida, la magia de su narrativa está en los detalles, en su capacidad para describir todo lo que observa y percibe mientras comparte con sus personajes. Vestido de tres piezas hecho a medida, pañuelo de seda, sombrero blanco.

 

Nací en… en 1932 en Ocean City pero al ser hijo de inmigrantes italianos, siempre me sentí un forastero.

Aprendí a escuchar y a observar con detalle…en la sastrería de mi padre, donde pasé mi infancia.

Empecé a escribir… en el periódico del colegio, entonces escribía crónicas deportivas.

Estudié… Periodismo, contar historias es lo único que sé hacer.

Mi primer trabajo fue… en el diario The New York Times, yo era “el chico de la fotocopiadora”.

He escrito sobre… personas con las que siento alguna conexión: inmigrantes, mafiosos italianos, redactores…

Junto a Tom Wolfe, el padre del nuevo periodismo, definimos un género: el periodismo literario o «reportaje de no ficción».

Las historias más conocidas son “Frank Sinatra has a Cold” y “Honor Thy Father”, una historia sobre la mafia italiana.

Lo más importante es conocer al personaje, verlo interactuar en su cotidianidad, en su intimidad

Mi trabajo… es contar historias de personajes reales

Encuentro historias… observando detalladamente la cotidianidad.

Vivo… en New York, en un edificio que adquirí desde hace cinco décadas, tengo un lugar especial en el que me dedico a escribir.

Actualmente… escribo un libro sobre mi matrimonio de 50 años con Nan Talese.

 

“Seguí con el periodismo porque ahí no engaño a la gente”: Jorge Consuegra

 

El periodista cultural Jorge Consuegra, habla de literatura y sobre su experiencia en los medios de comunicación.

 

Entrevista por Jorge Marciales Acosta  ||  elgeorges-10@hotmail.com
Fotografía por Andrés Barriga  ||  www.cargocollective.com/abarriga 

 

Jorge Consuegra es uno de los periodistas culturales de mayor reconocimiento en el país, ha trabajado en medios como El Tiempo, Caracol y El Espectador. Actualmente es docente en la Universidad Externado de Colombia, dirige la Agencia de Noticias Culturales y codirige la revista “Libros & Letras”.

Nació en Bucaramanga, estudió publicidad y se especializó en mercadeo, sin embargo pocas veces ejerció esa profesión por considerarla engañosa. En febrero de este año publicó su más reciente obra “Bogotá Curiosa”, ha escrito tres libros y lleva más de cuarenta años dedicados al periodismo.

Aunque afirma que hacen falta más políticas que incentiven el desarrollo de la cultura en el país, defiende el esfuerzo realizado por instituciones como La Cámara Colombiana del Libro. Amante de la lectura, ve con optimismo el futuro de la literatura nacional, admira a Gabriel García Márquez y prefiere no leer a Paulo Coelho.

Siendo usted publicista, ¿por qué decidió ejercer el periodismo?

A lo largo de la carrera me di cuenta que buena parte de los productos son engañosos, la publicidad es mentirosa, como lo que está pasando hoy con Revertrex de la señora Amparo Grisales. Este país tiene engaños políticos, económicos y sociales, seguí con el periodismo porque ahí no engaño a la gente.

¿Cómo incursionó en el periodismo?

Yo empecé desde muy joven haciendo periódicos en el colegio y en el barrio, inicié profesionalmente en La República, después pasé al Espacio, trabajé como corresponsal en Vanguardia Liberal, también en El Tiempo y en El Espectador, siempre como reportero o cronista, muy pocas veces en televisión.

¿Qué características debe tener un buen periodista?

Un buen periodista tiene que estar leyendo todos los días cualquier tipo de panfleto, volante, comunicado, diario o semanario. También debe estar metido en el BlackBerry mirando lo que dicen revistas como Semana, porque o si no cómo se entera de lo que está pasando, pero fundamentalmente tiene que leer incansablemente.

¿Cuál es la función de un periodista cultural?

Es la más complicada de todas. Un periodista judicial, económico o político, está prácticamente recreando actitudes y hechos, por ejemplo si subió o no el dólar, mientras el periodista cultural tiene que estar moviendo todos los días la parte intelectual, creadora y creativa. Por eso es que los gobiernos no apoyan muchas veces el mundo cultural, porque cuando un pueblo se desarrolla intelectualmente es considerado peligroso.

