Dedos

Cajuelas

Se oyeron entonces los rugidos, los golpes, los gritos roncos y los metales que
sonaban agredidos, la angustia, los llantos, las carcajadas, el roce de las garras contra las
jaulas, las cajuelas y las cadenas, los sonidos de una jauría que todavía, aún con tal
tamaño y después de tanto tiempo, no podía saber si guardaban esperanza de la luz o
temor de la oscuridad.