El lector digital


Escrito por Daniel Torres  ||  jdanieltc@hotmail.com
Ilustrado por Santiago Guevara  ||  flickr.com/santiagosantiago 

 

Un concepto acogedor de cuanta edad, idea y cultura exista; un entramado de expectativas, promotoras a su vez de desarrollo cultural y tecnológico; pero sobre todo un término dentro del cual todos deberíamos estar inmersos por su actualidad: el lector digital.

Desde el niño, posiblemente afortunado por haber nacido en el “boom” de la sociedad informatizada; pasando por el adolescente, quien gracias a la práctica y al uso constante de las redes ha logrado consolidarse como el usuario digital de mayor relevancia; hasta llegar a los adultos, e incluso los adultos mayores, quienes tal vez por hobby o por la simple necesidad de ir acorde a una sociedad que, en cuanto a lo tecnológico, avanza a pasos agigantados. Se puede decir que el lector digital no es una persona ni una generación en particular: es cualquier individuo, con cualquier tipo de gusto o edad.

Quizás joven, de pronto viejo. La edad es lo más relativo al momento de intentar dar una pincelada básica sobre el personaje que podría encarnar a lo que hoy en día llamamos el “lector digital”.

Este lector busca comodidad; rompe los esquemas tradicionales de párrafos largos y densos; desea, tal vez lo más importante, ser tenido en cuenta por medio de una crítica que pueda ser manifiesta, comentada, debatida y nuevamente criticada.

Sin duda, se podría observar que muchos pueden acceder a las redes sociales, o adquirir dispositivos móviles, especialmente teléfonos inteligentes y tabletas para la lectura de libros y artículos digitales.

Con esto queda demostrado que el usuario permanente de la web no tiene que ser necesariamente un “geek” (aficionado a la tecnología y a temas informáticos), o un “nerd”, como nuestra sociedad podría estereotiparlo. Los usuarios de Twitter y/o Facebook, somos de una u otra forma, lectores digitales, pues tenemos lo que mencioné: preferimos la comodidad al leer; escogemos algo entre una multiplicidad de redes informativas, y queremos que nuestra actividad, llámese foto, comentario, tuit o artículo, sea comentada, retuiteada y vista por el mayor número de personas posibles. Podría verse como ese lector un poco arrogante y narcisista que más que leer busca ser leído.

El no lector

 
Escrito por María Paula Díaz Castillo  ||  mary_kstillo92@hotmail.com
Ilustrado por Santiago Guevara  ||  flickr.com/santiagosantiago

 

No hablaré de los que estamos, de los lectores apasionados, enloquecidos, casi quijotescos. Lo haré de quienes no asisten a la feria, y además dejan en espera infinita a los libros, en todas sus citas.

La otra cara de la moneda: el “no-lector”, aquél mira con extrañeza, el apetito voraz con que comemos todo tipo de tomos. Y nosotros, también sin entender, cómo a ellos les desagrada el sabor múltiple de una novela, que va desde el dulce que hastía hasta el amargo que duele, la poesía cómo postre, o el entretenimiento que se consigue al masticar un cuento.

Puede ocurrir que la cuestión de la tendencia por leer o no, sea algo tan sencillo cómo la de cualquier otro gusto, debilidad hacia las espinacas, o rechazo por el chocolate. Pero este artículo ahondará un poco más, en ése lector antagonista.

Empezaré por decir que todos los citadinos leen, porque el lenguaje es inherente al hombre y en cualquier parte están las letras. De repente, leer un libro, es como los suspiros: toda la vida respiramos, pero uno de ellos basta para recordarnos que lo hacemos; el aire común se convierte en una masa etérea, inefable y mística.

Lea. ¿Por qué no lee? Retazos de conversaciones pronunciadas al arbitrio dela cotidianidad. Supongo que muchos de los “no-lectores” lo son porque han leído por obligación, bajo la presión de otros. A las malas, hasta la más excelente obra literaria, podría sentirse incómoda al ser leída.

“La tarea de español para el próximo lunes es leer un libro muy complicado, que no podrán entender, claro”. Así surge, el “no-lector” por frustración: intentó, pero se rindió.

En lo personal, no hay excusa que me haga cambiar de opinión: los “no-lectores” son cobardes. Pregúntele a alguno por qué no le gusta leer y se encontrará, como yo, insatisfecho ante la respuesta: “porque no”. Acérquese a un amante de la lectura, pregúntele el por qué y con seguridad, le dará más de tres razones y hasta producirá en usted cierta fuerza de convicción.

