muerte

Cementerio central. Una mirada a lo sacro y a lo profano

A la derecha se encuentra el reloj de arena que encierra el tiempo; Blanco de cuerpo, con la mirada hacia el suelo, siempre vigilante, un señor muy viejo con unas alas enormes (como el de García Márquez) custodia la entrada del cementerio, empuñando en su mano izquierda la oscura hoz de la muerte. Esta es la imagen que ve quien decide entrar al camposanto en donde vida se confunde con la muerte, en donde los rituales profanos son a la vez sagrados.

En Muerta Vida

Silencio. Por muchos años, después de que abandona el nido, de que es testigo de infinidad de crepúsculos, de las más altas puestas del sol, de inviernos tormentosos o de excéntricos equinoccios, el pájaro espino sólo tiene un propósito, encontrar un árbol espinoso para clavarse en él. Y el largo viaje que hace para encontrarlo está repleto de abstenciones, intensas y secretas, que prohíben proferir cualquier tipo de sonido. Sin importar las condiciones, debe obligar a su organismo a internarse en un profundo silencio. Ir en contra de su naturaleza, batallar contra su esencia y concentrarse en su objetivo sin pensar en obtener una regeneración bestial.