sáb. Dic 3rd, 2022

Mujeres haciendo arte

¿Musas, las inspiradoras divinas del arte? Por mucho tiempo ese es el papel que se les dió a las mujeres en el mundo artístico. A pesar de esto, ellas han jugado un rol fundamental en la historia del arte. Después de mucho esfuerzo, las mujeres lograron hacerse un espacio en este vasto mundo, pero lamentablemente muy pocas fueron reconocidas por su labor. Teniendo en cuenta esto, queremos mostrarles un pedacito de la historia de tres artistas latinoamericanas a las cuales admiramos y nos gustaría que ustedes también conocieran. Si ya había escuchado de ellas ¡conózcalas un poquito más! Y si nunca las había oído nombrar puede que encuentre a una nueva artista favorita.


Selva Casal:

Selva creció en Uruguay, hija del arte, la literatura y la sociedad. Se dedicó a la línea literaria de la poesía, aunque también abarcó en una buena cantidad el ensayo y las biografías, esta última en específico a otros referentes del arte.
Se crió en un ambiente intelectual, lo cual la llevó a conocer y experimentar distintos medios de conocimiento. Por ello, aparte de escritora, realizó una carrera en derecho y ciencias sociales con la cual ejerció la docencia hasta que se dio la dictadura cívico-militar uruguaya que inició en 1973, por lo tanto Selva dice: “El país del amor es tan oscuro… Dije esto tal vez porque muertos y vivos se confunden en una misma realidad, donde la locura tiene un íntimo equilibrio, donde constatamos que es falsa la muerte que nos han enseñado” (Casal,S. 2015. Entrevista con Alicia Preza).


Ha sido traducida al inglés y tiene un gran reconocimiento en Argentina y México, además ganó el reconocimiento del  Premio Morosoli por parte de la Fundación Lolita Ruibal. Además Selva muere  teniendo una serie de volúmenes bastante considerables de su obra escrita. Es una mujer que se destaca por su gran conocimiento y buena postura dentro del mundo académico y literario que abarca más de cuatro décadas de cambios en Uruguay desde el acto que la mujer se pudiera divorciar, pasando por la obtención del voto y la esclavitud y liberación militar/política de su país. 


Matilde Landeta:

La industria cinematográfica, sin lugar a duda, fue durante mucho tiempo injusta con Matilde. Comenzó su carrera en la industria a principios de los 30, justo cuando más se le necesitaba, llevando a cabo las tareas tediosas del set que otros no querían tomar: Desde el famoso puesto de “todero” fue avanzando lentamente hasta asistir a otras labores como cámara, guión y dirección.
Encontró en estas últimas dos aquello que de verdad deseaba y el motivo por el cuál se había aventurado a habitar un espacio que parecía querer escupirla, pero que ella aceptaba con gusto para alimentar su hambre de aprender el oficio. Pese a demostrar sus capacidades en la labor no se le dio la oportunidad de optar por un cargo creativo y de responsabilidad y terminó por decidir arriesgarlo todo para crear una productora donde dar rienda suelta a sus ideas.

A pesar del boicot claro de la industria contra su obra por no confiar en una mujer, Matilde fue galardonada tanto nacional como internacionalmente. Cualquiera pensaría que esto la haría ganarse el respeto de la industria, pero lo que la historia parece contar es que solo levantó un deseo aún más feroz de hacerla caer y resultó en alejarla del escenario nacional al que Matilde había aportado su vida entera. Aun con todo esto Matilde no se rindió y continuó escribiendo para la industria estadounidense.

Finalmente pudo volver y hacer una última película que cayó en el olvido; lo único que pudo poner a Matilde en el lugar histórico que le correspondía fue el tiempo y los cambios sociales que llegaron con él. Le otorgó un reconocimiento que siempre mereció, y aunque películas como La Negra Angustias y El Camino de la Vida le valieron para ser laureada con algunos premios Ariel de dirección y guión, la verdad es que el verdadero valor que Matilde aportó al cine latinoamericano fue notado demasiado tarde. Las generaciones futuras no podremos saber jamás que hubiese logrado de no haber sido truncada por sus pares, pero hoy vemos sus obras finalmente con otros ojos, encontramos en películas como Trotacalles o Lola Casanova un reflejo de la lucha histórica y estoica de la mujer, no solo en sus personajes sino en su vida misma, en su historia, una historia injusta que servirá como recordatorio de que la mujer también tiene un espacio valioso en el cine latinoamericano.


Sindy Infante Saavedra

Sindy Elefante

Quizás la mejor manera para hablar de Sindy es desde las cosas que más le gustan: los libros ilustrados y —como ella misma los llama— los dibujitos. Nos hemos imaginado la primera parte de la vida de Sindy como en la historia de Eloísa y los bichos (el libro de Jairo Buitrago y Rafael Yockteng): la vida de una niña extraña en un mundo de bichos normales.
Sindy nació una tarde de domingo de 1987 en la ciudad de Bogotá, en una familia de padres que trabajaban para empresas muy serias (empresas como las de Cigarra de Shaun Tan) y con un hermano que se convertiría en Ingeniero (con I mayúscula de Importante). Por muchos años, Sindy pensó que —tal vez— el camino de su familia también sería el suyo; “el camino del borrego”, como lo llamó en alguna entrevista.