Probar con libros diferentes, para encontrar ése género especial, ése autor que escribió para alguien como usted, no es una tarea en vano. Es parecido a la búsqueda de la media naranja, sólo que en la nuestra, hay garantía: no existe alguien para quién no se haya escrito un libro. El punto es buscarlo, con paciencia y sin mesura, y ¿quién quita?, puede encontrar a más de uno. Es menos lo que se pierde que todo aquello que se gana. Si no es así, ¿usted por qué lee?

Leer no te hace grande

Escrito por Sara Trejos  ||  sara.trejos@revistaexlibris.com
Ilustrado por Santiago Guevara  ||  flickr.com/santiagosantiago

 

La primera vez que se sintió adulto fue cuando leyó un libro completo sin “dibujitos”. Luego leyó el periódico, novelas y autores que le gustaron, otros los ojeó sólo para alardear, también cayeron algunos Best Seller y poemas de cualquier señor latinoamericano. Leyó también muchas cosas académicas sin inicio, nudo y desenlace. Pero un día, poco después de recibir su cartón profesional, cuando se sentía muy grande, descubrió por casualidad un libro que le parecía prohibido. Se asomó, leyó una frase, pasó la hoja, leyó otra y ya no pudo zafarse. Leyó a escondidas. Lo leyó a pedacitos, iba y volvía, noche tras noche, ocultándolo de la mirada de los entrometidos de la casa.

Le gustaba que esta historia no estuviera contada sólo con palabras. Los personajes se veían nítidos en cada hoja. A veces sólo se veía una pierna o la trompa de un elefante. Las páginas estaban teñidas de colores y al parecer podían resumir todo ese sentimiento que había reprimido cuando no era un adulto. No le gustó crecer.

Siguió comprando libros ilustrados para niños. Un día lo vi saliendo de una librería con Oliver Jeffers bajo el brazo. ¿El pingüino está arriba o abajo? ¿Perdido o encontrado? No lo recuerdo. Después saliendo de la oficina consiguió una historieta algo sórdida y negra, creo que logró que un tipo se la vendiera por menos de $5.000 después de mucho redondear, de poner cara de poco interés aunque por dentro se moría de miedo de pensar que pasara otro y viera la belleza desgastada que tenía al frente y diera una mejor propuesta.

Más tarde en el mismo mes, lo vi ojeando a Rebecca Dautremer, la que pinta ojos gigantes y cabellos hermosos de princesas perversas ¿Era un libro para niñas? Para él, ni siquiera era un libro para niños. Era un tipo duro que con el tiempo aprendió a reconocer los trazos irónicos de una Dosis Diaria de Montt y el humor, tan sarcástico como tierno, de Liniers.

Su biblioteca se llenó a poco a poco de libros de diseño de personajes, de otros que eran Pop ups donde un puercoespín cuenta hasta 5 y mueve su brazo cuando alguien jala la flecha que está abajo. Le gustaba creer que a veces estos libros los hacía gente que también se sentía grande pensando en lo que les hubiera gustado leer cuando eran niños. Con el paso del tiempo se le quitaron las ganas de esconderse. Cuando le pregunté que hacía con todo eso, me dijo que no estaba coleccionando libros para niños, sino que por el contrario tenía toda una galería de arte, coleccionaba ilustradores.

Maneras extrañas de morir…

 

… Y OTROS DESENLACES IRÓNICOS A CAUSA DE LA LECTURA

 

Escrito por Andrés Gulla-Ván  ||  fabian_gulla@hotmail.com
Ilustrado por Julián Cedeño  ||  julian_edeo@hotmail.com 

 

¿Qué ocurriría si se realizan lecturas demasiado literales?, ¿cómo sería una interpretación radical e irónica; en que el cosmos y las dimensiones tergiversadas por deseos despiadados llevan a la muerte y a otros resultados no tan amenos?

¿Se imagina que alguien caiga al ataúd, víctima de una depresión después de leer a Riso o Coelho? ¿que buscando una satisfacción sexual en pareja le caiga un libro de Sade encima lo descalabre, o peor, lo cape, que es igual a recibir la afilada visita de Rosario? ¿que un suicida dé el paso cuando, en su última esperanza por vivir, lee el Ulises y no entienda?