¿El periodismo cultural está en decadencia?

No es que esté en decadencia, sino que se estanca un poco y al estancarse obviamente no está avanzando como debería.

Todos los días hay un nuevo obstáculo, es necesario crear nuevas opciones para que la gente tenga una revista, que pueda entender porqué García Márquez es el escritor vivo más importante de la tierra o porqué Rodín esculpió El Pensador. A mí de qué me sirve si el dólar subió o bajo, es muchísimo mejor tener el conocimiento a poseer un cerebro vacío.

¿Cree que existe una política excluyente para la cultura en los medios de comunicación?

Sí, absolutamente. En los noticieros 90% o 95% para ser ambiciosos, es política, economía, deporte y entretenimiento, mal llamado farándula o espectáculo, que es más “farsandúla” que otra cosa. ¿Cuántos centímetros le dan a la cultura periódicos como El Tiempo o El Espectador? Todo lo reducen a unas pocas páginas, es totalmente excluyente.

Culturalmente, ¿qué es lo que más ha afectado al país?

Lo que ha sucedido en los últimos ocho años con la política es que hubo primeras planas o titulares de los noticieros hablando de chuzadas, falsos positivos, desarmes inexistentes, sin quitar su importancia le quitaba espacio a hablar y discutir de cultura. Hay unas grandes cortinas de humo que preocupan muchísimo, porque detrás de ellas hay otra historia que no se ha sabido contar.

Es claro que las nuevas tecnologías han facilitado el acceso a la comunicación, pero, ¿han traído también aspectos negativos?

Claro, como la soledad, hay muchachos que se dedican 4 o 5 horas a chatear con sus amigos, estar en Facebook o mandar mensajes por Twitter. El cerebro se acostumbra únicamente a un pequeño aparato que cabe escasamente en las manos, se les olvida dar un abrazo y compartir con la gente.

Por supuesto que yo me puedo conectar en este instante con Camberra en Australia, pero es un oficio de la absoluta soledad y es gravísimo que suceda eso.

¿Por qué cree que la mayoría de los colombianos son indiferentes hacia la lectura?

Porque no hay políticas de gobierno que creen hábitos de lectura, José Vasconcelos que fue el ministro de cultura en México durante los años 30 del siglo pasado, insistía en la producción de libros y de cultura. En Cuba la obra completa de Alejo Carpentier, los doce tomos, pueden estar costando 70 mil pesos, mientras que en Colombia está alrededor de los 300 mil pesos.

En Cuba, Argentina y especialmente en México, los libros son más baratos porque hay más planes de gobierno.

¿Qué importancia tienen para usted las revistas o publicaciones independientes como Ex-Libris?

Qué bueno que Ex-Libris ya no es únicamente en la Feria del Libro, deberían sacarla durante todo el año, ojalá pudiera ser publicada cada mes. Libros & Letras es mensual, se imprimen cinco mil ejemplares y se le regala a la gente, porque ya es complicado comprar El Malpensante o la revista Número que superan los 7 mil pesos.

Túnel de Montería o Puesto de Combate, que son excelentes publicaciones, tienen dificultades económicas. Ojalá el gobierno destinara mensualmente un millón de pesos a las revistas culturales para que pudieran salir, pero a ellos no les interesa la posibilidad de que haya cultura gratis.

¿Ve un buen futuro para la literatura colombiana?  

Por supuesto, hay gente que es muy disciplinada como Juan Gabriel Vásquez o Alfonso Carvajal que ha escrito “Pequeños crímenes de amor”, una colección de historias muy buena.

Hay un tipo que desafortunadamente murió y para mí es el mejor escritor después de García Márquez, se llama Mario Escobar Velásquez, escribió “Muy caribe está”, una novela fascinante. Hay una buena producción, ésta generación hace buenas novelas.

¿Cuándo descubrió su amor por la lectura?

Gracias a dos profesores, el primero fue Medófilo Medina que dictaba literatura en el colegio y nos puso a leer “La mala hora” de Gabriel García Márquez e interpretaba la lectura en voz alta, fue maravilloso. El otro se llamaba Nazario Silva, profesor de filosofía que nos enseñó la etimología de las palabras, cómo nacen del árabe, del hebreo, del sánscrito y del chibcha, todos los días yo descubría cómo apareció la palabra.