En ese entorno, Sindy, creció y vivió sus días descubriendo que le gustaban cosas inusuales. Sentía una gran pasión por dibujar, escribir, escuchar rock-indie, bailar ritmos tropicales y jugar al fútbol. Con el pasar de los días, también descubrió algo que, en su entorno, resultaba todavía más extraño: le gustaban otras niñas. Sin embargo, eso sí lo mantuvo en secreto por mucho tiempo. A veces parecía que los demás no la comprendían, pues le encantaba ver Supercampeones con su hermano y su Power Ranger favorito era el verde, no el rosado. En su colegio también se sentía diferente y sus compañeros la molestaban por su nariz con una canción que siempre recordaría “Sindy Infante es un Elefante”.

Así, Sindy llegó hasta la universidad, en la que escogió la carrera de ingeniería y se preparó a seguir la ruta que ya había caminado su familia…Pero… algo no estaba bien.

Sindy todavía se sentía como una humana extraña en un mundo de bichos normales. Ahora, un poco mayor, pensó que tenía que empezar a cambiar algunas cosas y así llegó El trasteo. Muchas situaciones estaban pasando en la vida de Sindy. Descubrió que en realidad no le gustaba mucho la carrera que estaba estudiando. Empezó a salir con una chica (todavía a escondidas) y se estaba preguntado por ella misma ¿Quién era realmente Sindy? ¿Quién era esa humana extraña en un mundo de tanta normalidad, números y corbatas?

Con esas preguntas dio un gran salto. Empezó a estudiar artes, le contó su secreto a su familia y se mudó de casa. Con El trasteo, Sindy encontró muchos recuerdos de su vida de niña extraña en el mundo de los bichos raros, recuerdos que más tarde la ayudarían a responder las preguntas que estaba teniendo. En artes encontró a otros humanos extraños, ellos la acogieron y la ayudaron a recorrer ese camino nuevo que era tan diferente. Entre ellos apareció Diana Castellanos, su maestra y una importante ilustradora en Colombia, quien caminó junto a Sindy cuando ella empezó a escribir sobre El trasteo como trabajo de grado. Diana la acompañó como lo hicieron otras tantas personas que le presentaron a autoras como Power Paola o Marjane Satrapi. En ese momento, Sindy pensaba que el cómic era un mundo de superhéroes y eso nunca le había gustado, pero gracias a sus compañeras de camino descubrió a otras mujeres que escribían y dibujaban sobre temas importantes que a ella también le apasionaban.

Así, Sindy encontró su camino y empezó a escribir su propia historia.

En su viaje, había logrado resignificar muchos de los recuerdos de una época tan importante y dura para ella. En su memoria seguía la canción que le cantaban cuando era niña “Sindy Infante es un elfeante”, pero se dio cuenta que era cierto. No por su nariz, sino por todas las cosas lindas que tienen esos animales. Sindy empezó a sentirse identificada con ellos por su amabilidad y su creatividad y se convirtió entonces en Sindy Elefante.

Un tiempo después, El trasteo llegó a manos de Laura Navas, una importante editora, con quién revisaron la historia y la volvieron a nombrar. El trasteo se convirtió en Elefantes en el cuarto y este libro que empezaría como una forma de contestar una pregunta fundamental para la vida de Sindy se volvió un mensaje potente para muchos otros niños extraños en un mundo de bichos normales. Desde entonces Sindy ha seguido estudiando y trabajando en lo que ama, se volvió profesora de Ilustración (con I mayúscula de Importante) en su misma universidad. Se ha comprometido con causas sociales y ahora no guarda ningún secreto, pues para ella es importante reconocer y gritar al aire que es esa humana extraña en un mundo en el que han estado hablando por mucho tiempo los bichos normales.

Bibliografía:

Casal, S. (2015). [Entrevistado por A. Preza]. https://cooltivarte.com/portal/vive-la-poesia-entrevista-a-selva-casal/ 

Infante, S. (s/f). Sindy Elefante -Illustration & Comic-. https://es.sindyelefante.com 

Infante, S. (s/f-a). Sindy Infante. Liebre lunar. Talleres de arte – poéticas de la existencia. https://talleresliebrelunar.com/sindy-infante/ 

Infante, S. (2016) Elefantes en el cuarto. Cohete comics Laguna Libros. Bogotá, Colombia.

Infante, S. (2020). [Entrevistado por AltaisCómics]. https://www.altais-comics.com/2020/02/04/entrevista-a-sindy-infante-historietista-colombiana/ 

Infante, S. (2021, octubre 11). [Entrevistado por C. Leche]. https://www.youtube.com/watch?v=pXFIbp3Bndc 

Selva Casal. (s/f). Letras-Uruguay. http://letras-uruguay.espaciolatino.com/oreggioni_alberto/selva_casal.htm 

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