A mí no me gustaría despertar y ver un dinosaurio, o ser un bicho, que feo, mejor tomo unas pastillas y que el ensueño termine. Tampoco quiero un viaje a Holanda para matar molinos por contagiarme de la locura del ingenioso hidalgo. En vez de eso prefiero morir del aburrimiento con Mario Mendoza, o ser víctima de alguna afección pulmonar por tanta polvareda del mundo garciamarquiano.

Para las señoritas, ¿qué tal una intoxicación por sobredosis de bloqueador solar escarchado luego leer la saga Crepúsculo? O decapitadas porque Scheherezada no actuó rápido. Pero ojalá, jamás de los jamases Mr. Jack les pregunte si su mamá sabe coser, ¡uy no!, que la Virgensita las ampare.

A lo mejor el desenlace no sea el fin del lector, sino de quienes le rodean. Que se le aparezca Tyler Durden dando patadas y puños a todo lo que se mueva, así sea su propio padre; luego Holden Caulfield lo convenza de manera misteriosa para acabar con sus ídolos después de una firma. Y después se arroje a la bestialidad con la compañía de Rimbaud. Y ya que cascó a su progenitor, viole a su mamita porque se pasó de copas charlando con Edipo.

¿Qué me dicen de la chica esperó toda su vida al príncipe azul? Esperar a alguien o algo ficticio es tan nocivo para la salud como conformarse con una vida mediocre. En algún rincón del planeta alguien sueña con irse de viaje a marte, creyéndose el Rey para escribir desde allí sus crónicas. Para esas cosas mejor que sea sentado, sobre un coco en una playa con la esperanza de que llegué el Viernes. Ni mucho menos espere que aparezca un pájaro parlanchín en la orilla plutoniana de la noche; y ya que hablamos del infierno, pierda la fe si quiere que Mefistófoles le ofrezca algo jugoso, o que Virgilio le guíe en el viaje.

Pilas con seguir fielmente a esos personajes y autores que cautivan. Que a ellos les haya funcionado su estilo de vida no significa que a la gente de verdad nos sirva. Que no se le estalle la nariz por oler tanto pegante queriendo dárselas de Jean-Baptiste Grenouille. Ni que le dé toxoplasmosis porque quiso un gato luego de leer Opio en las nubes, que vaina tan brava, toc, toc, toc. O ser tan burro para querer meter todo lo que Burroughs metió.

Si no se le antoja un final tan violento deje que el deceso sea natural. No obstante, si le duele mucho la pleura y Hans Castorp no cumplió con su visita por andar morboseando a otras pacientes, pida la ayuda del doctor Watson, si es que tiene tiempo. Pero eso sí, no se vuelva un hipocondríaco como Moliere ni sea la rata a la que Raymond Fosca le dio la inmortalidad.

Mejor dicho señor lector, “dime qué lees y te diré cómo terminarás”. Por lo pronto me voy a cazar leones antes de que la falta de creatividad haga que me ponga a volar unos puentes en España y mi propia cabeza de un escopetazo.

 

Un paso más allá

 

Escrito por María Paula Díaz  ||  mary_kstillo92@hotmail.com
Ilustrado por Yulith Martinez  ||  flickr.com/yulithmartinezv 

 

Corría por la selva. Se detuvo donde el suelo cambia de nombre, un paso más allá, no estará acá. Planta uno de los pies, en ése otro lado. Es invadido por música, tambores, voces y palabras incomprensibles que se le parecen a las de su hablar, solo que llevan más movimiento al sonar. No es su guabina colombiana, es una samba enloquecida que lo hace temblar. Asustado, retira su pierna, pero aturdido y deseoso, la vuelve a posar, sobre ése suelo mágico.

Entonces la tierra desprende colores hermosos, posibles e imposibles. Ellos trepan a su empeine, para pintarle un paraíso, trazan en sus gemelos la imagen de un árbol que tiñe roja su piel, el pau-brasil.

Oye a la gente, reír de la manera que él conoce. El Amazonas, preserva su mascullar. Siente al calor extenderle su abrazo y lo conmueve el olor de ése lugar, que también huele en extremo a café, naturaleza indígena, animales salvajes, dolor y alegría. Ve erigirse a un hombre blanco sobre una ciudad, así, una iglesia vigila desde lo alto a su capital. Reconoce en las calles de las favelas el suelo de las comunas. Nota en los rostros de sus habitantes que los de aquí y los de allá, son lo mismo y lo opuesto. Observa a los niños usar con destreza, un balón amarillo, azul y rojo. Mientras los que recuerda, impregnados de una pasión exacta, patean uno, con una bandera verde y amarilla que se encuentra bajo una esfera azul estrellada. El país se ha desbordado ante sus sentidos y él, ha quedado extasiado.