¿Cuál es su escritor favorito?

Clarice Lispector o Machado de Assis, para mí uno de los mejores escritores de toda la vida. Llevo cuatro años dedicados a leer novela negra, como Connolly y Agatha Christie, creo que esto es la literatura estructuralmente perfecta, no por el morbo del asesinato sino la forma como se estructura la novela, los personajes y la minuciosidad en el detalle, es simplemente fascinante.

¿Lee a Paulo Coelho?

Eso es subjetivo, lo que yo siempre he dicho es que uno debe ser profesional en la escritura, yo veo que no es un escritor profesional en cuanto que sepa estructurar bien una novela, él repite escenarios, personajes, teorías casi idénticas y a mí no me causa satisfacción. Me gusta leer a Kafka, a Juan Carlos Onetti, Jorge Amado, Clarice Lispector, pero Paulo Coelho no me produce nada, entonces para qué voy a leer algo que no me satisface intelectualmente.

¿La Feria del Libro, realmente es accesible a todo el público?

Yo soy el enamorado número uno de los libros, defiendo a la Feria del Libro porque me parece extraordinaria, apoyo el esfuerzo que hace Enrique Gonzáles Villa con la Cámara Colombiana del Libro y el de las editoriales para alquilar espacios y poder vender. Lamentablemente entran 420 mil personas en una ciudad que tiene siete millones de habitantes.

El ingreso a la Feria tiene que ser más fácil, que la gente entre gratis todos los días o por lo menos la entrada debería costar 3 o 4 mil pesos. Si yo pago 12 mil pesos y tengo dos hijos me toca con mi esposa pagar 48 mil pesos tan sólo para ingresar, con eso me compro dos libros en la Librería Lerner.

¿Qué lo incentivó a escribir “Bogotá Curiosa”?

Querer a Bogotá. Yo soy de Bucaramanga y debí haber escrito “Bucaramanga Curiosa”, pero llevo viviendo más de 30 años en la capital y le debo mi familia, mi profesión, la cátedra y mucho más.

Yo soy un peatón todo terreno y me encanta recorrer la ciudad, preguntar todo, sacar fotografías, ver los edificios, observar la figura de los cerros tutelares desde la Universidad Externado de Colombia. En ocasiones uno alcanza a ver los nevados al fondo de la Sabana, esta ciudad es bellísima tiene curiosidades y contradicciones.

 

Geografías invadidas

 

 

Escrito por Carlos Fino  ||  carlos.fino@revistaexlibris.com
Ilustrado por Carolina Alarcón  ||  www.flavors.me/caroal 

 

La primera obra que vi de Camilo Bojacá fue Babel, una alucinante puesta en escena donde aparecen los elementos de una metrópolis imposible que se dibuja ante la mirada del espectador. Babel combina técnicas contemporáneas, como video instalación, con rudimentarias, como el dibujo en off e in situ. En esta línea el bogotano presentará, en mayo, en el Espacio cientouno, una serie de grabados titulados “Geografías invadidas”, donde la reflexión sobre la creación y puesta en cuestión de espacio vivido e intervenido será el tema que interpela al espectador. Es una invitación a la alucinación espacial: interviene espacios comunes en varias metrópolis con personajes de la ficción, desde los más dulces hasta los más sórdidos, recalcando la interrelación entre el espacio imaginado y el vivido.

 

¿Usted baila cumbia?

 


Escrito por Juliana Peña  ||  juli_p19@hotmail.com
Ilustrado por Zamir Bermeo  ||  www.zamirbermeo.com

 

Él va hacia la Séptima, ella tiene entradas para el Teatro Jorge Eliécer Gaitán, ellos están en el parque Simón Bolívar, yo llego a la Media Torta y todos vamos a Colombia al parque en su VIII versión, un evento que se llevará a cabo del 21 al 31 de mayo. Éste festival nace en el 2003 por una fusión del Festival de Música Colombiana y el Festival de Músicas y Danzas en el mundo, con el fin de reunir los sonidos y ritmos de nuestro país como cumbias, currulaos, guabinas, torbellinos y porros.

 

Otra de Anderson

 

 

Escrito por Nina González  ||  catagon@hotmail.it
Ilustrado por Carolina Alarcón  ||  www.flavors.me/caroal 

 

Pasión, miedo, aventura, amor son sólo algunos sentimientos que suscita la historia de dos jóvenes que en contra de sus familias deciden escapar de su lugar de infancia por el amor que los envuelve; sus padres y amigos deciden emprender la búsqueda para traerlos a casa de nuevo. Se trata de Moonrise Kingdom, la última película del director texano Wes Anderson,  ambientada en los sesentas con imágenes cálidas y un reparto de numerosos actores reconocidos que estará próximamente en cines.

Lector de números

 
Escrito por Ana María Díaz Castillo  ||  hanu_210@hotmail.com
Ilustrado por Santiago Guevara  ||  flickr.com/santiagosantiago 
 

Fausto tiene cuatro perros y ocho gatos, una tienda de productos para animales en el garaje de su casa y un piano que no sabe tocar. Lee poco aunque le encantan los libros y le gustaría leer más literatura, pero no tiene tiempo. Tiene en su biblioteca entre cien y doscientos libros de física y matemáticas, en donde están los dos clásicos Física de Resnik Halliday Krane y Cálculo de Tom Apostol. Todos los años va a la feria del libro dos o tres veces y se queda desde las cuatro hasta que lo saquen.

Su objetivo principal en cada feria son las novedades editoriales de matemáticas y física y algunos libros en inglés. Siempre va con la intención de no comprar mucho, pero se antoja, no se resiste y compra. Su argumento son los precios bajos y la facilidad para conseguir libros importados.

El primer libro de física que Fausto compró por gusto fue en 1978 y era la Física de Alonso Acosta. Allí empezó su colección de libros de números que incluyen desde historia, filosofía o pedagogía de las matemáticas, hasta técnicos. No habla de leer sino de estudiar cuando se trata de números; él los estudia en su casa aunque preferiría hacerlo en una biblioteca, pero no tiene tiempo. Cuando busca las novedades editoriales en la feria del libro sabe que entre más especializado sea el libro es más costoso, pero más bonito; y entre menos público, menos ventas tiene y por eso también es más costoso.

En cada feria encuentra ediciones nuevas de algún libro, pero los cambios son mínimos, algunas veces es la presentación de los temas o los ejercicios, no hay diferencias importantes, a veces sólo es moda. Por eso Fausto sólo renueva sus libros cada cinco o diez años, cuando los cambios se acumulan y existe una diferencia importante entre la edición que él tieney la que va a comprar.

Otros libros no tienen más de dos ediciones, como el Cálculo de Tom Apostol y en ese caso lo importante es tener una edición bonita, con pasta dura. No tiene un libro o un tema favorito, tiene aprecio por los clásicos como con el Álgebra de Baldor. Después de mirar las novedades de los libros de números pasea un rato por los otros pabellones y mira libros de letras. Dice que mirar y ojear otros libros es su pasatiempo, así no los compre. Le gusta pasear y mirarlos, leer la contraportada y seguir. Fausto es ingeniero aunque debió ser matemático, lee números aunque le gustaría leer letras y dice que es más preocupante la falta de tiempo que la falta de plata. Números en cualquier caso.

Los escritores jóvenes buscan su Filbo

 
 
La escritura, más que una herramienta sin sujeto, es el producto de un sujeto que se mide frente a una herramienta que no significa nada si no se relaciona con un mundo interior y exterior. Por eso los integrantes del Teuc deben confrontarse dentro del aula y fuera de ella.
 
Escrito por Isaías Peña Gutiérrez  ||  isaias1317@gmail.com
Fotografía por Andrés Barriga  ||  www.cargocollective.com/abarriga 
 

En el proceso de investigación sobre la creación literaria, basado más en las prácticas inductivas durante los treinta años del Teuc, —Taller de escritores de la Universidad Central—, cuidé pensar en todo cuanto rodea a la persona que un día se asombra con las palabras que forma en su pantalla o cuaderno: aquellos mundos reales y diferentes que pronto tendrá que admitir como la más legítima ficción.