Ya no quedan rastros de su timidez, su alma ha quedado atrapada en medio de las diferentes similitudes y las similares diferencias que existen entre el territorio habitado desde hace tanto y el que se le acaba de meter al corazón. Lo ha fascinado con tal magnetismo el juego descubierto, que decidido, cruza entero la frontera.

O cinema nordestino

Escrito por Carolina Patiño Cuéllar  ||  caro.p.cuellar@gmail.com
Esteban Vidal Medina
Ilustrado por Andrés Católico  ||  www.andrescatolico.com 

 

Son múltiples las cercanías que hay entre Brasil y Colombia en cuanto a cultura, geografía,  historia y sociedad. El desconocimiento que existe entre ambos países es abismal: aumenta con la desinformación y la ignorancia, invadiendo el imaginario de las personas. Este texto busca instruir brevemente sobre un ingenio artístico de nuestro vecino verde-amarelo: el versátil Cinema nordestino. Una es la realidad que se ve en la pantalla grande y otra la del diario vivir. En Brasil más allá de la capoeira, del samba, del carnaval (es el samba y no la samba) y del fútbol, existe una realidad disímil regionalmente, que se matiza con el pasado y el presente de cada estado.

El cine del Noreste de Brasil O Cinema Nordestino, es de los más representativos respecto a la diversidad cultural del país. La región nordestina es desértica, de hambre y rebelión; es la tierra del olvido brasilero. Las migraciones nordestinas hacia el sudeste han sido históricas: en el sur está el imaginario de las oportunidades de trabajo y prosperidad. Los migrantes ven que la situación es igual que en su tierra, sólo que con más gente y cemento.  A pesar de este panorama, Carlos Diegues, guionista de Xica da Silva, novela histórica contestataria, critica a la colonización y esclavización de Brasil; Glauber Rocha, director de Deus e o Diabo na Terra do Sol, que refleja al campesino pobre, sin futuro y sin destino del nordeste; João Falcão director de A máquina, abreunaventana al contexto de la región; grandes exponentes del bossa–nova como Caetano Veloso y Joao Gilberto o el escritor y periodista Graciliano Ramos son de origen nordestino. El ingenio da a luz grandes personajes: cómo si la adversidad fuera arquitecta de vidas dignas de contar.

Vidas Secas

Realidad de un país en un siglo de transformaciones vertiginosas

 

Escrito por Sebastián Briceño  ||  sebast.bric@hotmail.com
Ilustrado por Andrés Católico  ||  www.andrescatolico.com 

 

Es la vida seca de la tierra y la vida seca del hombre. Es Brasil en la primera parte del siglo XX. Es una nación en potencia que hizo frente a las adversidades y sobresalió del lugar en el que se encontraba. Es la novela Vidas Secas (1938) de Graciliano Ramos. Una historia impregnada de crítica social, realidad en su máxima expresión y la más pura recreación que se hace de una familia brasilera de los años treinta que habita en el Sertão Nordestino. Es una historia que empieza y acaba con una fuga, tal como el ciclo del agua y la sequía.

Fabiano y Sinhá Vitória junto a sus hijos Hijo Mayor e Hijo Menor y la perra Baleia, que es ballena en portugués, viven llenos de incertidumbre por ese futuro inquietante y doloroso. Se encuentran en medio del Estado Novo del régimen de Getúlio Vargas, donde el café deja de ser la base de la economía, aparece la industria y se trazan las líneas del sistema económico de Brasil que conocemos hoy.

Pobreza, hambre, la impotencia de enfrentarse al paisaje y la opresión del militar amarillo y del fiscal del ayuntamiento quienes controlan y mantienen el orden, son algunos de los temas que se relatan en capítulos autónomos que se pueden leer en cualquier orden. Ramos logra mostrar los dramas y la miseria de estos personajes que luchan por sobrevivir donde al final la perra Baleia es el personaje más humano de la novela.

Baile hereje en la Amazonía

Estos carnavales emergen de una fuerte cultura popular que sincretiza los valores africanos en la preparación de la cuaresma. Antes de la ceniza todo es fiesta y se alivianan los humores para cuarenta días de redención y penitencia.