La escritura, más que una herramienta sin sujeto, es el producto de un sujeto que se mide frente a una herramienta que no significa nada si no se relaciona con un mundo interior y exterior. Por eso los integrantes del Teuc deben confrontarse dentro del aula y fuera de ella. Nunca las horas curriculares agotaron la extensión del proceso de creación literaria. La noción de hora/clase, la del programa que se cumple en una franja limitada, una relación que se extingue entre profesor y estudiante tan pronto termina el calendario, no fueron mis parámetros.

La creación literaria no se provoca, no se anima, no se alcanza por una simple convocatoria burocrática, para que los seleccionados reciban un paquete de conocimientos teóricos, o las advocaciones de algunos escritores “mayores”; debe alcanzar una dimensión suficiente para que los iniciados sientan la complacencia y la complejidad del proceso de la creación. Muchos de los recursos a los que se debe acudir van más allá de la rutina pedagógica de la clase y el examen.

El escritor novel necesita el acompañamiento del amigo, el taller, o  la academia. Y, en los dos últimos casos, no resulta suficiente la comparecencia en los salones donde se reciben conocimientos, que se aprueban o desaprueban. El joven debe experimentar acompañado los lugares y procesos que lo vinculan con el exterior, que no siempre le son favorables. Me refiero a los concursos, las editoriales, las revistas, los periódicos, las librerías, los correctores de pruebas y, por supuesto, las ferias del libro.

En 1981, la Feria del Libro de Bogotá no era internacional, ni se hacía en Corferias; tenía lugar en el Parque Santander, al aire libre —con o sin lluvia—, sin pagar entrada, sin conferencias, con toldos organizados en filas, editoriales y librerías a precios de feria. No era lo mejor; ni lo peor. Hasta que el poeta Jorge Valencia Jaramillo creyó que la feria debía ser internacional. Es la Feria que hoy conocemos como Filbo, con un logo que representa a un lector leyendo sus manos y que llega a su versión 25. Esa Feria Internacional del Libro de Bogotá, dedicada hoy al gran Brasil, siempre fue una dama convincente y cómplice de los gustos e ilusiones de los escritores como de todos los jóvenes, en general. Pero, a 31 años de creado el Teuc y a 25 de nacida laFilbo, la relación entre los nuevos escritores, hayan o no pasado por un taller, por una aula de creación literaria o “escrituras creativas”, y las ferias del país debiera ser de más intensa, ser activa e interactiva, porque hasta el momento se ha pensado en esos jóvenes de manera pasiva: son invitados de piedra, obligados a escuchar a los autores mayores, que en muchas ocasiones, son los mismos. ¿Cómo romper esa distancia? ¿Con una franja especial dentro de la Feria para que los escritores noveles presenten sus creaciones literarias o expongan sus concepciones literarias? ¿Con un mercado del libro para los jóvenes escritores?

El fenómeno de los talleres formales y de los estudiantes y egresados de las aulas universitarias de creación literaria o “escrituras creativas”, obligará a la Feria a pensar en ellos. ¿Se les deberá otorgar una credencial para que asistan y participen de la Feria del Libro de manera gratuita y no sean sometidos a la discutida política de Corferias de pago universal sin tener en cuenta diferencias?

La presencia de los nuevos escritores, promovida y aceptada por la Filbo, se reflejaría, así, más tarde, en la producción que ellos mismos le devolverían para renovar la mismísima cinta de Moebius. Producción sin la cual, dentro de algunos años, no tendríamos Feria, sencillamente.

 

Lectores, más allá del bien y del mal

 

El lector moralmente malo sabe que asesinar es una acción impía pero necesaria, porque existen lugares más preciados que debe proteger, como su familia o su patria.

 

Escrito por Carlos Fino  ||  carlos.fino@revistaexlibris.com
Ilustrado por Santiago Guevara  ||  flickr.com/santiagosantiago 
 

Mi madre aún cree que la lectura hace mejores personas. También muchos medios de comunicación sostienen la misma tesis: hace un par de años la Biblioteca España, del arquitecto colombiano Giancarlo Mazzanti, ganó el premio internacional de Arquitectura Sostenible del Instituto Francés de Arquitectura, con el argumento de que cambió las armas por los libros. Parece noble y notable el fin, cuando pensamos que la lectura aleja a los jóvenes del Santo Domingo Sabio de Medellín, de las armas. Lo cierto fue que meses después la Comuna III sufrió un grave incendio que calcinó varias viviendas y donde fallecieron varias personas. La violencia los volvió a visitar, como una despiadada; su presencia prueba la vigencia de la amante de las montañas. La Comuna III gozó de un periodo de pacificación, más que de paz, cuando construyeron la Biblioteca. La militarización de la zona fue inminente y esto debilitó los poderes locales; por un tiempo los silenció. Pero no nos venció, al poco tiempo la violencia retomó su ritmo habitual. Es decir, la Biblioteca no solucionó el problema de la violencia. Los libros no enseñaron a los habitantes de la Comuna III a ser “mejores personas”. Ésta creencia es sólo una justificación que usan muchos amantes de la lectura para promover su objeto de deseo, su fetiche.

Existen dos tipos de lectores que desmienten dicha creencia, el lector moralmente malo y el lector amoral. El lector moralmente malo es generalmente un amante de la lectura; devorador de volúmenes. Para él, la lectura es una de las labores más nobles que desarrolla, sin embargo, esta acción no impide sus acciones violentas. Basta recordar la Santa Inquisición, proyecto de la institución más librera y letrada de la Europa entera en donde se dio cacería masiva a miles de personas acusadas de herejía. Los procesos eran volúmenes gigantes copiados minuciosamente en un exquisito latín seglar. Las ejecuciones tan públicas y espectaculares como los mismos procesos. Los Santos inquisidores sabían que quemar a una persona era un acto malo, pero necesario, para conservar loablemente el Catolicismo en el mundo.

Los camorreros italianos engendran, de manera distinta, el perfil del lector moralmente malo: son hombres cultos, con un profundo sentido religioso, coleccionistas de arte y personas muy educadas que pueden indistintamente citar el “Cantar de los cantares”, Las Elegiás del Duino, la Divina Comedia, acompañados por una buena cepa de vinos, y por las órdenes para asesinar a varios mafiosos del bando contrario. Los ilustres asesinos son una constante en la historia occidental. El lector moralmente malo sabe que asesinar es una acción impía pero necesaria, porque existen lugares más preciados que debe proteger, como su familia o su patria. El amor familiar contrarresta el odio a los otros, y el amor por los libros y la lectura le brinda una puerta de escape al poco valor que su vida tiene en la camorra.

En América, en donde lo real maravilloso nos visita constantemente, el actual máximo jefe de las-FARC, Timoleón Jiménez, —de cariño le decía “Tirofijo” Timo— es uno de los personajes más enigmáticos de la Colombia contemporánea. Sus “Comunicados” tiene más referencias al mundo literario que al real; su retórica comparte recursos con Cicerón y Séneca; cita en Latín. Sus discursos —dejando de lado su contenido inminentemente político— resultan hermosos y sensibles compendios literarios, sólo posibles por un hombre entregado a los libros, pero en medio de la selva. Lo más contradictorio es que su interlocutor principal, el Presidente de la República, de familia letrada y propietaria de uno de los gigantes mediáticos del país, tenga dificultades para hablar en público y escasamente puede escribir coherentemente un párrafo. Juan Manuel Santos no es un lector moralmente malo, Juan Manuel ni siquiera es un lector.

Pero existe un lector aún más perverso y determinado: el lector amoral. Este que gracias al conocimiento obtenido por su experiencia lectora logra construir un sistema de valores en oposición a los valores colectivos pero en pro de su colectividad. Primero imagina una colectividad en la cual adjunta pruebas argumentativas y materiales, después, como máxime creador de la misma se autoproclama amo y señor, con la capacidad de ver la causalidad de su mundo y la opción que la libere de su determinación. El lector amoral es tal vez, el lector más disciplinado porque sabe que de la lectura e invención de los textos depende el sostenimiento de su mundo imaginado. Este lector puede llevar a una colectividad a la gloria o al exterminio masivo, y es tal su habitación en la sustancia de lo inexistente que logra entenderse como la piedra angular en su rompecabezas de mundo, una que le permite devenir. El lector amoral está más allá del bien y del mal, porque el bien y el mal humano no son los criterios de necesidad de gravitación del orden cósmico que acaba de inventar. Este lector se caracteriza por su polaridad: puede ser un tranquilo ermitaño, o un exterminador masivo. Es simpático con los animales, vegetariano y odia ciertas colectividades humanas.